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Lula da Silva, más cerca de la cárcel y más lejos de la presidencia

Después de que su condena fuera ratificada por un tribunal, el expresidente brasileño se enfrenta a dos escenarios poco esperanzadores a sus 73 años: podría entrar en la cárcel para cumplir una pena de 12 años y un mes y ver cómo se le escapa de las manos la oportunidad de recuperar la presidencia del país.
25 Ene 2018 – 5:24 PM EST

SAO PAULO, Brasil.- El llamado presidente de los pobres, el sindicalista que puso a Brasil dentro del mapa mundial sufrió esta semana el mayor revés de su historia política. Luiz Inácio 'Lula' da Silva fue condenado en segunda instancia por el Tribunal Regional Federal de la 4ª Región (TRF4) de Porto Alegre a 12 años y un mes de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero.

La rotundidad de la sentencia hace prácticamente imposible la participación del líder del Partido de los Trabajadores (PT) en las elecciones de octubre de 2018, pese a que las encuestas le dan como el favorito de los brasileños. La de este miércoles es una condena histórica que pone en jaque a una de las figuras más importantes de la política brasileña y deja un escenario electoral lleno de incertezas y hiere de muerte al PT, a día de hoy la única sigla de izquierda con capacidad de gobernar en Brasil.


En estos momentos el expresidente “más popular del planeta”, que decía Barak Obama, se enfrenta a dos caminos inciertos y poco esperanzadores. Por un lado la posibilidad de que a sus 73 años tenga que entrar en la cárcel para cumplir una pena de 12 años y un mes en régimen cerrado. Y por el otro, que pueda ver cómo se le escapa de las manos la oportunidad de recuperar la presidencia del país y cambiar el rumbo de las políticas neoliberales del actual gobierno Temer.

Por el momento no hay fechas para que el líder petista sea trasladado a prisión. Para cumplir la condena impuesta por los jueces de Porto Alegre, primero los abogados de la defensa tienen que agotar todos los recursos que se refieren al TRF4. En este caso, serían embargos de declaración que no podrían revertir la pena sino que servirían para aclarar puntos de la argumentación de la acusación. Pero sobre todo esos embargos significarían tiempo, el bien más preciado para Lula da Silva en estos momentos.

Algunos juristas calculan que entre los meses de abril y mayo los recursos del TRF4 ya podrían ser contestados. Teóricamente a partir de ese momento los magistrados pueden ordenar la entrada en prisión del petista. Pero la defensa podría pedir una medida cautelar primero en el Superior Tribunal de Justicia (STJ) y luego en el Superior Tribunal Federal (STF), que le daría a Lula además de tiempo un posible habeas corpus que le permitiera seguir en libertad hasta agotar los recursos en los tribunales superiores.

El escenario electoral más abierto desde la redemocratización del país

No se recuerda en Brasil un escenario electoral tan incierto como el que enfrentará el país en octubre de este año. La condena de Lula tan solo ha provocado más incertidumbres. El expresidente es hasta el momento el candidato favorito de las encuestas y según el politólogo de la UnB, André Borges, su probable salida de la carrera presidencial “puede abrir paso a outsiders que a última hora entren en la batalla presidencial y consigan canalizar la frustración de los brasileños”.


Mientras tanto, su partido no ve otro candidato distinto a Lula. Un día después de darse a conocer la condena, el exmandatario presentó su precandidatura en la sede nacional de la Central Única de Trabajadores (CUT) de Sao Paulo. Si su defensa apela a los tribunales superiores, algo que se da por hecho porque le daría tiempo hasta que llegara un nuevo fallo, el expresidente puede seguir con su campaña electoral e inscribirse como candidato el 15 de agosto a la espera de una sentencia del STF. Pero a partir de esa fecha, el Tribunal Superior Electoral (TSE) se encargaría del caso, y este jueves advirtieron que, con una condena por unanimidad en segunda instancia, sólo les queda "la opción de eliminar la candidatura”. En ese caso, Lula todavía podría recurrir a los tribunales superiores por su derecho a disputar la Presidencia y el escenario electoral quedaría abierto hasta la espera de un fallo definitivo.

No obstante, fuentes del PT reconocen “estar tocadas” pero aseguran que no quieren pensar en un Plan B porque entienden esta condena como “un atentado a la democracia y al Poder Judicial”. En el discurso de su precandidatura, Lula fue claro: “Me importa mucho el futuro de este país y al condenarme quieren acabar con una forma de gobernar que nos caracteriza que es la de incluir a los pobres en nuestra política económica (…) Me presento de nuevo para defender a los millones de trabajadores que apenas viven con un salario mínimo al mes”.

Aunque de cara a la galería no dan al brazo a torcer e insisten en Lula como única posibilidad, la ejecutiva del PT de puertas adentro reconoce que empieza a barajar otros nombres. Una parte del partido, en la que se incluye el propio Lula, cree que el expresidente puede mantenerse como favorito hasta las últimas semanas de la campaña y después escoger a un sustituto y solicitar a los votantes que transfieran sus votos al candidato petista de última hora.

Uno de los nombres que más suena es el del ex alcalde de Sao Paulo y exministro de Educación, Fernando Haddad, con un perfil más intelectual y querido por la clase media. La otra opción sería uno de los pesos pesados del partido, el exgobernador de Bahía, Jacques Wagner, con un talante más parecido al de Lula.

División y cansancio en las calles

En un mismo quiosco de la Avenida Paulista de Sao Paulo se puede palpar el sentir dividido de los brasileños y también el sentimiento general de cansancio que los une. Si le preguntamos a Silvio Prandini, dueño del establecimiento desde hace veintidós años, “Lula tiene que ir a la cárcel y aceptar que lo ha hecho mal”. Este señor que se acerca a los setenta dice: “No soporto más tanta manifestación, la justicia es la que es para todos y además cualquiera que nos gobierne va a ser un ladrón, pero si roban que vayan a la cárcel”.

Maria da Conceiçao Oliveira (34) trabaja al lado de Silvio y se indigna al escucharle: “Si todos fueran a la carcel… Pero es que sólo llevan a Lula que es el único que se ha preocupado por nosotros”, dice en tono de enfado. Esta mujer que tiene que alimentar a cuatro hijos y vive a dos horas de su trabajo dice que no le importa si el expresidente es culpable o no, porque tiene claro que es “el único que nos puede ayudar”.

Marcos Teixeira (25) es estudiante de Derecho y dice que ha seguido todos los detalles del caso: “Todavía no soy especialista pero tengo claro de que se trata de un juicio político porque las pruebas contra Lula son mínimas, lo que pasa es que un tipo muy incómodo”. No tiene idea de a quién votará en octubre, pero Lula nunca estuvo entre sus favoritos: “Todos los políticos que tenemos son corruptos, hay gente que cree que con Lula en la cárcel les estamos dando una lección, pero en realidad son corruptos encarcelando a corruptos”.

Los movimientos sociales como el Movimiento Sin Tierra (MST), el Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) o el Frente Popular sin Miedo son por ahora los únicos aliados del petista además de los militantes y sindicalistas de su partido. Son los que salen a la calle a protestar y también los que han anunciado movilizaciones todos los meses hasta que se llegue a la fecha de los comicios: “Elecciones sin Lula son un fraude” es el eslogan.

Los movimientos contrarios al expresidente como Movimiento Brasil Libre (MBL), Vem Para Rua o Revoltados Online festejaron la condena en la Avenida Paulista pero hicieron menos ruido del esperado. Sea por las vacaciones de verano, por los ensayos de carnaval, o por el cansancio de más de dos años de un país gobernado por políticos inmersos en escándalos de corrupción, la condena más polémica del año no ha sacado a los brasileños de sus casas.

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