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Un hombre, tres desalojos: cómo los pobres están siendo desplazados en Brasil

En su vida, Altair Guimarães ha debido dejar su barrio tres veces a la fuerza. Su historia es un ejemplo de cómo los más pobres tienen menos recursos para oponerse a grandes proyectos.
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27 Jul 2017 – 11:06 AM EDT
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1.6 millones de brasileros fueron obligados a dejar sus hogares entre 2009 y 2016, de acuerdo a estimaciones del Instituto Igarapé, uno de los centros de estudios más prestigiosos de Brasil. Esa cifra es equivalente a la población completa de la ciudad de Filadelfia.

En Río de Janeiro, esa realidad cobró reputación mundial antes y durante los Juegos Olímpicos de 2016. En esa ocasión alrededor de 60,000 personas debieron dejar sus hogares para dar paso a distintas obras de infraestructura, desde la remodelación de caminos hasta la misma Villa Olímpica. Pero lo sucedido para los Juegos es solo una expresión de algo que parece costumbre en el país brasilero.

Altair Guimarães vivía justamente en la zona donde se construyó este último recinto y su testimonio muestra lo difícil que es para alguien de escasos recursos conservar su hogar y resistirse a las fuerzas del desarrollo. Porque Guimarães no ha sido desalojado una sola vez, sino en tres ocasiones durante su vida (mira el video arriba para conocerlo y escuchar su historia).

La primera vez fue cuando lo echaron de la comunidad de Ilha Dos Caiçaras, cuando tenía 14 años. Esa era una zona idílica cerca de una laguna y un exclusivo club. “Las lágrimas caían de mismo ojos”, recuerda Guimarães en conversaciones con Reuters. “Estaba dejando el lugar que yo conocía y amaba para ir a vivir a un lugar que ni siquiera había visitado”.


El brasilero y su familia eran parte de los miles de personas que vivían en asentamientos informales. Solo en Río de Janeiro se calcula que, en la actualidad, una cuarta parte de la población está en esa situación, debido a la falta de posibilidades de vivienda para los más pobres.

Luego de eso, Guimarães viviría en la famosa favela de Ciudad de Dios, donde experimentó el aislamiento de la ciudad, la falta de infraestructura y la violencia de las pandillas. Pero, en 1990, sería forzado a dejar ese hogar: Rio de Janeiro quería construir una autopista donde él vivía.

“Si analizas el proceso de desalojo de Río, hay periodos donde los más pobres son expulsados y la gente es desalojada”, explica el profesor Orlando Santos Junior, de la Universidad Federal de Río de Janeiro. “También hay periodos de aceptación, en los cuales la ocupación informal de áreas por los más pobres fue tolerada”.

Desde Ciudad de Dios, Guimarães pasaría a vivir a la Vila Autódromo. Pero años después, Río sería escogida para ser sede de los Juegos Olímpicos y el hombre debería enfrentar un nuevo desalojo: su vecindario estaba donde se esperaba construir el Parque Olímpico. A pesar de sus luchas y la de sus vecinos, la mayoría fueron obligados a salir.

En esta ocasión, los habitantes de Vila Autódromo recibieron publicitadas compensaciones en dinero, pero esa no es necesariamente la situación general de los brasileños que caen víctima de este problema. Además de muchas veces ser llevados a zonas muy lejanas de los centros urbanos, los desplazados pierden sus conexiones humanas e incluso sus empleos. “Tu pierdes tu historia, tu conexión con los vecinos”, dice Guimarães, quien hoy sigue luchando contra el desplazamiento de los más pobres de Río, asesorándolos en su trabajo para evitar desalojos.

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