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¿Es descabellado hablar del Nobel de la Paz para Trump por lo que está pasando entre las dos Coreas?

Muchos insisten en que el presidente estadounidense forzó a Corea del Norte a desistir de su programa nuclear, aunque por ahora lo único que haya habido es una cumbre binacional, muchas sonrisas y algunas promesas.
1 May 2018 – 05:48 PM EDT
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Theodore Roosevelt, Woodrow Wilson, Jimmy Carter, Barack Obama y ¿ Donald Trump? El nombre del actual presidente de EEUU suena como un posible candidato al Premio Nobel de la Paz por la manera cómo ha evolucionado la dinámica en la península de Corea, con lo que uniría su nombre a la galería de ilustres predecesores en la Casa Blanca distinguidos con el galardón.

Apenas terminó la cumbre entre el líder del Corea del Norte Kim Jong Un y el presidente de Corea del Sur Moon Jae-in que se realizó la semana pasada en la zona desmilitarizada entre ambas naciones empezaron las alabanzas a Trump, a quienes muchos de sus seguidores, y algunos que prefieren no identificarse como tales, acreditaban el logro de haber desmantelado la tensión entre dos países que técnicamente siguen en guerra desde 1953.

Pero la voz que dio mayor vuelo a la idea fue la del presidente surcoreano Moon quien dijo: “El presidente Trump puede llevarse el premio Nobel”, dijo y agregó “La única cosa que necesitamos es la paz”, quizá destacando que hasta ahora, más allá de sonrisas y gestos simbólicos, nada ha cambiado en la dinámica regional.

“Creo que el presidente Moon ha sido muy amable cuando lo sugirió”, fue la primera reacción del aludido este martes.

Para contrarrestar los argumentos de quienes aseguran que sería muy pronto otorgar la distinción al presidente por simplemente promover una cumbre de mandatarios, los promotores de Trump recuerdan cómo Obama obtuvo el premio en 2009 cuando no había cumplido un año en el gobierno y sus políticas no habían todavía tenido impacto sustancial en las relaciones internacionales.

El comité del Nobel concedió a Obama el reconocimiento por la “esperanza” que consideraba que daba al futuro su sola elección, luego de que tras ocho años de la Casa Blanca de George W. Bush dejara el sistema internacional desbaratado con su decisión unilateral de invadir Irak sin la autorización de Naciones Unidas. Es decir, que lo de Obama no fue tanto por lo que hizo sino por la promesa de mejorar las cosas.

Y ese mismo sería el mérito del presidente Trump, el de haber fomentado el diálogo entre las dos Coreas y potencialmente lograr que se firme un acuerdo definitivo de paz que ponga fin a la guerra que los enfrentó entre 1950 y 1953, cuyas hostilidades fueron suspendidas por un armisticio.

En historia del premio hay una larga lista de galardonados que han generado polémica por ser vistos por algunos como poco merecedores de la distinción: Desde el líder palestino Yasser Arafat hasta el presidente colombiano Juan Manuel Santos.


Más allá de si es merecedor del Nobel o no, muchos consideran que Trump debe recibir el crédito de haber forzado un cambio en las tensas relaciones entre las dos Coreas y logrado que Kim anunciara el fin de las pruebas nucleares y el desarrollo de misiles (algo que por ahora solo está en lo declarativo).

“Sí, yo creo que el presidente Trump merece algún crédito por cambiar la dinámica en la relación con Corea del Norte. Pero hay que ser muy cuidadoso sobre lo que Trump está haciendo”, dijo a Univision Noticias Frank Januzzi, presidente de la Fundación Mansfield, un centro de estudios político asiáticos ubicado en Washington DC.

Lo paradójico en este caso es que hasta hace unos meses, Trump parecía estar azuzando peligrosamente el avispero al intercambiar en Twitter amenazas y hasta insultos personales con Kim Jon Un, un líder de cuyo aplomo pocos podrían fe.

Trump desafiaba a Kim porque decía tener el “botón más grande”, en una referencia al poder del arsenal nuclear estadounidense, luego de que el norcoreano amenazara con mandar misiles a Hawái.

Líderes políticos y diplomáticos de todo el mundo contuvieron la respiración y aconsejaban mesura a Washington para lidiar con los norcoreanos, quienes habían entrado en una frenética actividad para probar misiles balísticos y armas nucleares en violación de sus compromisos con la comunidad internacional.

Algunos creen que Corea del Norte volvió al redil de la diplomacia no tanto por lo que hiciera o dijera Trump sino porque se sentía con la confianza suficiente en su desarrollo nuclear para regresar a las conversaciones (las cuales en el pasado han conducido breves períodos de distensión seguidos por renovados esfuerzos por desarrollar su arsenal nuclear).

"El verdaderamente significativo mejoramiento de las capacidades de disuasión nuclear de Corea del Norte de los últimos 18 meses. Kim Jong Un ha logrado mayores avances en la tecnología misilística en sus cinco años de liderazgo que en los años de su padre y su abuelo combinados”, estima Januzzi.


Las dos Coreas han hablado antes y los logros de esos diálogos han ido desvaneciéndose a medida que la desconfianza se reestablece entre las partes.

La diferencia con Trump es que ha jugado retóricamente más fuerte que sus predecesores y poniendo en práctica una estrategia en apariencia contraproducente coqueteado con China, el principal aliado de Pyongyang, para luego criticarla por “hacer poco” o amenazado con dejar a Corea del Sur a su suerte retirándole el paraguas defensivo estadounidense.

Quizá el comité del Nobel recuerde el criticado premio a Obama en 2009 con el que esperaban dar un empujón al nuevo presidente y piensen que en estos casos es mejor pagar por resultados una vez se obtengan. Como apuntaba el presidente surcoreano, en la península todavía hace falta llegar a la paz.

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