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Cuando el sueño está en Suecia: la ‘dreamer’ que se fue a Europa para no depender del "capricho" de políticos como Trump

Berenice Villegas llegó a Ohio con 13 años y sin documentos de residencia. Estudió con becas en Columbia y en Harvard, pero después descubrió que la vida era más fácil en Europa. Ahora ha optado por "esperar" a ver qué hace el nuevo presidente.
6 Feb 2017 – 6:18 AM EST

A finales de 2015, Berenice Villegas optó a un puesto como asistente de laboratorio y fue aceptada de inmediato. Había estudiado en Columbia y Harvard, tenía la recomendación de profesores y el aval de becas para demostrar su talento. En un par de semanas le hicieron los papeles para la residencia y el permiso de trabajo que pudo recoger directamente en el lugar donde iba a vivir. Ella nació en un pequeño municipio de Guanajuato, en México.

Berenice, de 27 años, trabaja en el Departamento de Biología de la Universidad de Uppsala, al norte de Estocolmo. Llegó con sus padres con 13 años a Ohio sin papeles de residencia después de cruzar el desierto de Arizona. Su familia sigue viviendo en Estados Unidos, pero ella logró estudiar y trabajar en Europa, donde su estatus migratorio no era un problema y donde consiguió becas por la excelencia de su labor.

Después de estudiar en Holanda y en Francia, la admitieron en la Universidad de Harvard con una beca de la Unión Europea, pero ahora está de vuelta en Europa.

En Suecia tiene un buen trabajo dentro de un proyecto que se dedica a estudiar la genética de seres humanos prehistóricos. Ella limpia huesos de hace 5,000 o 10,000 años y les extrae muestras para tener pruebas de ADN.


"Aquí hay muchas oportunidades que en Estados Unidos como persona indocumentada son difíciles de conseguir", me cuenta Berenice desde Uppsala.

Ella se considera una dreamer aunque nunca llegó a pedir la protección de DACA y gracias a la embajada de Estados Unidos en Francia logró un visado de estudiante para ir a Harvard. Después, cuando expiró, en la embajada en México le dijeron que estaba mal tramitado y que necesitaba un permiso especial que la eximiera del castigo de no entrar en Estados Unidos durante diez años.

Otro funcionario de la embajada estadounidense optó por considerar que en su caso podría ser una dreamer y ahora al menos tiene un visado de turista con el que puede visitar a sus padres. Pero su estatus migratorio sigue siendo "sensible" y cada vez que entra de visita a Estados Unidos los agentes de frontera le hacen una entrevista especial.

La libertad

"Europa me ha dado la libertad que no tenía antes. Puedo viajar, me puedo mover por cualquier país europeo. Algo que no tenía en Estados Unidos… En Suecia, me siento bienvenida aunque sea inmigrante. Ellos tratan muy duro de hacer que todos los nuevos inmigrantes se sientan bienvenidos en su país", me dice.

"Ahorita mi vida no depende tanto de lo que diga un político. En Estados Unidos, por los caprichos de algún político, las vidas se ven muy afectadas. Aquí tengo más control sobre mi carrera, sobre mi vida, que antes".

Berenice se sorprendió al descubrir el sistema de salud público sueco y ver que sólo tenía que pagar 15 dólares por una visita y que nunca pagaría más de 150 por cualquier intervención o asistencia médica. O los sueldos para estudiantes de doctorado. O las becas disponibles.

Cuando va a la oficina de inmigración para algún papeleo, se fija en lo atentos que son los funcionarios con los refugiados que piden asilo y lo mucho que se preocupan de que siempre haya un intérprete de cualquier idioma.


El miedo al racismo

Aun así, su idea, al menos antes del triunfo de Donald Trump, era volver a Estados Unidos por su familia.

Sus padres y su hermano siguen viviendo en Ohio. Su padre se dedica a la construcción y su madre es ama de casa. Tienen toda su vida allí y no se imagina que pudieran empezar de nuevo en Europa, ni siquiera su hermano, que tenía siete años cuando la familia se marchó de México.

En diciembre, les visitó y vio de cerca el ambiente lúgubre en comunidades como la suya por la llegada del nuevo presidente y la manifestación pública de prejuicios con agresiones físicas o verbales que no habían vivido antes.

"La gente está muy asustada", dice hablando sobre familia y amigos. "Porque no saben qué va a pasar, están muy preocupados también por el racismo. Mi familia le teme más que a la deportación".

El destino escandinavo

Berenice tiene otros amigos mexicanos que vivían en Estados Unidos y que acabaron como ella en Suecia o en Noruega, estudiando y trabajando con menos problemas.

Berenice recalca que lo que ella ha conseguido supone también sacrificios. "Hay días que son muy difíciles por el frio, la oscuridad y el hecho de que es una vida muy solitaria. No es para todos y siempre existe el riesgo que no pueda regresar a Estados Unidos", dice.

Ha empezado un blog para contar su historia y dar consejos a personas que como ella quieran buscar oportunidades fuera de sus países de origen y no sólo en Estados Unidos. Se llama “Undocumenting Without Borders”. También es una manera de homenajear a sus padres, a quienes les debe ahora su “libertad” a costa de sus sacrificios.

En su blog cuenta que no le gusta pertenecer a la categoría de " dreamers". "Este ultimo año me he dado cuenta que el tema está causando división en la comunidad porque separa a los “buenos” inmigrantes de los “malos” inmigrantes y desafortunadamente mis padres caen bajo esa categoria", explica.

Ahora piensa hacer otra maestría sobre Salud Pública en Europa, aunque su sueño sería especializarse en Epidemiología en la Escuela Mailman de la Universidad de Columbia en Nueva York, lo que más le interesa desde que trabajó en Francia en un proyecto sobre enfermedades infecciosas.

Lo que quiere investigar es cómo los factores genéticos hacen a alguien más susceptible a sufrir enfermedades. “Esto tiene más conexión con la comunidad. Me gustaría que mis proyectos se pudieran convertir en acción, en algo concreto”, explica.

"En estos años he estado muy alejada de lo que es mi comunidad. Y me gustaría servir también como guía de apoyo de estudiantes, personas que estén en mi situación".

Pero ahora toca esperar a ver qué hace exactamente el presidente de Estados Unidos y cómo afecta a su vida. "Quiero esperar un poco, a ver cómo está la situación", dice.

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