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Presidentes y expresidentes: un club de amigos hasta que llegó Trump

El enfrentamiento de Trump con Obama y Bush es una rareza histórica en EEUU. El precedente más parecido es el de la mala relación entre Eisenhower y Truman. La mayoría de expresidentes se han hecho amigos.
8 Mar 2017 – 10:44 AM EST

Las acusaciones de Donald Trump contra Barack Obama sobre el supuesto espionaje que habría ordenado el expresidente a su campaña y sus críticas continuas al exmanatario demócrata son una rareza en la historia de Estados Unidos.

Algunas relaciones entre el ocupante de la Casa Blanca y su predecesor han sido frías o tensas, pero nunca han dado lugar a episodios tan públicos y tan agresivos. La mayoría de los presidentes y expresidentes han acabado sintiendo que todos pertenecen a un club de amigos.

“Hay una simpatía general”, decía Bill Clinton en el libro The Presidents Club: Inside the Most Exclusive Fraternity . Clinton acabó siendo amigo de antecesor George H. W. Bush, con quien compartió labores humanitarias y a quien ha visitado en la casa familiar en Maine.

En cambio, en septiembre de 2016, George Bush padre le dijo a una amiga de la familia que votaría por Hillary Clinton.


El abrazo de Michelle

Tal vez la relación más sorprendentemente buena de los últimos tiempos ha sido la de los Obama y George W. y Laura Bush. El abrazo de Michelle Obama al expresidente Bush en la inauguración del museo de historia afro-americana de Washington, que él ayudó a crear, fue sólo una muestra más de una relación cordial.

El presidente Obama ha tenido a menudo palabras de respeto y reconocimiento para su predecesor, por ejemplo durante la presentación de los retratos en la Casa Blanca de los Bush en 2012.

Entonces Obama habló de la ejemplar transición de poder en medio de la explosión de la crisis financiera. También le dio las gracias por “un muy buen paquete de televisión con deportes” e insistió en lo que les une.

“Cada presidente es muy consciente de que es un residente temporal. Somos inquilinos aquí… Pero también dejamos un trozo de nosotros mismos aquí”, dijo.

El presidente Obama hizo campaña en las primarias demócratas y en las presidenciales en 2008 presentando como logro su temprana oposición a la guerra de Irak y también fue crítico con la gestión de la economía en los años de Bush que acabó con la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. Pero una vez en el cargo fue cuidadoso al referirse al legado de Bush e insistió más en las circunstancias excepcionales que le tocaron vivir al presidente republicano por los atentados del 11 de septiembre.

En 2011, cuando las fuerzas especiales mataron a Osama Bin Laden, la primera llamada que hizo Obama, según contó él mismo, fue al expresidente Bush.

Las cartas

El respeto y la responsabilidad compartida suelen cruzar barreras ideológicas al menos con el paso del tiempo. Clinton hablaba con cariño de una carta que le mandó Richard Nixon sobre Rusia poco antes de morir. Igual que de la misiva que le dejó en el Despacho Oval Bush padre antes de marcharse.

Trump también dijo poco después de llegar a la Casa Blanca que apreciaba el empeño que había puesto Obama en la carta que le había dejado. El actual presidente a ratos alabó la transición y a ratos la vituperó.

Su enfrentamiento ahora con Obama es tan inusual como las críticas de George W. Bush al actual presidente republicano.

La relación entre presidentes y expresidentes no es sólo una cuestión de cortesía. “Importa porque la Presidencia importa y el club protege el cargo”, escriben los autores del libro The Presidents Club.

En algunos casos, los expresidentes han servido a los que ocupan el cargo para misiones concretas, como Jimmy Carter que hizo de mediador para los dos Bush y para Obama, o como Herbert Hoover, que fue consejero y amigo de Harry Truman.

Nixon fue el primero que institucionalizó la relación e incluso dedicó un edificio enfrente de la Casa Blanca a las reuniones con expresidentes y ex primeras damas.

Los enemigos

Las relaciones también fueron gélidas en algunos casos. Truman y Eisenhower se enfrentaron cuando el primero era presidente y el segundo general y mantuvieron la animadversión durante años.

El día de su toma de posesión, Eisenhower se negó a comer con el todavía presidente Truman, apenas le habló en el camino en la limusina juntos de camino al Capitolio y al llegar se dirigió al presidente enfadado por haber traído a su hijo de la guerra de Corea para que pudiera presenciar la toma de posesión. Según Eisenhower, Truman estaba intentando “ponerle en evidencia”. En 1957, el presidente boicoteó la inauguración de la biblioteca presidencial de Truman.

Cuando Eisenhower dejó de ser presidente, Truman lo criticó diciendo que era un “cobarde” y no había “aprendido nada en todo el tiempo en el cargo”. Su primer momento de cordialidad en muchos años fue durante el funeral de John Kennedy. Compartieron automóvil y tragos.

Otra relación atormentada fue la de Nixon y Lyndon Johnson.

Ambos llegaron a ser aliados, pero la transición de poder fue tumultuosa, si bien sus enfrentamientos no fueran públicos. Durante la campaña, Nixon maniobró para que Johnson no alcanzara ningún acuerdo con Vietnam antes de que él ganara las elecciones. Nixon estaba convencido de que Johnson le había pinchado el teléfono. Y el presidente creía que el candidato estaba cometiendo actos de “traición”.


Obama sobre su sucesor

Lo habitual es que con el paso del tiempo la relación entre rivales mejore, sobre todo en el segundo mandato, cuando el presidente ya no tiene la presión para distanciarse del partido opuesto. Así fue para Obama, que unos meses después de ser reelegido dedicó sus palabras más cariñosas a Bush.

En abril de 2013, los Obama, junto a los Bush, los Clinton y los Carter, inauguraron la biblioteca presidencial de George W. Bush en Dallas.

“El club es más como un grupo de apoyo”, dijo Obama en referencia a él y los expresidentes.

Obama habló del liderazgo de Bush tras los atentados del 11 de septiembre, su lucha contra el SIDA y la malaria en el mundo o sus esfuerzos para llegar a acuerdos con los demócratas. “Conocer al hombre es que guste… Está cómodo en su piel. Se toma su trabajo en serio, pero no se toma a sí mismo demasiado en serio. Es un buen hombre”, dijo el entonces presidente.

Aquel día, cuando no podía imaginar quién sería su sucesor, Obama dijo: “Lo que sé sobre el presidente Bush y lo que espero que mi sucesor diga sobre mí es los dos amamos este país y lo hicimos lo mejor que pudimos”.

En fotos: Momentos no tan 'solemnes' en la Oficina Oval

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