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El sandinismo celebra en medio de la masacre: “¡Daniel se queda!”, gritan los leales al presidente Ortega

El gobernante nicaragüense celebró el 39 aniversario de la Revolución Sandinista con un discurso virulento contra los obispos católicos, a quienes acusa de “golpistas”. Alentó a los paramilitares a redoblar la presencia en las calles. Mientras hablaba de paz, los grupos armados asediaban las ciudades de Jinotega y Masaya.
20 Jul 2018 – 5:13 AM EDT

MANAGUA, Nicaragua.- El gobierno de Daniel Ortega celebró este jueves el aniversario del 39 aniversario de la Revolución Sandinista con un acto masivo en Plaza la Fe, en la capital nicaragüense, en medio de una aguda crisis política que ha derivado en una fuerte protesta social, violentos enfrentamientos y brutal represión que han cobrado la vida de 350 personas.

En la fiesta roja y negra fue exaltada la figura del mandatario, sobre la cual recaen las denuncias de la brutal represión en contra de ciudadanos desarmados. Durante la actividad, Ortega arremetió contra los obispos de la iglesia católica, mediadores del diálogo nacional, al llamarlos “golpistas”. También alentó a las fuerzas paramilitares a redoblar la presencia en las calles.


El 19 de julio es la fecha emblemática en el ideario sandinista. La dictadura familiar de los Somoza fue derrocada ese día en 1979, y cada año Ortega lo conmemora con un baño de masas en plaza pública. Por primera vez en sus once años de gobierno ininterrumpidos, el presidente sandinista celebra la efeméride en circunstancias tan adversas: Nicaragua se le ha rebelado.

Distintos sectores sociales exigen su salida inmediata del poder y el anticipo de elecciones. Sin embargo, después de desatar una oleada represiva a través de paramilitares y oficiales armados con fusiles de guerra en las últimas semanas para quebrar la resistencia ciudadana, Ortega se presentó en la plaza como vencedor de “la batalla por la paz”. Sus simpatizantes azorados comenzaron a corear una nueva consigna que desplazó a los viejos gritos revolucionarios: “¡Daniel se queda, Daniel se queda!”.

Plaza la Fe, un descampado contiguo al lago Xolotlán, fue llenado por empleados públicos, que desde el mediodía de este jueves se presentaron a sus instituciones a demostrar su asistencia al acto partidario. Aunque la plaza estaba llena, no hubo un desborde como en años anteriores. Los huecos que quedaban eran matizados con enormes banderas roja y negras y de Nicaragua por miembros de la Juventud Sandinista para procurar en las tomas de la transmisión oficial del evento un lleno indiscutible. Fue una demostración de fuerza de Ortega en un momento que ha perdido el apoyo popular a causa de la represión. La pareja presidencial ingresó por sorpresa a la plaza, mientras sus seguidores bailaban cumbia.

Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, ingresaron entre la multitud a bordo de su Mercedes Benz blindado, modelo G63 V8 AMG. La pareja presidencial saludaba intentando demostrar cercanía con la masa. Ningún jefe de Estado acompañó a Ortega este 19 de julio; sus aliados incondicionales, como Bolivia, El Salvador, Cuba y Venezuela, no asistieron. Sin embargo, Venezuela envió a su canciller Jorge Arreaza, y Cuba al suyo, Bruno Rodríguez.

Murillo es la maestra de ceremonia en los actos del 19 de julio. La vicepresidenta arremetió contra los manifestantes pacíficos y los llamó “terroristas y satánicos”. Luego, Ortega tomó la palabra. El hilo conductor del discurso del presidente fue un virulento ataque contra los obispos católicos, quienes son los mediadores y testigos del diálogo nacional, hasta hoy estancado. El mandatario llamó a los obispos “golpistas”. Los religiosos le propusieron a Ortega adelantar elecciones y sanear todas las instituciones del Estado el pasado siete de junio como uno de los puntos fundamentales para discutir en el diálogo. Sin embargo, la hoja de ruta democratizadora del clero fue rechazada por el presidente.

“Cuando los mediadores reunidos allí en la Casa de los Pueblos con todos los señores obispos me leyeron la cartilla, sacaron la estrategia y allí decían: hay que cambiar ya al Poder Judicial, al Poder Electoral, a la Contraloría, a todos los poderes del Estado, a la Asamblea Nacional y hay que quitar al Presidente y adelantar las elecciones”, narró Ortega con ferocidad. "Yo cuando recibí el documento dije, bueno, esto es lo que quieren realmente. Yo pensaba que eran mediadores, pero no, estaban comprometidos con los golpistas. Eran parte del plan con los golpistas”, aseguró.


El nuncio escuchó el ataque de Ortega

El nuncio de El Vaticano, Waldemar Sommetarg, asistió al acto del 19 de julio. Cuando escuchó la virulencia de Ortega contra los obispos mantuvo gestos serios. Sommetarg fue víctima junto a los obispos de un ataque de las turbas del gobierno el 9 de julio en la ciudad de Diriamba.

“Me duele mucho decir esto porque le tengo aprecio a los obispos, les respeto, soy católico. Pero ellos tienen posiciones desgraciadamente, siempre se impone la línea de confrontación, no de mediación”, dijo Ortega.

“La Iglesia no sufre por ser calumniada, agredida y perseguida. Sufre por quienes han sido asesinados, por las familias que lloran, por los detenidos injustamente y por quienes huyen de la represión. Rezamos y estaremos a su lado siempre en nombre de Jesús”, expresó en sus redes sociales el obispos Silvio Báez tras el discurso del mandatario.


Pese a los ataques verbales y físicos, los obispos han expresado su disposición de seguir como mediadores del diálogo. Ortega también se burló de los religiosos, quienes este viernes llamaron a una jornada de ayuno y oración de exorcismo.

“Esto se acabó y tenemos que restablecer el orden en nuestro país y eso es lo que los tiene irritados, enfurecidos, y están llamando a exorcizarnos a partir de mañana, ¡Que exorcicen a los demonios que tiene ahí a la orilla!, que les digan que el camino no es la guerra , sino que es la paz, el diálogo”, aseguró Ortega con sorna.


Todd Robinson, consejero para America Central del Departamento de Estado, dijo a Univision Noticias este jueves que Estados Unidos apoya plenamente a los obispos como mediadores y garantes del diálogo nacional.

“Seguimos apoyando los esfuerzos de la Conferencia Episcopal orientados a resolver el conflicto actual, restablecer el respeto de los derechos humanos, y asegurar un futuro más prospero y democrático para todos los nicaragüenses. Valoramos el rol de mediación clave que realiza la iglesia”, aseguró Robinson. “No obstante, nos preocupa que estén siendo objeto de agresiones físicas y desacreditados por el gobierno de Ortega y sus partidarios”.

El funcionario diplomático insistió en que la “senda para la paz duradera en Nicaragua sigue siendo las elecciones anticipadas, libres, justas y transparentes”. “Instamos a Ortega a sumarse al dialogo de paz liderado por la iglesia y entablar negociaciones de buena fe”, dijo Robinson.

Reforzar “auto defensas”

Ortega brindó un discurso combativo. Aunque no mencionó por su nombre y apellido a las tropas paramilitares que aterrorizaban ciudades como Masaya y Jinotega al mismo tiempo que él celebraba en Managua, lanzó un exhorto a ellos: “Hay que luchar por la paz con firmeza, con inteligencia; hay que luchar por la paz sin odio; fortaleciendo los mecanismos de autodefensa, para que no sean asesinadas nunca más las familias sandinistas, ni sean incendiadas nunca más las casas de los sandinistas”.

Mientras Ortega daba su discurso, la ciudad de Jinotega, al norte de Nicaragua, era atacada por los paramilitares. El blanco de los armados fue el Barrio Sandino, uno de los pocos lugares del país donde quedan barricadas en pie. Universitarios de la Alianza Cívica confirmaron a Univision Noticias varios heridos, pero no un dato exacto ya que los ataques se perpetuaron hasta la noche del jueves y debido al asedio paramilitar no han podido contabilizar el número de víctimas.

El Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (MESENI) publicó un informe este jueves en el que señala la intensificación de la represión y los operativos realizados por la Policía Nacional y grupos parapoliciales para desmantelar los tranques ubicados en diferentes ciudades de Nicaragua. El MESENI fue creado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y está basado en el país. El informe detalla que esta semana once personas fueron asesinadas y un centenar resultaron heridas.

El ataque más letal sucedió este martes en la ciudad de Masaya. Los paramilitares y los oficiales quebrantaron la resistencia en el barrio indígena Monimbó, símbolo de la lucha insurreccional contra la dictadura somocista y ahora contra el gobierno de Ortgea. La incursión armada dejó al menos tres muertos. Alrededor de 300 rebeldes huyen por veredas de los paramilitares que los persiguen. La ciudad quedó militarizada por estos armados, quienes sin pudor dicen “apoyamos al gobierno”.

Este miércoles, el gobierno de Ortega sufrió una doble derrota política en la Organización de Estados Americanos (OEA). 21 países del hemisferio aprobaron una resolución de condena a la violencia del gobierno. Sin embargo, Ortega no mencionó nada de lo sucedido en la OEA este 19 de julio. En cambio, se mostró furibundo, burlón y, a ratos, victorioso en la tarima mientras la masa gritaba entusiasmada: “¡Daniel se queda, Daniel se queda!”.

📷 Masaya, una ciudad tomada por paramilitares del gobierno de Ortega en Nicaragua

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