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Inmigrantes indocumentados

Ayudar a la creciente ola de migrantes que cruzan en medio de una pandemia: el reto de organizaciones en la frontera

Las ONG en la frontera están recibiendo a los inmigrantes liberados por la Patrulla Fronteriza, les hacen la prueba del coronavirus y los albergan hasta que puedan viajar para ir con sus familiares. El proceso se ha complicado con el número creciente de personas llegando y se agotan los recursos.
19 Mar 2021 – 11:00 AM EDT
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En los últimos meses de 2020, el Holding Institute de Laredo, en Texas, albergó cada semana a un promedio de dos o tres inmigrantes que cruzaban la frontera. A veces eran menos. Pero cuando el demócrata Joe Biden asumió la Presidencia, el número aumentó: cada semana 20 personas aparecían en sus puertas buscando refugio. En febrero, los arrestos en la frontera repuntaron a un número que no se había visto en ese mes al menos en los últimos tres años de gobierno de Donald Trump. Y ese mismo flujo creciente lo sintieron las organizaciones de la zona. Solo este miércoles, en Holding había 35 migrantes en busca de ayuda.

"Atender estos números es difícil por el tema de salud. La Patrulla Fronteriza no les está haciendo el examen de covid-19 y eso nos cae a nosotros, a las ONGs y a los albergues", dice el reverendo Mike Smith, que tiene seis años al frente de este espacio que recibe a familias migrantes y a personas en situación de calle.

Más al noroeste de Texas, en la frontera por Del Río, está el albergue de Caridades Católicas. Su directora ejecutiva, la hermana Norma Pimentel, asegura que durante los meses posteriores a la declaración de emergencia por la pandemia en Estados Unidos, escasamente llegaban a sus puertas dos o tres familias diarias. Ahora son entre 300 y 600 personas al día y todos los días. Allí también están realizando la prueba de descarte a cada persona como una condición para poder ingresar.

Ambas organizaciones admiten que en la frontera está comenzando a gestarse un problema: la pandemia ha cambiado la operación y ha mermado su capacidad de respuesta y la ayuda de voluntarios. Sin embargo, no es la primera vez que enfrentan una oleada de migrantes. La última vez que tuvieron que atenderla fue en 2019, cuando las familias centroamericanas llegaban en caravanas con la idea de pedir asilo en Estados Unidos. Muchos fueron frenados en México, pero los encontronazos con militares que intentaron disuadirlos de cruzar en distintos puntos no desalentaron a todos.


Según cifras de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), en ese año fiscal, el 2019, hubo 977,509 arrestos de migrantes en la frontera. Solo de febrero a marzo de ese año, el salto en los números fue de 76,545 a 103,731 personas arrestadas. Las estadísticas solo comenzaron a bajar cuando en junio Estados Unidos amenazó con imponer aranceles al comercio procedente de México si el gobierno de ese país no tomaba medidas para frenar la migración. Tres días de intensas negociaciones los hicieron llegar a un acuerdo sin castigos.

Aunque en febrero de este año el número de arrestos repuntó hasta más de 100,000, Smith asegura que aún no ve una crisis en la frontera, como han reclamado los republicanos. "Existe un problema", admite. Cuenta que están cansados, que en las últimas semanas han dormido poco atendiendo a los migrantes: "Me guardaré la palabra crisis para cuando sí pegue fuerte. Me la estoy guardando a ver qué pasa en unos días".

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El representante por Texas Henry Cuellar es de quienes cree que en la frontera no se vive una crisis nacional: "Es una crisis localizada para las comunidades fronterizas a las que se les ha encomendado la tarea de brindar ayuda humanitaria a estos migrantes", dice a Univision Noticias. Y el desafío, asegura, se intensificará con los meses, con la llegada de abril, mayo y junio, cuando históricamente escalan los cruces. "Es fundamental que el gobierno federal, estatal y local trabajen junto con nuestras ONG locales para proporcionar recursos de emergencia".

Sin personal y con espacio limitado

En el Holding Institute hay muchos problemas que resolver. La pandemia es la principal culpable de casi todos y el que más dificulta el trabajo de las organizaciones.

Por ejemplo: para mantener el distanciamiento social, la capacidad en camas se redujo a la mitad. Ahora solo cuentan con 65. Y el voluntariado se ha reducido en 75%. En un mes cualquiera de 2019 —e incluso en el 2020 antes del coronavirus— podían tener hasta 100 personas dando la mano; ahora, si llegan 20 es una suerte.

Y cuando un migrante da positivo al covid-19 también se complican las cosas, pues el edificio de esta organización solo tiene un piso en el que puede albergarlos y, por ahora, aceptan a todo el que llega. Smith cuenta que lograron que el gobierno municipal les habilitara una carpa en la que, por ahora, están aislando a los infectados por el coronavirus. Pero no es esa la única enfermedad por la que han tenido que recurrir a las cuarentenas para evitar brotes.

El martes por la noche un grupo llegó con varicela, una enfermedad altamente contagiosa de persona a persona: "Tuvimos que sacar a la gente de un cuarto y combinamos otras habitaciones para poder tener a estos apartados. No es la solución perfecta pero es todo lo que tenemos".

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El reverendo asegura que, además, los recursos económicos para atender esta nueva oleada son limitados. Algunos de los grupos que llegan, pueden dejar rápido el albergue al conseguir cómo transportarse hasta donde viven sus familiares en Estados Unidos, pero otros quedan allí por días. Smith considera que necesitarán la ayuda del gobierno estatal y federal para afrontar lo que puede estar por venir. "La situación está difícil. Podemos esperar por la ayuda, pero no tanto. Si no nos apoyan, cerraremos. No hay más", lamenta.

En Caridades Católicas la situación también es difícil por el número de migrantes y sus múltiples demandas, que van desde darles agua hasta conectarlos con sus familiares hasta ayudarlos a obtener el pasaje de autobús o de avión para que puedan marcharse. Es menos grave en términos de recursos económicos, que siguen fluyendo desde la comunidad. Tienen menos voluntarios, como todos, lo que hace la atención más crítica. Pero el movimiento de familias migrantes es más rápido: la mayoría se va en horas y quienes resultan positivos en la prueba de covid-19 son enviados a hoteles de la zona para hacer la cuarentena.

"Nosotros siempre seguimos adelante con la capacidad que tenemos", dice la hermana Pimentel, que cuenta que las organizaciones que atienden a migrantes en la frontera han tenido reuniones virtuales para analizar la situación en caliente y evaluar la capacidad de respuesta. "Cada quien hace lo que puede".

Una solución

A pesar de la ayuda por la que claman algunas ONG, este miércoles el gobernador de Texas, Greg Abbott, dijo —desde un albergue temporal que fue habilitado en Dallas para menores no acompañados— que el estado no debería pagar por lo que ocurre en la frontera. Aseguró que esa responsabilidad es del gobierno federal. "Ellos no estaban para nada preparados para esto". recriminó.

Sin embargo, Cuellar explica que existen formas de brindas ayudas de emergencia. "En 2019, el Congreso aprobó el Proyecto de Ley de Asignaciones Suplementarias de Emergencia Fronteriza del año fiscal 2019, asignando 30,000,000 de dólares a través del Programa de Refugio y Alimentos de Emergencia (ESFP) para reembolsar directamente a nuestros gobiernos locales y organizaciones sin fines de lucro que habían cubierto la carga de los migrantes que cruzaban la frontera", explica. El propósito de ese programa, asegura, es complementar y expandir el trabajo de las organizaciones locales de servicios sociales, tanto gubernamentales como sin fines de lucro, para que puedan brindar refugio, alimentos y servicios de apoyo a las personas y familias con emergencias económicas.

La hermana Pimentel, que ha vivido varias oleadas, es de quienes piensa que "lo que está ocurriendo siempre ha pasado, en diferentes tiempos". La politización del tema es lo que más teme: "Sí se puede convertir en una crisis si no hay cooperación (...) En vez de apuntar el dedo al otro y hacerlo un tema político deben buscar una solución, no deben usarlo para destruir al otro partido político". Para Smith, si no se da la mano a las comunidades locales en la frontera, la respuesta de las organzaciones "no será sostenible a largo plazo".

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