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Inmigrantes indocumentados

Exigen pruebas de covid-19 y pasaporte: autoridades devuelven a personas del grupo de hondureños que salió rumbo a EEUU

Fuerzas de seguridad hondureñas, apostadas en la carretera pocos kilómetros antes de la frontera con Guatemala, exigieron a los migrantes su pasaporte o célula de identidad y una prueba de covid-19 negativa. Al que no tenía los documentos, no le permitieron avanzar.
11 Dic 2020 – 03:06 AM EST
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Las esperanzas de un grupo de migrantes hondureños que salió este miércoles con la intención de llegar a Estados Unidos se vieron frustradas muy pronto por las autoridades, que lo frenó antes de alcanzar la frontera con Guatemala para exigirles documentos y pruebas de covid-19.

Cerca de 200 personas integran este grupo que empezó su caminata la noche del miércoles, saliendo desde de San Pedro Sula, en el norte del país, una de las zonas más devastadas por los últimos huracanes, Eta e Iota. La mayoría lo perdieron todo: familiares, casas y pertenencias.

El grupo se formó justo una semana después de que el gobierno hondureño visitara Washington para pedir ayuda ante las graves inundaciones, mientras organizaciones humanitarias alertan de los riesgos de nuevas oleadas migratorias.

Fuerzas de seguridad hondureñas, apostadas en la carretera pocos kilómetros antes de Agua Caliente, frontera con Guatemala, exigieron a los migrantes su pasaporte o célula de identidad y una prueba de covid-19 negativa. Al que no tenía los documentos, no le dejaban avanzar.

“¿A qué vamos a regresar allá atrás?”, preguntaba el jueves por la tarde a los agentes Angela Castellano, una hondureña que viajaba con su bebé y su marido, recién despedido de la finca bananera de donde trabajaba.

“Perdí todo, pasaporte de mi niño, su ropa, todo, no es justo lo que nos hacen”, agregó llorando la mujer, una de las muchas afectadas por las recientes tormentas. “¿Cómo le digo a mi hijo: 'no tengo casa, no tengo comida para darte'? El niño solo llora por leche”.

Entre 150 y 200 personas esperaban sentados el jueves por la tarde en la carretera con la intención de seguir camino hacia el norte.

“A ver qué pasa”

Desde octubre, a la pobreza, la violencia y los efectos de la pandemia se sumó el impacto de los huracanes Eta e Iota que, según organizaciones internacionales, afectaron a más de cuatro millones de centroamericanos, tres millones de ellos hondureños.

“No hay nada, mi hermano, todo perdimos”, lamentaba José Samuel Reyes, vecino de San Pedro citado por AP, el miércoles por la noche mientras caminaba a oscuras con varios centenares de compatriotas, incluidas mujeres y niños.

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Muchas caras reflejaban la desesperación. “Vamos aquí con lo que nos dejó el huracán solamente”, comentó Edgardo Calderón, de Lima, en el departamento de Cortés, quien después de perder todo decidió irse con parte de su familia y aventurarse "a ver qué pasa".

Yey Rivera, de 24 años, afirma que después de que la tormenta destruyó su casa y la ayuda del Gobierno nunca llegó, decidió unirse al grupo.

Estaba viviendo debajo de un puente en casitas de nylon”, dijo Rivera, citada por Reuters.

“Lo que más me duele es dejar a mi mamá sola ahí en la calle, en ese puente”, agregó. “Tengo que ser fuerte para ayudar a mi mami”.

"Vamos a luchar"

Una de las regiones más afectadas fue el Valle de Sula, una zona industrial y agrícola donde se produce prácticamente el 45% de los ingresos del país. El valle tuvo pérdidas masivas de cultivos, lo que ha hecho que varias organizaciones no gubernamentales hayan empezado a temer una escasez de alimentos. Y al quedar muchas empresas dañadas, también se espera una oleada de despidos.

La semana pasada el presidente Juan Orlando Hernández y su canciller, Lisandro Rosales, viajaron a Estados Unidos con el fin de pedir ayuda para enfrentar los efectos de los huracanes en Honduras.

“Estamos buscando los mecanismos para una reconstrucción social y económica sostenible, para que evitemos esa migración que muchas veces pone en riesgo a las personas que lo hacen”, indicó el canciller Rosales después de reunirse con altos funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos y mantener encuentros con distintas instituciones multilaterales.


El último intento de migrar en grupo fue en octubre, pero la movilización fue disuelta por las fuerzas de seguridad guatemaltecas.

Las posibilidades de llegar a Estados Unidos o incluso a México son escasas debido a las restricciones de movilidad por la pandemia y al reforzamiento de los controles migratorios que se pusieron en marcha desde 2019 tanto en México como en Guatemala y Honduras por la presión de Trump. Pero los migrantes no desisten.

“Vamos a ver si mejoramos, a trabajar vamos, a luchar”, afirmó el hondureño José Reyes.

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