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Matrimonio Igualitario

Lol Kin y Judith: esposas en los papeles, pero sin los mismos derechos

Fueron las primeras mujeres en casarse en la primera unión entre personas del mismo sexo en Ciudad de México, pero seis años después, Lol Kin Castañeda y Judith Vázquez siguen peleando por que se les otorguen los mismos derechos que a los matrimonios convencionales.
22 Sep 2016 – 12:43 PM EDT


Cuando Lol Kin Castañeda y Judith Vázquez se dieron el “sí quiero“ en la Ciudad de México hace seis años lo celebraron como una gran victoria. No sólo estaban uniéndose a la persona con la que querían pasar el resto de sus vidas, sino que además se convirtieron en una de las primeras parejas del mismo sexo en ser oficialmente reconocido en México.

Judith recuerda que aquel día sintió una “emoción indescriptible”: “Jamás había imaginado que yo me iba a casar porque ese derecho no existía para una mujer lesbiana como yo, así que para mí el día de mi matrimonio fue el día más importante de mi vida (…) Pensé que ya podía morirme en paz porque nadie le podría quitar a Lol lo que habíamos construido juntas”, recuerda en entrevista con Univision Noticias.

Pero la alegría les duró poco. Un mes bastó para que se dieran cuenta de que esa unión no les garantizaba los mismos derechos que a una pareja heterosexual, pese a que ambas mujeres estaban entre las primeras parejas en beneficiarse de la modificación al Código Civil que hizo en 2009 la capital mexicana con la que se redefinió al matrimonio como la unión entre dos personas, sin importar su género.

En el momento en que se unieron en matrimonio, Lol Kin y Judith llevaban siete años juntas como pareja y trabajando por la igualdad de derechos para las personas de la comunidad LGBT (lesbiana, gay, bisexual y transexual).

Ya en aquellos años de noviazgo se dieron cuenta de la necesidad de que las reconocieran legalmente como pareja: “Antes de casarnos, ella llegó al hospital inconsciente, pero el médico no me reconoció como su pareja para hacerme cargo de las decisiones que tenían que ver con su vida”, afirma Judith, quien es teóloga. “Tuvimos que esperar a que llegara su familia a asumir la titularidad de las decisiones médicas, así de grave es el asunto”, lamenta.

Nueve meses para un trámite de diez minutos

“Cualquiera pensaría que la figura del matrimonio civil es realmente la antesala de un trato igualitario”, agrega por su parte Lol Kin Castañeda, que representa al izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD, gobernante en la capital) en el grupo encargado de escribir la Constitución Política de la Ciudad de México.

Nada más lejos de la realidad. Una vez casadas, un trámite sencillo para cualquier matrimonio convencional para ellas se convirtió en un largo proceso de meses y de ires y venires ante las autoridades.

“Al casarnos en 2010, el Estado ya nos considera como una familia. En ese momento comenzamos la pelea para que ella pudiera registrarme ante el Seguro Social. El trámite que a una pareja heterosexual le toma 10 minutos a nosotros nos tomó nueve meses y todo un proceso jurídico judicial”, señala Judith.

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) permite que un trabajador o pensionado que esté registrado ante la institución para recibir atención médica pueda registrar también a su pareja. Pero los matrimonios entre personas del mismo sexo tuvieron que esperar a una decisión de 2014 de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para poder hacerlo.

“El matrimonio no solo tiene que ver con la fiesta y la celebración”, afirma Lol Kin. “Es un contenedor que garantiza obligaciones y derechos. En las relaciones se comparte la vida, las decisiones, se conforma un capital y se compra una casa”.

Pero para las parejas del mismo sexo, lamenta, aún hay muchos vacíos jurídicos como en casos de fallecimiento, divorcio o violencia doméstica. “Son realidades silenciadas y sin estatus jurídico definido”.


Todas las de ganar, pero hay que invertir tiempo

En junio de 2015, la SCJN declaró inconstitucionales las leyes que definían el matrimonio como la unión exclusivamente entre un hombre y una mujer por considerarlas discriminatorias para los derechos que garantiza la Constitución.

Eso hace que, aunque los códigos civiles locales prohíban el matrimonio homosexual, con un amparo las parejas del mismo sexo que así lo deseen puedan casarse, algo que ya ha sucedido en distintos puntos de México.

“Las personas del mismo sexo que se han casado han tenido problemas en cuanto al reconocimiento de derechos en instituciones públicas”, subrayó en entrevista con Univision Noticias el abogado Víctor Carrillo.

“Sin embargo, son controversias que finalmente se tienen que ir resolviendo favorablemente para estos matrimonios porque ya la Suprema Corte ha avalado su legalidad”, agregó. “Sería inconstitucional que una ley no reconociera algún derecho derivado de esa unión”.

Desafortunadamente, señala Judith Vázquez, ha habido casos de aquellos a quienes ”no les ha alcanzado la vida” para ver reconocidos sus derechos como pareja.

Visiones contrapuestas

Pero además de las luchas con la sociedad, en muchos casos las parejas del mismo sexo tienen que luchar contra los prejuicios en casa. Las familias de Lol Kin y de Judith son una representativa muestra de la postura de la sociedad mexicana en su conjunto. Mientras la de Judith, profundamente conservadora, no ha aceptado su relación lésbica, la familia de Lol Kin en cambio las ha acogido y apoyado.

Judith resume: “Ellos han estado muy cercanos al desarrollo y crecimiento de ella. Mi familia en cambio tiene muchos estigmas y resistencia a este tema y han estado alejados de nosotras”.

Los mexicanos que tienen una visión más conservadora han encabezado movilizaciones en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo a raíz de una iniciativa enviada en mayo de 2016 por el presidente mexicano Enrique Peña Nieto para permitir el matrimonio igualitario en todo el país.

Para Lol Kin, estas uniones son un tema que ya no tiene qué discutirse, sino acatarse en términos de ley. “Las marchas motivadas por el clero claramente han violado la Constitución y la ley de asociaciones religiosas. Pero también tengo muy claro que la sociedad ha cambiado y que hay mucha gente que ha comenzado a mirarnos con respeto y a reconocernos como parte de la riqueza de la sociedad”.

Tomadas de la mano, como casi todo el tiempo durante la entrevista, las dos subrayan a su manera que las familias desde siempre han sido distintas, pero eso no debe significar que, por diferentes, los derechos de algunas de esas familias no sean reconocidos. “En la realidad no aspiramos solo a casarnos; por lo que hemos luchado es por los derechos que vienen con esa figura jurídica”, concluye Judith.

Con información de Sergio Rincón

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