Los vecinos de un terreno utilizado durante años como vertedero de animales objeto de experimentos en la Universidad de Dartmouth, en New Hampshire, temen que la contaminación haya arruinado sus fuentes de agua y que la institución no haya sido completamente honesta con ellos.
Vecinos denuncian que vertedero de universidad de Dartmouth contaminó sus fuentes de agua
Los vecinos no sabían que un terreno conocido como Rennie Farm fue utilizado entre 1960 y 1978 para desechar animales muertos que habían sido utilizados en experimentos con radioactividad.
Las aguas están contaminadas en la vivienda de por lo menos una familia, la de Richard y Debbie Higgins, quienes atribuyen sus problemas de salud al agua que ingieren.
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Sufren de irritaciones de la piel, pérdida de cabello y mareos. Hasta sus perros sufren las consecuencias, dicen, pues uno orinó sangre y otro ha estado vomitando.
" Hemos estado bebiendo esa agua durante años y no teníamos la menor idea de lo que tenía", expresó Debbie Higgins.
Pocos vecinos estaban enterados de que un terreno de 220 acres de extensión conocido como Rennie Farm, a unas siete millas del campus de Dartmouth, fue utilizado entre 1960 y 1978 para desechar los animales muertos que se habían utilizado en experimentos con radioactividad.
Otro terreno cercano de 10 pies x 10 pies contiene cadáveres y fetos enterrados que habían sido utilizados en clases de la facultad de medicina.
El caso salió a la luz en 2011, cuando Dartmouth decidió despejar el terreno, sacando 40 toneladas de tierra y restos de animales enterrados en fosas que eran legales cuando fueron cavadas.

Durante la excavación se detectó la presencia de material tóxico y radiactivo que fue removido y las autoridades sanitarias de New Hampshire declararon el lugar libre de contaminantes.
Sin embargo, en 2012 se detectó que una sustancia química usada en los experimentos con animales, el presunto carcinógeno 1,4-dioxano, se había filtrado al agua subterránea.
Inicialmente se halló que la tierra del lugar tenía 50 veces más 1,4-dioxano que el estándar de tres partes por mil millones y más recientemente tanto como 600 partes por mil millones.
La exposición al tóxico ha sido vinculado a irritación de ojos, nariz y garganta, y a largo plazo a daños de riñón e hígado, según la Agencia de Protección Ambiental (EPA).
Eventualmente se halló que el 1,4-dioxano había migrado y contaminado el pozo de los Higgins, que estaba al otro lado de la calle, a unos 800 pies del lugar en donde fueron sepultados los animales.
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— Valley News (@VNewsUV) November 2, 2016
En septiembre de 2015 los Higgins se enteraron que su pozo estaba contaminado y ahora dependen de agua embotellada que les envía Dartmouth para cocinar y tomar.
La noticia estremeció a este barrio semi-rural de la localidad de Hanover, en donde está ubicada Renny Farm, y provocó furia y miedo entre docenas de propietarios de casas a quienes les preocupa que la contaminación llegue a sus propios pozos y arruine el valor de sus propiedades.
Varios vecinos sostienen que Dartmouth reaccionó con lentitud una vez se descubrió la contaminación y que ha estado reacia a proveer detalles sobre el contenido del terreno, pero la universidad lo niega.
“Ahora mismo todo el mundo está confundido y preocupado”, dijo Ellen Waitzkin, una radióloga que vive frente al vertedero. “Están intentando determinar si deben sentirse amenazados o no”.
Por su parte, Dartmouth, una de las universidades que integran el Ivy League -el grupo de universidades más antiguas y exclusivas del país- intenta ganarse la confianza de los Higgins y de los demás residentes.
En septiembre pasado pidió perdón por el manejo del caso, estableció un panel asesor para los vecinos y tomó muestras en 110 pozos de agua potable en el vecindario.

Un segundo pozo, a casi una milla al norte de Rennie Farm, dio positivo a 1,4-dioxano pero dentro de los niveles permitidos y la universidad investiga si el químico detectado allí proviene de algún otro producto ajeno al vertedero.
Según Dartmouth, ningún pozo dio positivo a la presencia de formaldehído, el químico que se utiliza para embalsamar cadáveres.
La universidad ofreció proveerles agua embotellada a 20 hogares y está finalizando la construcción de un sistema que recogerá el agua contaminada del vertedero y la filtrará.
En el caso de los Higgins “les hemos suplido a los dueños del pozo agua embotellada, instalado un sistema de tratamiento en su hogar para que puedan utilizar el agua de manera segura, ofrecido reubicar a la familia, provisto acceso a un médico ocupacional y estamos preparados para proveerles una fuente alternativa de agua de pozo”, explica la universidad en su página web sobre el caso Rennie Farm.
“Estamos comprometidos con proteger la salud de nuestros vecinos, abordar sus preocupaciones y comunicarnos regular y abiertamente con ellos sobre el proyecto” de limpieza del terreno en el cual ya se han invertido 8.4 millones de dólares, dijo Diana Lawrence, portavoz de la universidad.
Sin embargo, para los vecinos las acciones de Dartmouth no son suficientes.
Algunos quieren que se remueva más suelo del vertedero y otros que la universidad los compense por la pérdida de valor de sus propiedades. La universidad no ha descartado las peticiones.
Los Higgins, por su parte, aseguran que sus problemas de salud desaparecieron desde que toman agua embotellada pero que eso es una solución a corto plazo. Quieren que la universidad los mueva a un nuevo hogar a una distancia segura de la contaminación.
“Queremos sanarnos si se puede. Queremos seguir con nuestra vida. Ahora mismo nuestra vida está en el limbo”, dijo Richard Higgins.







