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Muertes

Le amputan las piernas a una maestra de zumba, luego muere. Su esposo culpa de negligencia al hospital

Un inmigrante mexicano asegura que Kenia Gutiérrez falleció por un error cometido durante una cirugía que le realizaron en un centro médico del condado de Orange, California. Su partida fue agónica y en uno de los intentos por salvarle la vida, los doctores le amputaron parte de sus piernas. "Eso no tenía que haber pasado", reclama él.
25 Feb 2019 – 5:51 PM EST

LOS ÁNGELES, California.– La mexicana Kenia Gutiérrez tenía 33 años y era maestra de zumba. No ganaba mucho dinero, pero según su esposo, su principal satisfacción era la conexión que a través del baile tenía con las personas. Este fin de semana se acabaron las esperanzas de que regresara a sus rutinas de ejercicios: falleció después de agonizar durante más de un mes en un hospital del sur de California.

"Me la quitaron", dijo entre lágrimas su esposo, Jaime Pinzón, minutos antes de que doctores del Centro Médico de la Universidad de California en Irvine (UCI), en el condado de Orange, desconectaran a su compañera de vida.

Kenia era originaria de Acapulco, el famoso destino turístico en el sureste de México. Había llegado a Estados Unidos hace 15 años. Era indocumentada, pero eso no impidió que trabajara en este país: hace cinco años encontró en la zumba una oportunidad para apoyar económicamente a su esposo. Por una sesión de baile, cada estudiante le pagaba dos dólares y aunque con eso recogía poco, estaba orgullosa de que ese fuera su oficio.

Su sueño iba más allá de lo profesional, quería ser madre y formar un hogar en la ciudad de Santa Ana. El primer intento falló, abortó sin que se diera cuenta. La segunda vez el feto creció afuera de su matriz y por eso le extirparon una trompa de Falopio.

Cuando Jaime y Kenia pensaban que finalmente serían padres, el ginecólogo les advirtió que el embrión estaba creciendo una vez más en el lugar incorrecto. Asustada por lo que eso significaba, ella no quiso que le extirparan la otra trompa de Falopio, su última esperanza para tener un hijo, y pidió que le pusieran una inyección para provocar la expulsión natural del feto.

Jaime, de 46 años y también indocumentado, cuenta que 15 días después de que le pusieron esa inyección, su esposa comenzó a tener un sangrado. No parecía grave; sin embargo, decidieron ir al hospital de UCI para confirmar que era algo normal. Un ultrasonido en la sala de urgencias puso en alerta a los médicos y por eso le practicaron una cirugía inmediatamente.

En la sala de espera, dos horas después del ingreso de Kenia, una enfermera le dio una pésima noticia: "Me dijo que las cosas se habían complicado y que le habían cortado una arteria principal. Fue un error de la doctora", según su relato.

Hasta la madrugada siguiente su esposa fue puesta en un cuarto del hospital, donde notaron más complicaciones. "Los doctores dicen que se le paró el corazón durante 26 minutos, que eso le afectó sus pies, sus riñones y que quizás tuvo un derrame cerebral", lamenta Javier.

Cuando creía que lo peor ya había pasado, los especialistas notaron que los pies de ella estaban hinchados por mala circulación y que no reaccionaba ante los estímulos. Durante esta segunda operación se tomó una decisión difícil para salvarle la vida: le amputaron parte de ambas piernas, hasta la mitad de la pantorrilla.

"Muy feo. Eso no tenía que haber pasado", reclamó.


"Nunca abrió sus ojos"

Jaime, originario del estado mexicano de Morelo, recuerda que Kenia había dado señales de recuperación dos semanas después de su primera cirugía y continuó así cuatro días.

"Movía sus ojos. Yo le decía: ‘ahorita vengo’ y ella movía sus ojitos como enojada. Yo estaba feliz porque iba recuperándose", contó este hombre que trabaja en construcción.

La sonrisa le duró poco porque aquella mejoría se volvió un retroceso. Su estómago se inflamó y, en otra cirugía más, le cortaron una parte del intestino que no estaba funcionando, supuestamente resultado del paro al miocardio que sufrió en la primera operación el 20 de enero.

"Desde de ahí nunca abrió sus ojos, nunca se recuperó. Al contrario, fue empeorando, ella empezó a convulsionarse", dice él.

El viernes pasado, Javier seguía pidiendo un milagro. "Yo quiero esperar hasta el último minuto", dijo mientras su esposa aún permanecía conectada a las máquinas del hospital UCI. Entonces ya la habían declarado con muerte cerebral, pero él confiaba en que un "poder divino" se la regresara.

"Mi esperanza es un milagro, que Dios la ayude, porque ella ya no respira, ya no hace ningún movimiento", comentó entonces.

Finalmente, aceptó que le retiraran las máquinas ante la insistencia de "ya no la hagas sufrir porque su cerebro no tiene actividad". Eso sucedió este fin de semana.

Ahora, Jaime se aferra al argumento de que una enfermera aceptó que le habían cortado una arteria principal a su esposa por negligencia o error, lo cual condujo a su agónico fallecimiento. "Yo quiero demandar porque es una negligencia, esto no tenía que haber pasado", insiste.

El Centro Médico UCI no comentó sobre esta muerte ni sobre la posible demanda en su contra citando políticas de privacidad. "No es posible revelar información privada del paciente, de acuerdo con leyes estatales y federales", dijo en un comunicado el vocero John Murray.

Antes de comenzar los preparativos para las exequias de su mujer, Javier recordaba aquel día hace 11 años cuando se enamoró de la acapulqueña más hermosa que había visto. "Entre amigos nos conocimos y así surgió la relación", expresó con la voz cortada.


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