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Inmigrantes indocumentados

ICE insiste en deportar a Blas Orantes, un abuelo que corre el riesgo de morir si viaja en un avión

Un anciano centroamericano libró temporalmente el retorno a su país por su frágil condición médica, pero las autoridades migratorias no quitan el dedo del renglón y volverán a tratar de deportarlo el 25 de marzo. Este hombre terminó con la columna lastimada después de que le cayó una yegua encima.
11 Mar 2019 – 7:20 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.- Blas Orantes, un abuelo guatemalteco de 71 años, regresó este lunes a la oficina del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en Camarillo, al norte de Los Ángeles. Ha ido varias veces a esa instalación desde diciembre y esta vez -como todas las anteriores- le pidieron que llegara listo para lo peor: que llevara consigo una maleta con ropa y su pasaporte para devolverlo a su país.

Orantes llegó puntual a la cita, pero solo presentó una identificación y la carta del médico advirtiendo que sería fatal ponerlo en un vuelo de seis horas que lo regrese a Centroamérica. “Le dije al oficial: ‘si me metes a la cárcel me voy a morir y si me mandan en avión me puede dar un paro cardiaco y ahí quedé’. Él me respondió: ‘eso es lo que no queremos”, comentó el anciano al salir de su enésima cita con ICE.

A pesar de la delicada salud de este guatemalteco, debido a una fractura de columna por una yegua que le cayó encima hace siete años, la dependencia lo quiere expulsar de EEUU a como dé lugar. Él tendrá otra cita el 25 de marzo y le insisten que lleve su pasaporte para culminar el proceso.

Lori Halley, portavoz de ICE en Los Ángeles, explicó que al centroamericano se le acabaron las opciones legales para quedarse en este país, después de que apeló sin éxito la decisión de un juez de inmigración que en 2009 le ordenó su retorno voluntario.

“En 2015, el señor Orantes-Herrera solicitó una suspensión de deportación, que fue otorgada por ICE, y se renovó tres veces más por razones humanitarias. Su última suspensión ha sido vencida y permanece bajo una orden de supervisión sujeta a deportación”, indicó la vocera a través de un comunicado que no hace referencias sobre la frágil salud del guatemalteco.

La familia de este hombre cree que tanta incertidumbre ha minado su salud. “Él está muy mal, muy deprimido, tiene mucho dolor, alta presión, pulso bajo, siento que si lo deportan no va a resistir”, dice Raúl Orante, el tercero de sus seis hijos. “Lo mejor es que lo dejen aquí con la familia, que no lo molesten, que lo dejen vivir tranquilo, sin presión, porque eso le afecta más”, agrega.

A decir de Orantes, estar en la lista negra de ICE lo tiene intranquilo de día y de noche. “Es como estar casi en un presidio. Todo el tiempo estoy muy mal. El dolor donde tengo la cirugía no se me quita y con el frío es peor”, dice en una entrevista con Univision Noticias.


Sacarlo es una “sentencia de muerte”

En 1990 este guatemalteco emigró a EEUU para darle una mejor vida a sus hijos. Los primeros dos años se ganó la vida como agricultor de tabaco, camote (batata) y pepino en Carolina del Norte y del Sur. Regresó a Guatemala y cinco meses después vino a California. En 1992 obtuvo un permiso de trabajo.

Su vida dio un giro en 1998, cuando un compañero de trabajo lo llevó por equivocación a Tijuana, México. Se perdieron al salir del establo en San Diego donde trabajaban. Unos días después fue detenido por agentes de la Patrulla Fronteriza en el área de Tecate, California, y lo deportaron.

Intentó nuevamente reunificarse con los suyos en Los Ángeles y volvió a quedar bajo custodia. Su error fue haber ignorado una cita en una corte de inmigración después de que lo liberaron esa vez. Por dicho desacato, un juez federal emitió una orden de deportación en su contra.

Mientras continuaba su vida en California, Orantes quedó discapacitado cuando una yegua que cuidaba cayó sobre él. Siguió trabajando un tiempo con la ayuda de analgésicos, hasta que una resonancia magnética confirmó que su columna estaba severamente lastimada y lo operaron.

Ahora camina apoyado por un bastón y, según él, las dolencias son cada vez peores. Una recomendación médica dice que no puede viajar más de una hora en auto y le prohíbe montarse a un avión.

“Si ICE lo deporta a Guatemala equivaldría a una sentencia de muerte por salud delicada y que (incluso) empeora”, advirtió su abogado Eric Price. “En este momento, sería inapropiado deportar al señor Blas porque no representa un riesgo para la comunidad y en su lugar devastaría a su familia que vive legalmente en Estados Unidos”, agregó.

Mientras el gobierno guatemalteco se ha sumado a su defensa legal, este abuelo implora que le den otra oportunidad porque en Centroamérica no tiene a nadie que lo cuide. “Ya les dije que me hagan el favor de dejarme en este país, que aquí no causo ningún problema”, expresó.

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