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Estudiantes de la Universidad del Norte de Florida, en Jacksonville, modifican un carrito a baterías para que lo pueda usar una niña con perlesía cerebral y movilidad limitada.

Estudiantes universitarios modifican juguetes para niños con discapacidades severas

Estudiantes universitarios modifican juguetes para niños con discapacidades severas

Estudiantes de ingeniería y terapia física trabajan en el mismo laboratorio con el propósito de modificar populares juguetes para que los niños con discapacidades los puedan utilizar.

Estudiantes de la Universidad del Norte de Florida, en Jacksonville, mod...
Estudiantes de la Universidad del Norte de Florida, en Jacksonville, modifican un carrito a baterías para que lo pueda usar una niña con perlesía cerebral y movilidad limitada.

Los padres de Scarlett Wilgis, una niña con parálisis cerebral de cuatro años de edad que tiene problemas para abrir sus manos y no puede moverse sin ayuda, han buscado sin cesar juguetes especiales en tiendas y páginas web para regalarle durante las fiestas, pero sus esfuerzos han sido infructuosos.

“Encontrar juguetes en Walmart o Target, casi no existen. Si los compras mediante un suplidor de productos médicos son extremadamente caros”, cuenta Dezaraye Wilgis, la mamá de Scarlett, frente al arbolito de Navidad colocado en su hogar en St. Augustine, al norte de Florida.

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Aunque los fabricantes de juguetes han cambiado con el tiempo y ya venden muñecas en muletas o sillas de rueda, es muy difícil, si no imposible, encontrar juguetes para niños con discapacidades severas como Scarlett.

Como algunos juguetes especiales deben ser personalizados según las necesidades de los niños, su costo puede ser altísimo.

Este dilema motivó a dos profesores de la Universidad del Norte de Florida (UNF) a crear un programa, el Adaptive Toy Project ATP), que mezcla a estudiantes de ingeniería y terapia física en el mismo laboratorio con el propósito de modificar juguetes disponibles en los comercios para que los niños con discapacidades los puedan utilizar.

El ATP cumplió tres años y recibió un subsidio de cinco años de los Institutos Nacionales de Salud para ayudar a familias como las de Scarlett y darles a sus estudiantes experiencias que luego les servirán en sus carreras.

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Los institutos financian el proyecto porque facilita la colaboración de estudiantes de distintos campos en la resolución de problemas de la comunidad, dijo la doctora Alison Cernich, neuropsicóloga y directora del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver.

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¿Cómo funciona el Adaptive Toy Project?
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“Este programa hace que estudiantes en las fases iniciales de su entrenamiento piensen en objetos ordinarios, como los juguetes, y en cómo adaptar esos juguetes para que los niños con limitaciones los puedan utilizar y jugar con ellos como niños sin limitaciones”, dijo Cernich.

En una visita reciente el sonido de herramientas y conversaciones entre estudiantes alborotaba el pequeño laboratorio del ATP mientras los estudiantes personalizaban carritos a batería para varios niños.

Chris Martin, un estudiante de ingeniería eléctrica, le había quitado el capó a un carrito para Scarlett dejando el alambrado a la vista.

Le colocó unos sensores en la parte inferior y reemplazó el volante con un botón que, cuando se oprime, hace que el carrito avance sobre un carril hecho con cinta. Ahora los papás de Scarlett podrán diseñar distintas rutas para el carrito con la cinta o controlarlo a control remoto.

Cuando Martin conoció a la mamá de Scarlett la mujer “lloró y eso me hizo querer trabajar más duro”, dijo el estudiante. “Quiero hacerlo (el juguete) lo más perfecto posible”.

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Cada carrito a batería cuesta entre 250 y 500 dólares en las tiendas, pero modificarlos aumenta su valor a mucho más de 1,000 dólares. Sin embargo, las 18 familias que obtendrán los autos este año los recibirán sin pagar un solo centavo y podrán utilizarlos durante los próximos tres a cuatro años.

Mary Lundy, una profesora de terapia física que inició el ATP junto con un colega ingeniero, dijo que los estudiantes se reúnen con las familias a quienes van a servir, van a terapias de los niños y visitan sus escuelas.

“Los estudiantes de ingeniería les enseñan a los terapia física cómo modificar electrónica básica…y en el proceso los ingenieros aprenden a diseñar pensando en la gente y en cómo tratar a sus clientes de manera distinta”, explicó Lundy.

Los juguetes modificados también les permiten a los niños continuar una parte importante de sus terapias jugando El doctor Peter Rosenbaum, profesor de pediatría en la Universidad McMaster en Canadá, explica que en su campo cada vez hay más interés en el concepto de “aumento de la movilidad”, para que los niños puedan moverse mejor y ser más independientes.

“No podemos curarlos. Lo que podemos hacer es decir: ‘¿Qué estaría haciendo un niño a esta edad y fase de desarrollo si no tuviera este impedimento? ¿Cómo podemos darles esas experiencias?’ Esto cambia las perspectivas de todo el mundo a su alrededor y las suyas”, dijo Rosenbaum.

El proyecto de UNF es uno de 60 programas similares de modificación de carritos a batería para niños discapacitados a nivel internacional que forman parte de una red llamada GoBabyGo pero es el único que ha reclutado a estudiantes para modificarlos gratuitamente.

Tras semanas de trabajo Scarlett finalmente probó el auto que modificó Martin junto con otros compañeros. Le colocaron el cinturón de seguridad y le enseñaron a oprimir el botón para ponerlo en marcha.

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El auto avanzó mientras Scarlett se balanceaba adentro, su madre contenía las lágrimas y su papá caminaba junto a ella. “Va a poder salir más y no estará atrapada en una silla de ruedas…y para nosotros va a ser bueno verla interactuar con otros niños. ¡Es sorprendente!”, dijo Dezaraye.

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