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Lucha de Alvarados: dos candidatos con un mismo apellido e ideas opuestas se disputan la presidencia de Costa Rica

Los costarricenses decidirán este domingo entre Fabricio Alvarado, un predicador evangélico que se compromete a llevar los “valores cristianos” a la política y Carlos Alvarado, un periodista que defiende la inclusividad ante “la amenaza populista fundamentalista” que achacan a su contrincante.
31 Mar 2018 – 10:45 AM EDT
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Tanto Fabricio Alvarado (izquierda en la foto) como Carlos Alvarado pasaron a la segunda vuelta tras superar a los candidatos de los partidos que tradicionalmente se habían alternado en el poder. Crédito: EFE

SAN JOSÉ, Costa Rica.- Con sentimientos mezclados de angustia, agotamiento y fricciones entre conservadores y progresistas, Costa Rica se dispone a finalizar la competencia disputada entre el predicador evangélico y opositor Fabricio Alvarado (Partido Restauración Nacional, PRN) y el progresista Carlos Alvarado, representante del Partido Acción Ciudadana (PAC).

Más de tres millones de costarricenses están llamados a las urnas este domingo para elegir al presidente del período 2018 y 2022 que dirigirá a esta democracia en plena transformación, con una crisis fiscal y una polarización de corte religioso.

En la primera ronda, el pasado 4 de febrero, entre los dos candidatos no alcanzaron ni una cuarta parte del padrón, pero consiguieron derrotar a los partidos históricos. Ahora, la carta de “unidad nacional” es la principal apuesta de los dos candidatos que, pese a presentarse con ideas opuestas, comparten el mismo apellido (Alvarado), la misma profesión (periodismo) y representan a una nueva generación política.


Las diferencias entre ellos, sin embargo, son evidentes. Fabricio, de 43 años, es el rostro de un movimiento de base evangélica que lleva “valores cristianos” a la política y que se ofrece como un hombre del pueblo. Se admite sin atestados académicos ni experiencia más allá de sus 4 años de diputado, pero “con las manos limpias” de corrupción y con la apertura para hacerse rodear de figuras que compensen las carencias de programa de gobierno.

Carlos, de 38 años, es graduado en Desarrollo en Inglaterra y proviene del gobierno saliente de Luis Guillermo Solís, cuestionado por incumplir sus promesas del 2014 y por un caso de corrupción sobre un negocio de cemento que tocó a casi todos los partidos y al Poder Judicial. Concluye su campaña como punto de unión de distintas fuerzas que, aunque en lo ideológico, defienden las instituciones tradicionales y la inclusividad ante “la amenaza populista fundamentalista” que achacan a Fabricio Alvarado.

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Para esta segunda ronda, ambos candidatos han atraído a dirigentes de todo nivel de los partidos históricos, Liberación Nacional (PLN) y Unidad Social Cristiana (PUSC). El candidato del PRN tiene a su favor el trabajo en el terreno de cientos de iglesias evangélicas seguidas por el 22% de la población. El del PAC recibe el apoyo adicional de un movimiento ciudadano llamado “Coalición Costa Rica” nacido en redes sociales, aunque algunos dudan de su eficacia.

"Mucho más que una elección entre iglesias y universidades"

“A veces ponen como que esto es elegir entre las iglesias y las universidades, pero en medio hay mucho más”, reflexionaba Lucía Gómez, una estudiante de negocios de una universidad privada, mientras participaba en una procesión católica de la Semana Santa.

“Una lo que quiere es no perder lo bueno de vivir en Costa Rica, lo que nos envidian, aunque es caro y la seguridad no es como antes. También hay que lograr avances en cosas que se han estancado, como la infraestructura o eso del hueco entre los impuestos y los gastos del gobierno (el déficit fiscal llegaría a 7% al cierre del 2018). Lo de la religión no debería importar y que cada uno crea en lo que quiera”, afirma.

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Sobre los resultados, nadie hace apuestas altas. Las encuestas de la Universidad de Costa Rica (UCR, estatal) indicaron que hubo “empates técnicos” en los tres estudios hechos desde la primera ronda. Otra encuestadora privada ha marcado ventaja para el PRN, pero se abstuvo de publicar su última medición, este martes, en medio de cuestionamientos. Los comandos de campaña intentaban el viernes depurar los preparativos en este cierre de Semana Santa conscientes de que cada voto puede marcar la diferencia.

“La campaña acaba con tanta incertidumbre como ha habido desde octubre (cuando inicó de manera formal). La última encuesta decía que 10 días antes de la 2ª ronda había 15% de indecisos, pero uno quisiera poder tener un termómetro más detallado para ir captando lo que ha pasado en la última semana y cuánto ha pesado distintos elementos”, dijo Ronald Alfaro-Redondo, investigador del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la UCR.


Esos elementos podrían ser las motivaciones para votar de la mayoría católica, los mensajes finales, la presentación de un cuestionado plan de gobierno del PRN a solo cuatro días de la elección o la coincidencia entre la segunda vuelta electoral y la Semana Santa.

En esta semana, se ha reducido la cobertura en medios de comunicación y miles de costarricenses fueron de viaje por vacaciones o descanso (uno de cada cuatro, según la encuesta de la UCR). Esto podría afectar la participación, temía el presidente del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), Luis Antonio Sobrado, aunque advirtió como natural un mayor abstencionismo que el registrado el 4 de febrero (34.3%).

El PRN y el PAC se disputan la presidencia sabiéndose en minoría legislativa para el cuatrienio que empieza en mayo, pues de 57 curules existentes, el primero logró 14 y el segundo, 10. La bancada más grande la tendrá el PLN y el PUSC tendrá nueve escaños, además de tres fuerzas minoritarias. De nuevo está en juego la capacidad del gobierno de lograr acuerdos con otras agrupaciones y con sus distintos líderes, ahora que, como coinciden los analistas, la figura de los partidos políticos ha quedado debilitada.


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