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Joaquín Guzmán

Esta es la historia del mexicano de la DEA que atrapó a ‘El Chapo’, le “quiso pegar” a Emma Coronel y fue a la sentencia

Un oficial antinarcóticos que lideró la incursión para arrestar al exjefe del cartel de Sinaloa en 2014 hizo público su triunfo en el juicio, pero terminó reconociendo que ilegalmente portó un rifle de asalto en ese operativo en México. Antes de la sentencia, la esposa del capo denunció que él trató de golpearla.
21 Jul 2019 – 11:06 AM EDT

Víctor J. Vázquez llegó temprano a la corte federal de Brooklyn el 17 de julio. Era un día soñado para este agente antinarcóticos que ganó prestigio cumpliendo una misión que parecía imposible: capturar a Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán en 2014 y ver su caída en un tribunal estadounidense cinco años después.

El esfuerzo de Vázquez, quien lleva 15 años en la Administración para el Control de Drogas (DEA), recuerda el que hizo Enrique ‘Kiki’ Camarena, el oficial de esa agencia que fue torturado hasta la muerte por miembros del cartel de Guadalajara, antecesor del cartel de Sinaloa, en la década de 1980.

Tanto Vázquez, como Camarena, nacieron en México, crecieron en Estados Unidos y regresaron a su país de origen para liderar operativos enfocados en narcotraficantes de alto perfil. De hecho, los dos tuvieron en la mira al mismo hombre: Rafael Caro Quintero.

Camarena lo buscaba por un enorme plantío de marihuana en el rancho ‘El Búfalo’ en Chihuahua. Vázquez, por su parte, le seguía la pista por el brutal asesinato de ‘Kiki’ Camarena, quien descubrió aquel enorme sembradío de hierba. El gobierno de EEUU ofrece por la detención de ‘El narco de narcos’ una histórica recompensa de 20 millones de dólares.

Nativo del estado de Durango, en el norte de México, Vázquez estuvo en primera fila en la sala 8D de la corte neoyorquina. Siguió atento la audiencia en la cual sentenciaron a Guzmán a pasar el resto de su vida tras las rejas. Este castigo lo purga desde el viernes en la prisión de máxima seguridad Florence ADMAX de Colorado, a la cual trasladan a los peores criminales enjuiciados en este país.


El agente Vázquez salió satisfecho del tribunal cuando el juez Brian Cogan cerró este mediático juicio. Se fue por la puerta trasera de la corte. A su jefe le tocó dar un discurso ante la prensa afuera del recinto.

La carrera policiaca de este funcionario comenzó en el Sheriff del condado de San Diego, en California, en cuya nómina estuvo solo tres años. También fue efectivo de la Marina de EEUU. Cuando se unió a las filas de la DEA lo asignaron a las oficinas en Imperial, California; Tucson, Arizona; y después lo enviaron a la Ciudad de México, donde coordinan las acciones contra los carteles de la droga.

Seis años después de colaborar en la capital mexicana compartiendo información con las autoridades de ese país sobre casos de alto perfil, a Vázquez le confiaron la peligrosa tarea de arrestar a cualquiera de los tres jefes del cartel de Sinaloa: Caro Quintero, ‘El Chapo’ Guzmán o Ismael ‘El Mayo’ Zambada.

“Son los líderes del cartel”, aseguró este oficial antinarcóticos al testificar en el juicio contra Guzmán en enero pasado. Precisó en el tribunal que la finalidad era “eventualmente capturarlos y extraditarlos a Estados Unidos para que enfrentaran cargos”.

- ¿Fueron exitosos?, le preguntó un fiscal.

- Pudimos arrestar a Joaquín Guzmán Loera, respondió orgulloso.

No fue fácil colgarse esa medalla. Vázquez contó en un relato casi cinematográfico que su misión comenzó en enero de 2014 y concluyó unas semanas después cuando acompañó a Guzmán hasta una cárcel en la Ciudad de México.

Aseguró que lo logró porque decidió dejar de incluir a la “corrupta” Policía Federal mexicana de sus operativos, temiendo que estuviese en la nómina del cartel.

“Lo habíamos hecho con ellos antes (las incursiones); simplemente por el nivel de corrupción (en esa agencia) no iba a funcionar si los usábamos de nuevo”, explicó.

Así se le escapó ‘El Mayo’ Zambada

Un mes después de su llegada a La Paz, en Baja California Sur, el 13 de febrero de 2014, Vázquez decidió que tenían suficiente evidencia de que ‘El Mayo’ Zambada, quien lleva 55 años en el narcotráfico, pero jamás ha pisado una prisión, se escondía en un rancho al este de Culiacán.

Dos videos de esa operación se mostraron en la corte. En uno se observan los árboles, matorrales y caminos de tierra en una humilde ranchería que se agitaban por las hélices de un helicóptero Black Hawk artillado que sobrevolaba a poca altura. También se ve a marinos mexicanos que sostienen rifles de asalto buscando francotiradores, vigías o caravanas de camionetas con pistoleros del cartel.

Según el relato de Vázquez, todos eran sospechosos, incluso policías y efectivos del Ejército.

El agente de la DEA y unos 100 marinos instalaron un mes antes, en completo sigilo, un campamento en La Paz, por su cercanía con Sinaloa. Entrenaron, convivieron y analizaron varios reportes de inteligencia, hasta que les dieron las coordenadas de ‘El MZ’, como también le dicen al capo.

Ese día fueron en cuatro Black Hawks que volaron en formación de combate. Cruzaron el Mar de Cortés enfocados en ‘El Mayo’, pero cuando descendieron en su guarida ya había escapado.

“Llegamos y registramos el rancho”, relató Vázquez ante el jurado. Dos videos que el oficial de la DEA tomó con una cámara GoPro que colocó en su casco fueron mostrados en la corte de Nueva York.

En la segunda grabación se ve a los militares registrando una casa dentro de la finca. Sin lujos, la vivienda tenía tres recámaras, en una de las cuales encontraron una gorra de béisbol que pertenecía a Zambada. Arrestaron a las personas que cuidaban la propiedad.

“Buscamos evidencia o algo que me dijera que estuvo ahí, cuándo estuvo ahí. Si los baños habían sido usados, si estuvo ahí y se fue”, describió el agente antinarcóticos, mientras se proyectaba en la corte su grabación en la que fue recorriendo el interior de la casa y luego sale.

La operación no terminó ahí. En los siguientes dos días le siguieron la pista a los más allegados del capo, logrando detener a dos y confiscaron cientos de armas. Ese fue el último intento de ese grupo de élite de la Marina y de la DEA para capturar al escurridizo Zambada: ya se había corrido la voz de que militares andaban tras los jefes del cartel y su presencia en Culiacán se tornó aún más peligrosa.

El comando decidió reagruparse al norte, en Topolobampo, donde se enfocaron en otro fugitivo: ‘El Chapo’. El 17 de febrero de ese año lo siguieron por varias casas de Culiacán, pero huyó por un túnel que surgía desde una tina de baño. Sus acciones continuaron hasta el Hotel Miramar de Mazatlán, donde lo arrestaron la madrugada del 22 de febrero. Era la segunda vez que el capo terminaba bajo custodia.

Guzmán bajo custodia: “¡Dios! ¡Es él!”

De acuerdo con el relato de Vázquez, el segundo arresto de Guzmán se logró gracias a que unos días antes capturaron a uno de sus cómplices más cercanos, apodado ‘Nariz’, quien estaba en una fiesta.

Alias ‘Nariz’ llevó en su propio vehículo al agente de la DEA y a los marinos hasta una de las casas de seguridad en las que se ocultaba ‘El Chapo’. Detrás, a bordo de vehículos sin insignias, los militares lo seguían. Al llegar a una calle se abrió el garaje de una vivienda de dos niveles.

Estaban encendidas las luces del segundo piso de la propiedad, pero los militares tardaron entre 8 y 9 minutos tratando de abrir la puerta principal dándole golpes con una barra de metal. La indicación era llegar hasta la bañera de la recámara principal, que ocultaba un mecanismo que conectaba al sistema de drenaje de la ciudad. El escurridizo Guzmán había huido otra vez.

Vázquez contó que el pasadizo era “muy chiquito” y “muy caliente”. Él mismo se atoró tratando de entrar. Dice que pidió “voluntarios” para entrar al túnel y que todos los marinos levantaron la mano. Solo podían ingresar con pistolas y chalecos antibalas. Los primeros que entraron alcanzaron a escuchar los gritos de ‘El Chapo’, pero no lo detuvieron.

Fueron a otras cuatro casas de seguridad, algunas de las cuales tenían túneles debajo de las bañeras. Solo encontraron un arsenal, el cual incluida un lanzagranadas, droga y fotos de los hijos del capo.

En los siguientes días, la Marina arrestó a otro operador del cartel apodado ‘Picudo’, quien confesó que ‘El Chapo’ le había pedido ayuda para llegar a Mazatlán. Antes de arribar al destino turístico, los militares compraron shorts y sandalias para hacerse pasar por visitantes.

Hasta la madrugada del 22 de febrero de ese año se animaron a entrar al Hotel Miramar, el cual era custodiado por dos patrullas municipales, lo cual les hizo sospechar aún más que era la guarida que buscaban. Solo se acercaron unos 25 militares y Vázquez para no llamar la atención.

Eventualmente, al oficial de la DEA le notificaron que tenían a ‘El Chapo’ por radio. Cuando subió a la habitación en el cuarto piso los marinos le pidieron: “¡Confirma! ¿Es él? ¿Es él?”.

Al aproximarse al hombre de bigote que tenían hincado, el funcionario estadounidense expresó: “¡Dios! ¡Es él!”. Luego se dirigió al narcotraficante y le dijo: “Eres tú”.


“Me quiso pegar, pero lo detuvieron”

En ese condominio ‘El Chapo’ no estaba solo. “Estaba su esposa y dos pequeñas”, confirmó Vázquez.

Cuando el agente narraba esa captura se mostró en el tribunal una foto de la mujer del mafioso, Emma Coronel, quien ese día estaba presente en la corte.

En ese justo momento, ella se veía particularmente incómoda: hacía un sonido repetitivo con las uñas de su mano derecha, golpeando la banca de madera en la que estaba sentada. Aceleró el ruido mientras el oficial antinarcóticos contaba cómo se fue acercando al capo sinaloense, quien ya se encontraba hincado entre marinos, para reconocerlo.

La esposa de Guzmán dio su versión de los hechos al periodista y autor J. Jesús Esquivel, quien publicó la entrevista en el libro El juicio. Crónica de la caída del Chapo, de la editorial Grijalbo.

Ella narró que terminó afectada emocionalmente tras el operativo. “Quedé bien traumada cuando detuvieron a Joaquín”, le dijo a Esquivel. Según ella, la actitud de Vázquez no fue profesional.

“El día de la detención nosotros llegamos, nos llevaron en una camioneta al cuartel de Mazatlán, separadas yo y la nana, y la cocinera y otro muchacho en la parte de atrás. Iban manejando dos militares. Nos dejaron ahí estacionados (…) A Joaquín lo tenían no sé dónde, allá adentro, y se arrimó alguien al carro y era él (Vázquez), pero en tono burlesco, como burlándose, como que fue a ver por curiosidad (...) Yo estaba con los ojos vendados, pero la voz era de él”, dice en la entrevista.

Coronel afirmó que el agente trató de golpearla porque ella le respondió en tono irónico “pues ya era hora” cuando él se mofaba que ‘El Chapo’ estaba bajo custodia. Se lo impidieron militares mexicanos.

“Me quiso pegar, pero los demás lo detuvieron y ya le dijeron: ‘No, no, ya vete, vete, quítate’, y se lo llevaron”, relató en la entrevista.

Un año después, Guzmán escapó de una prisión en el centro de México a través de un túnel.


Armado y con uniforme de militares mexicanos

En el juicio, los abogados de Guzmán también lo pusieron contra la pared, quien reconoció en un contrainterrogatorio que usó ilegalmente un rifle de asalto y un uniforme de la Marina mexicana. Entonces no había sido aprobada una iniciativa de ley en el vecino país que autorizó que haya agentes extranjeros armados en su territorio. Antes de que eso ocurriera, la portación de armas de fuego por parte de agentes de la DEA era un tema candente.

En una foto que se mostró al jurado se observa a Vázquez sosteniendo un rifle de asalto y vistiendo un uniforme militar frente a 2,800 paquetes de metanfetamina que se encontraron en una de las cinco casas de seguridad que fueron cateadas el 17 de febrero cuando buscaban a ‘El Chapo’.

Ya que se cubría el rostro con una máscara negra, usual entre los militares y policías en el vecino país, hasta ese día se reconoció oficialmente que se trataba de un policía estadounidense armado.

“Es un rifle de asalto”, aceptó Vázquez, quien detalló que su rol en los operativos de la Marina era ofrecer “guía, información histórica, información de inteligencia y experiencia”.

“¿Por qué portar un arma de asalto?”, le preguntó el abogado Eduardo Balarezo, quien ya salió del equipo legal del narcotraficante.

“Protección. Porque, como dije, la ciudad de Culiacán es controlada por el cartel de Sinaloa. La portaba por protección, por si los miembros del cartel atacaban a los marinos”, explicó.

Esta confesión no despertó polémica en México, ni en EEUU. La Fiscalía impidió que la defensa indagara más y el asunto se ahogó entre los múltiples escándalos que se exhibieron en el juicio.

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