En medio de la represión, jóvenes huyen de Nicaragua a Costa Rica por veredas para "salvar el pellejo"

Medio centenar de jóvenes nicaragüenses emprendieron el pasado domingo una huida por veredas desde Carazo a Costa Rica después de que la policía y paramilitares afines al gobierno de Ortega desataran la peor matanza desde que comenzó la crisis. Los rebeldes huyeron de lo que algunas organizaciones han definido como una "cacería" contra manifestantes.

Del grupo de 55 jóvenes que el domingo emprendieron una huida del departamento nicaragüense de Carazo a Costa Rica, solo seis han logrado cruzar la frontera y lo hicieron de forma ilegal. Según el relato de tres de ellos, la mayoría decidieron quedarse en la clandestinidad de las veredas y otros fueron secuestrados durante el trayecto por los paramilitares sandinistas.

Los seis ciudadanos rebeldes que arribaron a Costa Rica huyeron el 8 de julio de sus ciudades, cuando los grupos armados del gobierno de Daniel Ortega perpetraron la peor matanza registrada hasta ahora en los casi tres meses de protestas: solo en el departamento de Carazo hubo 24 asesinados en un solo día, según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

La matanza se produjo en un ataque combinado de la policía nacional y paramilitares que arremetieron contra Carazo y sus ciudades (Jinotepe, Diriamba y Dolores) para “limpiar” la Carretera Panamericana de los tranques, los bloqueos de caminos que persistían como protesta ciudadana. El de Carazo era uno de los pocos (de los 125 que fueron instalados en Nicaragua) que resistía ante la " operación limpieza" lanzada por el gobierno de Ortega bajo el argumento de "hacer valer el derecho constitucional a la libre movilización".

Aunque el tranque de Carazo fue asediado y recibió constantes ataques, no pudo ser desarticulado hasta la madrugada del domingo cuando casi medio centenar de camionetas particulares cargadas de paramilitares y patrullas policiales tomaron por sorpresa a los manifestantes. La limpieza, según relataron los propios ciudadanos y los medios independientes, fue total. A sangre y fuego: con armas de guerra barrieron a los rebeldes. Tras derribar los tranques, los paramilitares se tomaron Jinotepe, Diriamba y Dolores.

Comenzó lo que los organismos de derechos humanos han denominado “una cacería de brujas” allanando de forma ilegal las viviendas, en busca de los manifestantes que estaban en las trincheras. Según los organismos de derechos humanos y los universitarios organizados, ese domingo fueron secuestrados 200 personas.

Este miércoles, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentó una actualización de su labor en Nicaragua ante una sesión extraordinaria sobre Nicaragua de la Organización de Estados Americanos (OEA) en la que condenó "los allanamientos ilegales y detenciones arbitrarias en diferentes ciudades del país". "La información recurrente indica que las detenciones se realizan sin orden judicial, no se les informa a las personas detenidas sobre la causa de detención, no son puestos a disposición de juez y no tienen acceso a familiares o defensa", afirman. Esta "practica generalizada" criminaliza la protesta social, según la CIDH.


Los que estaban en el tranque del colegio San José, sobre la vía Panamericana, en Jinotepe, eran el grupo de 55 que no dudó en internarse en caminos rurales —de esos que no aparecen en los mapas— para "salvar el pellejo", según dicen ellos mismos.

Seis de los que sí lograron llegar a San José, Costa Rica, accedieron a contar su historia a Univision Noticias bajo condición de anonimato. “Porque queremos regresar a nuestro país, y si saben quiénes somos, fijo que nos matan”, dijo uno de los rebeldes, un joven de 32 años, albañil y fontanero de oficio, al que llamaremos Erick por seguridad.

Sobre las veredas de La Conquista, Nandaime y Liberia

Los rebeldes del tranque San José se internaron en la ruralidad de Jinotepe a las 4:00 de la tarde del domingo. A esa hora, ya habían perdido la batalla contra los fusiles. Los paramilitares habían tomado el control de la ciudad y del Hospital Regional Santiago, donde algunos de los heridos fueron “capturados”. Los encapuchados armados inspeccionaban casa a casa en busca de los jóvenes. Erick relató que sintieron miedo ante la posibilidad de que los encontraron. Tampoco querían poner en riesgo a las familias que los habían escondido. Sin tiempo si quiera para agarrar un documento de identidad, salieron la Jinotepe.


Según su relato, la primera noche corrieron entre la maleza y potreros de fincas hasta llegar al municipio vecino de La Conquista, a 18 kilómetros de Jinotepe. Para ellos fue una eternidad. Estaban extenuados tras más de doce horas de enfrentamiento con los paramilitares y policías. No habían comido, no habían bebido agua. “Corrimos y caminamos como seis horas en el monte. En la madrugada, ni sé a qué hora, caímos de cansancio”.

Al siguiente día, se enteraron que estaban en La Conquista. El grupo de 55 personas del tranque de San José (luego se enteraron que otros grupos rebeldes habían huido también) seguía completo. Recogieron lo que les quedaba de dinero y mandaron a cuatro jóvenes a comprar comida y agua. Pero no volvieron. Los paramilitares los capturaron en el pueblo la mañana del lunes. Los delató la ropa andrajosa de la batalla.

Otros jóvenes se separaron del grupo para bañarse en el río Cascalojoche. Mientras se aseaban fueron interceptados por los paramilitares. La persecución no había acabado en Jinotepe. El resto del grupo corrió de regreso. Llegaron, siempre por veredas y haciendas, a la ciudad de Nandaime, en el departamento de Granada. Allí consiguieron ayuda en una finca. Pudieron comer, descansar un poco, pero, sobre todo, les urgía comunicarse con sus familiares.

Erick dice que se comunicó con una familia que les había provisto de víveres y apoyo económico mientras estuvieron en el tranque. Les explicó la huida y pidió que comunicaran a sus propios familiares que necesitan ropa limpia y un documento de identidad para poder escapar a Costa Rica. No todo el grupo quiso cruzar la frontera. La mayoría se quedaron en la clandestinidad de las veredas por temor a represalias a sus familias. “Nosotros no queremos ir, pero tenemos que hacerlo para salvar el pellejo”, apuntó Erick.


Los seis que sí emprendieron rumbo se cambiaron de ropa. Recibieron un poco de dinero en efectivo y fueron llevados a Nandaime, donde tomaron un bus a la frontera de Peñas Blancas. “Íbamos con mucho miedo, nerviosos de que nos capturaran”, relató Erick. El momento de más tensión en el autobús fue cuando pasaron el retén policial del puente Ochomogo, en el departamento de Rivas. Los oficiales detenían los vehículos y ellos pensaron que podían retener el bus. Pero los jóvenes corrieron con suerte y no lo hicieron.

En la frontera de Peñas Blancas contactaron a un coyote para que los pusiera del lado costarricense. Antes de cerrar el trato, le pidieron rebaja. No llevaban tanto efectivo. “Le explicamos nuestra situación al coyote y él se compadeció”, dijo Erick. Usualmente, los coyotes cobran por el trasiego 3,000 córdobas por persona, es decir 100 dólares. “A nosotros nos cobró 600 pesos, 20 dólares por cabeza. Sentí que eso valía mi vida en ese momento: 600 pesos”, expresó.

Volvieron a las veredas. Llovía mucho y el trayecto estaba lodoso. Ya en Costa Rica, lograron llegar a la ciudad de Liberia. El coyote los llevó a una casa para que se limpiaran el lodo y no llamaran la atención como indocumentados. Como no llevaban maletas, les fue fácil pasar desapercibidos.

“Por pura suerte de la vida, uno de los muchachos reconoció a uno de los conductores de los cabezales que estuvo retenido en el tranque de Jinotepe, de quien se había hecho amigo”, explica Erick. “El conductor nos saludó, nos montó en el trailer y nos llevó hasta San José”.

En San José, el martes 10 de julio, Erick contactó a un primo que lleva años viviendo como migrante en en Costa Rica. Los seis rebeldes de Carazo están indocumentados en San José y esperan poder, en los próximos días, solicitar refugio al gobierno de Carlos Alvarado.

Costa Rica tramita solicitudes de refugio

Desde que la crisis sociopolítica se salió de control en Nicaragua, miles de nicaragüenses han optado por huir del país. Aunque pocos como en las circunstancias de los rebeldes del tranque de Carazo. En el consulado de Costa Rica en Managua, las solicitudes de visa han desbordado la capacidad de atención, por lo que la administración consular amplió el número de solicitudes diarias a 600 personas. Pese a ese aumento, Alexander Rivera, vocero de la Cancillería costarricense explicó a Univision Noticias que el flujo migratorio “se mantiene normal”.


Sin embargo, previendo que muchos nicaragüenses huyan de la crisis —que ha sembrado 351 muertos y más de 2 mil 100 heridos, según la Asociación Pro Nicaragüense de Derechos Humanos (ANPDH)— el gobierno tico ha ideado “un plan integral”, que incluye la posibilidad de solicitar refugio.

En la Dirección de Migración y Extranjería de Costa Rica, ubicada en San José, las solicitudes de refugio por parte de nicaragüenses sí se han disparado. Aunque Rivera exhortó “a la conciencia”. Siendo Costa Rica uno de los destinos migratorios principales de los nicaragüenses, muchos de los que viven ilegales allá “han aprovechado la situación para solicitar refugio”.

“Del 100% que solicitan refugio, 80% son personas que viven en Costa Rica. Deberían de tener conciencia con sus compatriotas, ese 20% que en realidad lo necesitan”, le dijo Rivera Univision Noticias.

La figura de refugio no otorga al beneficiado ayuda económica, solo un permiso de permanencia legal en el país. El trámite dura aproximandante un año para investigar al candidato. Rivera dijo no conocer aún a los rebeldes recién llegados, pero aseguró que pueden acercarse a Migración.

“Todavía no hemos ido a Migración por miedo a que nos deporten a Nicaragua y nos maten”, sostuvo Erick antes de colgar para irse a recibir a otro grupo de rebeldes que llegaron a San José este miércoles, burlando los controles migratorios de la frontera de Peñas Blancas.

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