Violencia Sexual

Ser violada y no denunciarlo: la tragedia de las indocumentadas que limpian oficinas de noche

Como parte de una campaña en California, un grupo de mujeres ha decidido denunciar las agresiones sexuales a las que han sido sometidas por sus empleadores y compañeros de trabajo, y que han callado durante años por el miedo a ser deportadas.
15 Sep 2016 – 8:35 PM EDT

Leticia Soto, una mexicana de 40 años, fue violada por su supervisor en Los Ángeles hace 9 años en lo que transcurría como una noche normal de trabajo. Y aunque no lo denunció por miedo, le escribió una carta en la que dice '¡ya basta!' a ese silencio de años. Este martes en la mañana la leyó frente a otras víctimas y el solo recuerdo la descompensó. Terminó en el hospital.

“Nunca lo denuncié por miedo, porque no tenía papeles”, dice Leticia a Univision Noticias. En la carta tampoco reveló el nombre de su agresor: “Él sabe lo que hizo. Él pagará”.

Aquella noche, después de la violación, la joven amenazó con contarle todo a las autoridades. Él la calló con una frase: "¿Sabes qué? ¿Por qué mejor no les llamo yo (a las autoridades) y les digo lo que tú me hiciste a mí? Es a ti a quien van a deportar, mija. Nadie te va a creer", se lee en la carta.


Y así pasó. La única vez que Soto intentó contar su tragedia quedó desvalida. "Cuando uno va a la compañía y reporta el hecho y te dicen que nunca ha habido reclamos contra esa persona, piensas que el mundo está en tu contra. La compañía lo apoyó, dijeron que era un trabajador ejemplar. ¿Y yo? ¿Qué soy? Una inmigrante".

Lo que le ocurrió a Leticia es más común de lo que parece. El estudio ' La tormenta perfecta', elaborado en mayo de 2016 por la Universidad de California, en Berkeley, halló que ser mujer, latina, inmigrante e indocumentada genera mayor riesgo y pone en desventaja a la víctima a la hora de pensar en una denuncia por acoso sexual, ya sea por miedo a retaliaciones o a perder el empleo, por las barreras del idioma o por desconocimiento de sus derechos. El riesgo es aún mayor si además se trabaja en horarios nocturnos, cuando las oficinas se encuentran solas.

'La tormenta perfecta' también revela que anualmente se registran entre 5,000 y 17,000 ataques sexuales en el trabajo: los agresores pueden ser el supervisor, un colega, un cliente. En su mayoría, las víctimas son mujeres. El Departamento de Justicia calcula que 80% de ellas trabajan en el turno de la noche.

El sindicato que agrupa a los empleados de limpieza en California (USWW, por su sigla en inglés) estima que solo entre 10% y 15% de las víctimas de agresión sexual reportan sus experiencias. Por eso, pocos casos llegan a juicio.

'Él no me tocó'
Beatriz Guillén tomó este miércoles el micrófono en Sacramento, California, y sus palabras fueron transmitidas en vivo por las redes sociales en el marco de una campaña que tiene por consignas 'End rape on the night shift' (Fin del acoso sexual en el turno nocturno) y 'Justice for Janitors' (Justicia para las conserjes), promovida por unas ocho organizaciones del estado. En los jardines del Capitolio, ante un grupo de mujeres conserjes que fueron agredidas sexualmente igual que ella, leyó la carta con la que rompió el silencio sobre su historia de acoso.

En las imágenes del Facebook Live se ven pancartas que exigen un alto a las violaciones y mujeres que se ponen la mano en el hombro unas a otras. Los testimonios se cuentan y, simultáneamente, se traducen.

"Tú empezaste a ser muy nice conmigo, pero pronto empezaste a hacer comentarios de mí, especialmente de mi cabello: ‘No te agarres el cabello’, decías. ‘Suéltatelo, Beatriz, se te ve mejor’", cuenta Guillén sobre su agresor, un estadounidense menor que ella, de 28 años, que comenzó a molestarla con el apoyo de su supervisor.

"Un día nuestro manager nos mandó a limpiar un edificio muy grande y nos asignaron a los dos. Fue ese día que intercambiamos nuestro número de teléfono por si acaso se me ofrecía ayuda con el reciclaje o con cargar algo pesado. Inocentemente te lo di (...) Si hubiera sabido lo que ibas a hacer nunca te lo hubiera dado", sigue la carta.

Un sábado por la noche, mientras ella celebraba con sus amigos, el hombre le envió una pregunta a su celular: "¿Has probado alguna vez un pene blanco?". Y así siguieron llegando mensajes, invitándola a que le hiciera sexo oral, diciéndole que quería tener relaciones con ella.

Ella contó todo a su supervisor, quien solo se rió. Luego fue con otra de sus jefas, una mujer, que, finalmente, lo despidió.

Pero nunca pasó por la cabeza de Beatriz Guillén que se trataba de acoso sexual. "No me tocó, no me hizo nada", le respondió, inocente, a una compañera de trabajo, la primera que la sacudió con la realidad. "Realmente no sabía que un texto podía ser acoso sexual", reconoció en su carta este miércoles.

Una protesta, una ley
Desde el lunes, un grupo de mujeres agredidas, como Leticia y Beatriz, iniciaron una huelga de hambre en California. Le exigían al gobernador, Jerry Brown, firmar la ley AB-1978, la única que podría poner límites para quienes quieran abrir empresas de limpieza en el estado. Finalmente, Brown la firmó este jueves por la noche.

Alejandra Valles, tesorera del sindicato que agrupa a los trabajadores de la limpieza en California (USWW, por su sigla en inglés), explicó que esta ley contribuirá con tres objetivos.

El primero: asegurar que todos cuantos quieran formar una empresa de conserjes en ese estado se registren para asegurar que no tienen antecedentes criminales por robo de sueldos, delitos sexuales o evasión de impuestos. "Más de 52% de los empleados en esta industria trabajan en una economía subterránea", denuncia Valles. "Nadie sabe quiénes son esas empresas", agrega.

Incluso, cuenta al teléfono que hay casos de empleadores que se traen a mujeres de México, El Salvador, Guatemala y Honduras con la promesa de un trabajo y luego son violadas o estafadas.

El segundo objetivo de la ley: que se pueda multar a aquellas empresas que contraten a compañías de limpieza no registradas.

Y el tercero, "y más importante", destaca la vocera, es asegurar que todos los contratistas, sus supervisores y sus empleados reciban un entrenamiento obligatorio sobre acoso sexual.

"Esta comunidad no identifica qué tipo de penetración (sexual) constituye una violación a los ojos de la ley", dice Valles al recordar el caso de una mujer que fue ultrajada con uno de sus implementos de limpieza.

Para la representante sindical, en lugar de hablar de muros fronterizos o de qué tan rápido serán deportados los inmigrantes, se debe reflexionar sobre los abusos a los que son sometidos. " Las madres inmigrantes son ahora las más vulnerables (...) y son explotadas por miedo".

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