Ante las críticas y los comentarios internacionales sobre por qué Punch, un macaco japonés abandonado por su madre, se refugia en un peluche y no en otros monos, el Zoológico y Jardín Botánico de la Ciudad de Ichikawa, en Japón, decidió aclarar su proceso de crianza y revelar un antecedente que cambia por completo la conversación: el pequeño no ha sido el único en crecer abrazando un juguete.
Punch no ha sido el único en crecer abrazando un peluche: la historia de Otome, el mono criado artificialmente
Ante las críticas y los comentarios internacionales, el Zoológico y Jardín Botánico de la Ciudad de Ichikawa, en Japón, decidió aclarar el proceso de crianza de Punch y revelar un antecedente que cambia por completo la conversación: el pequeño no ha sido el único en crecer abrazando un juguete
La imagen del pequeño aferrado a un muñeco de felpa se volvió viral en cuestión de horas, y para muchos era una escena desgarradora; para otros, motivo de indignación. Sin embargo, detrás hay un protocolo diseñado para algo mucho más grande que la ternura: la reintegración.
Punch, en proceso de crianza artificial
Según un comunicado emitido el viernes 27 de febrero de 2026 por el zoológico de Ichikawa, Punch está siendo criado artificialmente con un objetivo claro: regresar a la manada.
Desde el 19 de enero de 2026 comenzó a pasar tiempo en la montaña de monos, el recinto donde convive el grupo completo. El proceso fue gradual y cuidadosamente planeado para que cada miembro pudiera reconocerlo como parte del conjunto.
Primero interactuó a través de cercas, luego ingresó acompañado por cuidadores, y antes de su integración definitiva convivió con una joven hembra que mostró conductas amables hacia él. Solo cuando los especialistas confirmaron que podía relacionarse sin intervención constante, se dio el paso final.
El peluche cumple una función esencial, ya que según los expertos simula el contacto materno y evita que el bebé macaco genere una dependencia excesiva hacia los humanos. Durante la alimentación recibe el contacto físico necesario para su desarrollo, pero fuera de esos momentos necesita un punto de seguridad que no sea una persona.
En la naturaleza se aferraría al vientre de su madre; Punch se aferra a lo que tiene, su peluche. Pero esta historia no comenzó con él.

Antes de Punch, Otome rompió corazones
En junio de 2008, los cuidadores encontraron a una cría recién nacida sola dentro del recinto cuando una hembra experimentada la protegía, pero no era su madre. No había señales de parto reciente, por lo que era evidente que la pequeña había sido abandonada.
Estaba fuerte aunque con algunos rasguños en el rostro y pesaba alrededor de 500 gramos, más que en otros casos anteriores. Fue colocada en una incubadora y comenzó la crianza artificial con fórmula para bebés humanos y luego los cuidadores la llamaron Otome.
Como todo macaco japonés, necesitaba aferrarse a algo. Primero fueron toallas; después, peluches. Entre todos, un gran oso amarillo se convirtió en su refugio. Dormía abrazada a él, corría hacia él cuando otros monos la intimidaban y encontraba ahí la calma que su madre biológica no pudo darle, así como ahora para con el pequeño Punch.

¿Apego humano excesivo?
La crianza artificial puede convertirse en un obstáculo si el apego humano es excesivo, pues según los especialistas, un bebé mono que teme a su propia especie puede sufrir estrés severo y ser rechazado por la manada.
Por eso, conforme Otome crecía, el contacto con los cuidadores disminuyó estratégicamente; el objetivo no era reemplazar a su madre, sino prepararla para vivir sin depender de las personas. Poco a poco comenzó a jugar con otros monos nacidos ese mismo año. Amplió su territorio, ganó confianza y fue aceptada; con el tiempo, el oso dejó de ser indispensable.
Otome no solo logró integrarse: años después dio a luz en cuatro ocasiones y crió sola a todas sus crías, quienes también han tenido hijos. La pequeña que necesitó un peluche para sentirse protegida se convirtió en madre y después en abuela.
Lo que viene para Punch
Hoy Punch sigue abrazando su muñeco cuando siente miedo o busca consuelo; según el Zoológico y Jardín Botánico de la Ciudad de Ichikawa, es una etapa. La historia de Otome demuestra que un peluche no define el destino de un macaco; puede ser simplemente el puente entre el abandono y la pertenencia.
Quizá dentro de algunos años la imagen que hoy conmueve al mundo sea recordada como el comienzo de algo más grande. Tal vez Punch, como Otome, encuentre su lugar definitivo en la manada y un día suelte el peluche porque ya no lo necesita.
JICM








