Colombia vota en unas elecciones que abren las puertas del Congreso a exguerrilleros de las FARC

Los colombianos están convocados a las urnas para elegir el primer Congreso donde participarán antiguos guerrilleros desmovilizados. El resultado será determinante para las presidenciales de mayo y junio y para el futuro del acuerdo de paz alcanzado a finales de 2016.
9 Mar 2018 – 3:28 PM EST

BOGOTÁ, Colombia.- "¡Terrorista. Asesino. Fuera del Quindío!", le gritaron a Rodrigo Londoño alias Timochenko a principios de febrero en su tierra, en el oeste de Colombia, durante el primer acto de la campaña como candidato presidencial de FARC. En Cali fue recibido con una lluvia de huevos, tomates y piedras. En una conferencia de prensa en Bogotá pocos días después, el partido político de la que fue la guerrilla más poderosa de América anunció la suspensión temporal de sus actos públicos por miedo a nuevas agresiones.

Mientras Colombia se prepara para unas cruciales elecciones (el 27 de mayo es la primera vuelta y el 17 de junio la segunda), el país renovará este domingo su Congreso, donde se decidirá el futuro del histórico acuerdo de paz firmado con las FARC a finales de 2016 que puso fin a más de medio siglo de guerra.

En el Congreso estarán por primera vez los antiguos guerrilleros haciendo política por la vía legal tras entregar las armas el año pasado con el aval de las Naciones Unidas. Lo harán sin haber declarado ante la Justicia Especial para la Paz, el órgano que juzgará los crímenes durante el conflicto, que aún no ha empezado a funcionar.


Iván Márquez, jefe negociador en las conversaciones de paz que arrancaron en La Habana en 2012, será el número uno para el Senado, donde también tienen garantizado un puesto veteranos como Pablo Catatumbo, Victoria Sandino, Carlos Antonio Lozada y Sandra Ramírez, viuda del histórico guerrillero Manuel Marulanda.

La antigua guerrilla ha apostado en sus listas por la vieja escuela, aquellos líderes ideológicos que superan los 50 años y combatieron en las selvas y montañas durante los episodios más duros de la guerra en los 90.

Las secuelas del conflicto en Colombia ha generado polarización en las calles. No sólo los exguerrilleros han sufrido agresiones. Álvaro Uribe, líder del partido conservador Centro Democrático, ha recibido insultos en Popayán y Gustavo Petro (exalcalde de Bogotá y favorito en las encuestas, liderando la izquierda en la carrera presidencial) fue apedreado cuando circulaba con su coche oficial por Cúcuta.

Incluso el presidente Juan Manuel Santos, aunque está alejado de la campaña, tuvo que intervenir: "Hago un llamado a todos los líderes políticos para que condenen de forma clara y explícita cualquier tipo de violencia".

La Misión de Observación Electoral califica lo que está pasando como "muy grave". Todavía está vivo el fantasma del asesinato selectivo de varios miles de miembros de la Unión Patriótica a finales de los 80, cuando se produjo una desmovilización masiva de las guerrillas.

¿Las FARC en el poder?

Colombia protagonizó una de las grandes sorpresas electorales recientes en el mundo con la victoria del 'No' en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 para aprobar la firma de la paz. Como sucedió con la elección de Donald Trump y el Brexit en el Reino Unido, las predicciones fallaron y triunfó una campaña populista que apeló a sentimientos como el miedo y el odio.


Ahora podría repetirse la sorpresa si las FARC obtienen un apoyo alto. Una hipótesis que parece improbable. Según la encuesta más reciente del diario colombiano El Tiempo, la antigua guerrilla sólo obtendría un 0.6% de apoyo para el Senado, donde el favorito es el Centro Democrático con el 20.1% de los votos, lo que les daría 20 asientos.

El partido de la guerrilla se retiró este jueves de la carrera presidencial por la delicada salud de su líder Timochenko, operado en Bogotá por problemas cardiacos de los que se recupera satisfactoriamente. Entre los 12 aspirantes a presidente era el que menos apoyo tenía, con apenas un 0.3%.

Sin candidato por ahora para dirigir el país, las FARC se lo jugarán todo en las elecciones de este domingo. En mayo apoyarán a una gran convergencia nacional de movimientos progresistas que garanticen el cumplimiento del acuerdo de paz y saquen adelante los puntos que han quedado en suspenso: la reforma política, la distribución de la tierra y los beneficios para las víctimas.

Pero las fuerzas conservadoras siguen insistiendo en el mensaje de que una hipotética victoria de los exguerrilleros convertiría a Colombia en la nueva Venezuela.

"Uribe acuñó en 2012 el término castrochavismo para igualar a Santos y a la guerrilla. El objetivo: hacer creer al colombiano del común que si gana la izquierda va a perder lo poco que tiene porque prohibirán la propiedad privada y el emprendimiento. Es una estrategia que gana votos", argumenta Andrei Gómez-Suárez, autor del libro 'El triunfo del No. La paradoja emocional detrás del plebiscito' (2016, Icono) y miembro del movimiento ciudadano Rodeemos El Diálogo.

En realidad, cualquiera que se encuentre en un amplio espectro político (desde el centro hasta la izquierda) podría abrazar las demandas de FARC durante la campaña: la lucha contra la corrupción y la desigualdad, así como la defensa de los derechos sociales y el medio ambiente.

A partir de este domingo habrá en Colombia 108 senadores a nivel nacional y 172 representantes a la Cámara en las regiones. El acuerdo de paz garantiza a los excombatientes cinco asientos para cada una de las dos cámaras del Congreso, aunque no obtengan los votos suficientes. Esa representación mínima les valdría para influir en los debates, pero no tendrían capacidad para cambiar leyes.

El interés del partido FARC radica en al apoyo que puedan obtener los candidatos que presentan para Bogotá, Antioquia, el Valle del Cauca, Atlántico y Santander, cinco de los departamentos más influyentes del país.
"Si a las FARC les va mal, será un duro golpe al proceso de paz, al demostrarse que no tenían ninguna base social, pero a su vez el discurso amenazante del castrochavismo se va a desmoronar", dice Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación.

Todavía pervive en Colombia el estigma que asocia la izquierda a la guerrilla. Santos fue acusado por la oposición de comunista y radical por promover avances sociales como el matrimonio y la adopción entre personas del mismo sexo o la legalización de la marihuana medicinal, cuando sus tesis siempre han estado próximas a la "tercera vía" del liberalismo económico con valores progresistas que popularizó Tony Blair en Gran Bretaña.

Crisis de los partidos tradicionales

Este domingo se escenificará en el Congreso la crisis de los dos partidos tradicionales en Colombia, el liberal y el conservador, que llevan varias elecciones perdiendo votos en favor de otras fuerzas políticas. Participan 16 agrupaciones: desde bancadas moderadas como el Partido de la U (el de Santos) hasta coaliciones de izquierda como la Lista de la Decencia encabezada por Petro y partidos como Cambio Radical liderado por Germán Vargas Lleras, quien fuera vicepresidente con Santos y que se ha mostrado muy crítico hacia el acuerdo con las FARC.


En este contexto el analista Ariel Ávila vaticina "un giro fuerte hacia la derecha que originará un cambio importante en el mapa político y será un aviso de lo que sucederá en las presidenciales". Los conservadores argumentan que la inseguridad en el país apenas se ha reducido con el proceso de paz y que el posconflicto ha supuesto un gasto para la población: la reforma tributaria de mediados de 2017 aprobó un presupuesto que supera el billón de pesos colombianos (350 millones de dólares) para financiar la reintegración a la sociedad de 12,000 exguerrilleros.

"Por primera vez la seguridad no será el tema central del debate en Colombia", dice Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos."Hay otros asuntos que serán más influyentes a la hora del voto: la crisis del sistema sanitario, la reforma judicial, las pensiones, la educación, la política de drogas y los servicios sociales".

"Yo también creo que este domingo va a ganar la derecha, pero eso no va a poner en riesgo el acuerdo con las FARC ni las conversaciones de paz que el Gobierno mantiene con el ELN (la segunda guerrilla del país) en Quito (Ecuador)", añade.

La preocupación por la corrupción será uno de los principales puntos que marcarán la decisión a última hora de los indecisos en un país con 36 millones de personas en edad para el voto, donde este no es obligatorio y la abstención suele registrar cifras altas: el 60% en la primera vuelta de las presidenciales de 2014 y superior al 62% en el Plebiscito de 2016.

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