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¿Busca Trump tender un puente con los republicanos en su reunión con Romney?

La reunión este sábado entre el presidente electo y uno de los republicanos que más se opuso a su candidatura es una señal de que Trump está dispuesto a enmendar las relaciones con el Partido Republicano. Pero los nombramientos de su gabinete indican que, por ahora, ganan aquellos que le fueron leales durante la campaña.
19 Nov 2016 – 8:41 AM EST

Mitt Romney fue una de las voces republicanas más críticas e influyentes contra Donald Trump. Desde los albores de las elecciones, advirtió que la victoria del magnate tendría consecuencias “profundas” para el Partido Republicano. Lo tildó de ser un “farsante” y cuestionó su “temperamento” para liderar el país.

La brecha que los divide parecía insalvable, hasta ahora. Trump se reúne con Mitt Romney este sábado en Nueva Jersey para solicitar su “consejo”, según fuentes del equipo de transición presidencial. Incluso se especula sobre la posibilidad de que le ofrezca el codiciado puesto de secretario de Estado.

Por la puerta giratoria de la Torre Trump en Nueva York –el cuartel general de Trump en estos días– han pasado otras figuras republicanas que tuvieron sus enfrentamientos con el magnate, tal como la gobernadora de Carolina del Sur, Nikki Haley, y el senador por Texas y ex candidato presidencial, Ted Cruz.

Estos encuentros, más allá de que no desemboquen en puestos en el nuevo gabinete, son una señal incipiente de que el presidente electo está dispuesto a dejar atrás el espíritu vengativo que cultivó durante la campaña y tender puentes con el establishment republicano, según analistas consultados por Univision Noticias.

“Considero que está intentando forjar una imagen presidencial y haciendo la transición entre hacer campaña y gobernar”, dice Ross Baker, politólogo de Rutgers University. “Mostrar que es magnánimo es útil para la imagen que desea cultivar. Durante la campaña lo último que dirías de Trump es que era magnánimo. Pero creo que entiende que los presidentes no pueden ser vistos como tan volátiles y agresivos como un candidato”.


Trump y el establishment

Trump, un empresario multimillonario sin experiencia política, tuvo una relación conflictiva con el Partido Republicano. Su estilo divisorio lo enemistó con figuras de peso como Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, quien lo abandonó en la recta final de la contienda después que saltara el escándalo por el video en el que el magnate alardeó de manosear a las mujeres a su antojo.

Eso fue antes de su inesperada victoria en noviembre. Los republicanos que habían huido de su lado parecen aceptar una nueva realidad: tienen más para ganar con él que mantenerse en pie de guerra. “Creo que sus rivales se están rindiendo. Primero fue Paul Ryan, ahora Mitt Romney, y algunos senadores que fueron muy críticos con él como Jeff Flake, de Arizona”, considera Baker. “El sentimiento general es que no tratarán de resistir lo inevitable”.

Trump también necesitará acercarse al establishment que tanto despreció en sus discursos, especialmente en el Congreso –donde los republicanos retuvieron la mayoría en ambas Cámaras– para mover algunos puntos de su agenda. Incluso deberá encontrar un terreno común con legisladores demócratas para propuestas más costosas que no son bien vistas por muchos conservadores fiscales de su partido, tal como sus proyectos de infraestructura.

¿Un gabinete leal o con rivales?

Otro paso mucho más simbólico y de largo alcance sería designar en su futuro gabinete a figuras republicanas que mostraron su desacuerdo con él a lo largo de la contienda, pero que tienen un perfil idóneo para el cargo y buenas relaciones con el partido. Una de las preguntas irresueltas, hasta ahora, es si Trump mantendrá la actitud de un caudillo que valora la lealtad por encima de cualquier criterio, o si estaría dispuesto a considerar a alguien como Mitt Romney para ser el rostro de la diplomacia estadounidense.

“Una de las cosas más importantes que un presidente electo puede hacer durante este período es nombrar a personas que son expertas y representarán bien al país, y que están dispuestas a anteponer la verdad al poder y llamar la atención del presidente cuando creen que está equivocado”, explica David Cohen, profesor de ciencias políticas de la University of Akron.

Cohen considera que el nombramiento de Romney sería un gesto “acertado” y mucho más “radical” que el del mandatario Barack Obama en 2008, cuando eligió a Hillary Clinton como secretaria de Estado tras unas primarias demócratas contenciosas. Fue parte de una estrategia que en su momento se conoció como la conformación de un 'equipo de rivales'.

En este caso, las diferencias son más pronunciadas. “Había más puntos en común entre Obama y Clinton que entre Trump y Romney. Clinton, además, apoyó e hizo campaña por Obama después de que él ganase la nominación del partido; Romney no hizo lo mismo por Trump”, afirma el analista.

Los desacuerdos entre Romney y Trump también se extienden a cuestiones de política exterior. El primero considera que Rusia es el “principal enemigo geopolítico” de Estados Unidos; el segundo ha expresado su admiración hacia el líder ruso, Vladimir Putin, y señalado su disposición de mejorar las relaciones bilaterales con un país que es gobernado con mano de hierro.

Los primeros nombramientos del presidente electo incluyen a Reince Priebus, el futuro jefe de gabinete de Trump, quien está bien vinculado en Washington. Pero también se suben al barco figuras marginales y polémicas, como la de Stephen Bannon, presidente del sitio web Breitbart Newsbrazo mediático de la derecha alternativa– quien fue designado como estratega jefe y consejero del magnate.

Esta semana, Trump nombró en puestos de seguridad nacional y justicia a tres ultraconservadores dispuestos a ratificar sus propuestas más incendiarias sobre inmigración, el trato hacia los musulmanes y el uso de la tortura para interrogar a sospechosos de terrorismo. Jeff Sessions será el nuevo fiscal general; el general Michael Flynn será consejero de Seguridad Nacional y Mike Pompeo estará al frente de la CIA.

Todos tienen algo en común: fueron fieles a Trump durante la turbulenta campaña electoral. Una indicación de que, por ahora, no habrá quién le lleve la contraria, al menos en su círculo más cercano.



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