Alvarado vs. Alvarado: dos periodistas enfrentados por su posición respecto al matrimonio igualitario se disputarán la presidencia de Costa Rica

Pese a compartir apellido y profesión (ambos son periodistas), los dos candidatos más votados de las elecciones de este domingo en Costa Rica, Fabricio y Carlos Alvarado, representan cosas muy distintas en el paisaje político revolucionado en Costa Rica.
5 Feb 2018 – 3:53 PM EST

SAN JOSÉ.- La atolondrada campaña electoral de Costa Rica deparó este domingo un resultado que tiene con dolor de cabeza a electores, políticos y analistas: el triunfo en primera ronda de dos candidatos a quienes las encuestas acreditaban a principios de este 2018 una intención de voto inferior al 5%. Costa Rica acudirá a un balotaje por tercera vez en su historia el próximo 1º de abril.

El primero es predicador evangélico y lleva la bandera de posiciones cristianas más o menos extremas desde un partido que nunca ha tenido más de un escaño parlamentario, Restauración Nacional. Mientras, el segundo representa una corriente más progresista desde una agrupación política (Partido Acción Ciudadana, PAC) fundado en el año 2000 y que ya, con la posibilidad de repetir en Gobierno, entra en la categoría de “agrupación tradicional”.


Ambos candidatos superaron en votos, con 25% y 21% respectivamente, a Antonio Álvarez Desanti (candidato del Partidido Liberación Nacional) y Rodolfo Piza (del Partido Unidad Social Cristiana, PUSC), representantes de las dos agrupaciones que se alternaron el poder por décadas y que ahora, por primera vez, quedan excluidas de la disputa por la Presidencia de la República.

También ha quedado fuera Juan Diego Castro, el candidato de retórica populista al que un sector comparaba con Donald Trump por su carácter mediático y discurso incendiario contra la clase política tradicional, en el contexto de escepticismo popular con los partidos de todo tipo.

El resultado de esta primera ronda muestra una abstención del 33.8%, la segunda más alta de este siglo y un paisaje de recomposición profunda del terreno político, además de la enorme influencia que en esta campaña tuvo el factor religioso.

Fabricio Alvarado y su campaña a favor de la familia tradicional

Un elemento que con seguridad seguirá siendo relevante en los meses que restan para llegar a la segunda vuelta, a juzgar por el mensaje de Fabricio Alvarado al conocerse que superó en respaldo a todos, este domingo por la noche: “¡Nunca más se metan con la familia! ¡Nunca más se metan con nuestros hijos!”, leyó en tono desafiante este exreportero de noticias de crimen en televisión, cantante de música cristiana, un hábil manejador de los micrófonos y los escenarios.


La chispa de combustión religiosa apunta al fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del 9 de enero, que obliga a establecer el matrimonio entre parejas del mismo sexo, y que inflamó la “defensa de la familia” en la población de fuerte tradición cristiana.

Alvarado, representante de grupos evangélicos minoritarios aliados en años recientes a las cúpulas de la mayoría católica, se posicionó como el vocero del rechazo a ese pronunciamiento de la Corte y a mitad de enero se colocó en zona de acceso a la segunda ronda.

Carlos Alvarado, la única opción progresista con posibilidades de triunfo

Otros candidatos también ajustaron su discurso profamilia para intentar captar electores, pero ninguno de ellos lo logró de manera suficiente. En cambio, Carlos Alvarado, sin ser necesariamente un activista por las minorías sexuales, sí que apoya el matrimonio igualitario y los derechos de las familias diversas y se convirtió en la única opción progresista con posibilidades de triunfo. Eso explica en parte el ascenso en los días finales de la campaña. Lo logró a pesar de que enfrentaba el costo del deterioro de la popularidad del gobierno de Luis Guillermo Solís, que dejará el poder el 8 de mayo.

Así llegaron los costarricenses a votar este domingo, con un alto grado de polarización en torno a “valores cristianos”, la invisibilización del debate económico en torno al creciente déficit fiscal y un porcentaje alto de indecisos, como señalaban las encuestas y se confirmaba en conversaciones en los centros de votación.

De los 13 candidatos en las boletas, había cinco que se presentaban con opciones reales, pero los favorecidos resultaron ser dos que hasta hace un mes estaban muy lejos de ser favoritos. Están las cartas claras para la segunda ronda, aunque queda por verse el juego de alianzas con los partidos, sobre todo PLN y PUSC, que quedan fuera de la lucha por la Presidencia pero mantendrán un peso importante en la nueva Asamblea Legislativa, cuyos 57 escaños también estaban en juego este domingo.

PLN y Restauración Nacional serán las bancadas más grandes, el PUSC la tercera y el PAC, la cuarta, seguidos de otros partidos que se repartirán cuatro curules o menos. El desafío parece claro: poner a los partidos a entenderse por encima de diferencias políticas y religiosas para frenar el deterioro de algunas condiciones de vida que mantiene a Costa Rica entre el grupo de países “más felices” del orbe.


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