La rebelión de los nietos del sandinismo

Resistencia, dolor, insurrección, memoria, amor y caída. Estos son los conceptos sobre los que el fotoperiodista Javier Bauluz, el primer español en ganar un premio Pulitzer, construyó este trabajo visual en medio de las protestas en Nicaragua, un país que se ha levantado para pedir a gritos cambios democráticos.

Las protestas contra Daniel Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, que se han prolongado durante un mes, han dejado un rastro sangriento de más de medio centenar de muertos (la mayoría a manos de la policía y grupos paramilitares orteguistas), cientos de heridos y un número indeterminado de detenidos y desaparecidos. Lo que empezó como una oposición de la población a unas reformas al sistema de seguridad social se acabó convirtiendo en un grito colectivo de rechazo a la represión y las medidas autoritarias del gobierno. Durante dos semanas retraté en Nicaragua el movimiento encabezado por los ‘nietos del sandinismo’, los jóvenes que se pusieron en primera línea de la resistencia y que, conscientes o no, han crecido bajo la estela de esos ideales.

Las imágenes nos llevan por las barricadas de los estudiantes —que, con morteros caseros, palos y piedras se defienden de los antimotines y las turbas sandinistas— y por la insurrección de un pueblo que perdió el miedo y salió a las calles para pedir el fin de la represión y el restablecimiento de las libertades democráticas.

En las calles vi además sentimientos. El amor reflejado en los abrazos y las muestras de solidaridad de los manifestantes. El dolor que la represión ha dejado en más de medio centenar de familias nicaragüenses que perdieron a sus seres queridos. La memoria de las víctimas reflejada en los homenajes desperdigados por los manifestantes en distintos puntos de Managua, la capital.

La protesta en Nicaragua está cargada de símbolos: desde los lemas y canciones tomados de la revolución sandinista, hasta los colores nacionales que lucen quienes se suman a ella. Los manifestantes también han protagonizado la caída de uno de los emblemas del gobierno de Ortega: los llamados ‘árboles de la vida’, unas enormes y costosas estructuras metálicas con los que Rosario Murillo decoró la capital en los últimos años y que, para los ciudadanos, representan al gobierno al que se oponen.

Para mí, este viaje a Nicaragua supuso el regreso a un país en el que hice mi primera cobertura internacional. En los años 80, cubrí la guerra de los sandinistas, que acababan de salir triunfantes de la revolución, frente a un ejército ‘Contra’ financiado por Estados Unidos. Las protestas masivas que comenzaron en abril de este año reflejan de alguna manera el hundimiento del gobierno de Daniel Ortega, uno de los ‘comandantes’ sandinistas que en su empeño por retener el poder en la última década ha ido perdiendo apoyos hasta de quienes lucharon a su lado. Es curioso que sea la rebelión de los nietos del sandinismo la que intente acabar con este gobierno que, según ellos, ha secuestrado la revolución.


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