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March For Our Lives

El Congreso, esa mole que los jóvenes de Parkland deben mover (y conmover) para tratar de evitar nuevas masacres con armas

Dos de los principales políticos que representan en Washington ese distrito de Florida en donde ocurrió la última gran masacre escolar de EEUU, muestran las posiciones diametralmente opuestas que impiden al Congreso legislar sobre el control de armas.
24 Mar 2018 – 09:06 AM EDT
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En una esquina Marco Rubio, senador republicano por Florida, calificación A+, la mejor que da la Asociación Nacional del Rifle (NRA), el poderoso lobby proarmas. En la otra Ted Deutch, congresista demócrata por el Distrito 22 de Florida, calificación F de la NRA.

Los dos políticos que representan en el Congreso de Washington DC, ese sector de Florida donde el 14 de febrero se produjo la peor masacre en una escuela secundaria en la historia de EEUU, tienen posiciones diametralmente opuestas sobre cómo lidiar con el fenómeno de la violencia armada.

La masacre de 14 estudiantes y tres profesores ocurrida en la escuela Marjory Stoneman Douglas de Parkland, en el condado de Broward, en el sur de Florida, personificó en estos dos políticos el pulso que hay entre los defensores de la Segunda Enmienda de la Constitución que consagra el derecho al porte de armas y quienes abogan por un mayor control.

Rubio es uno de los favoritos del lobby de las armas. Es el congresista que más fondos ha recibido de la NRA, detrás de su colega republicano por Arizona, John McCain. En 2017, Rubio recibió 98,755 dólares de grupos de promoción de las armas, mientras que en el ciclo electoral 2016 recibió 176,030 dólares.

En cambio, Deutch no ha recibido nunca fondos del grupo. De hecho, desde 2010 ha promovido al menos tres iniciativas en la Cámara de Representantes para controlar aspectos de la tenencia de armas. Aunque la violencia armada no figura entre las prioridades que reconoce en su página oficial, desde el mortal tiroteo el demócrata se ha convertido en un promotor de la causa de quienes procuran más control.

Pero en Florida, en la última década, hasta la tragedia de Parkland, el bando de Deutch ha salido derrotado. El estado es uno de esos campos de esa batalla donde la NRA puede ufanarse del éxito de sus esfuerzos, la posesión de armas se ha disparado a medida que las leyes que regulan su tenencia se flexibilizaron.

Un mes de cambios

Desde 2010, la NRA ha gastado al menos 8 millones de dólares en decenas de contiendas políticas estatales, según datos públicos recopilados por la organización Center for Responsive Politics (CRP) y la página web Follow The Money .


Sin embargo, la presión del sorpresivo movimiento #NeverAgain que impulsaron jóvenes sobrevivientes de Parkland en los momentos inmediatamente posteriores al tiroteo ha generado algunos cambios en esa dinámica, aunque todavía leves.

Por una parte, el gobernador, el republicano Rick Scott, otro político con puntuación A+ de la NRA, firmó una ley semanas atrás que eleva a 21 años la edad para adquirir armas. Una medida que no sentó bien a la NRA al punto que inmediatamente presentó una demanda contra el estado que ha sido tan proclive a sus exigencias en el pasado.

Por otra, el senador Rubio, tímidamente y sin renegar de sus vínculos con el lobby de las armas, ha dicho estar dispuesto a apoyar una medida similar en el Congreso federal. Además, dice que podría cambiar su posición sobre los cartuchos de alta capacidad, aunque no ha promovido hasta ahora ninguna iniciativa en el Senado.

Incluso, Rubio dijo la víspera de la 'Marcha por nuestras vidas' en Washington de este 24 de marzo que estos jóvenes han “han hecho más en cinco semanas sobre la violencia armada de lo que se ha hecho 15 años”.

En esas mismas declaraciones al diario británico The Guardian, Rubio advirtió contra las “expectativas poco realistas” de quienes piensan que la pasión juvenil va a imponer los cambios que no se han logrado tras años de tiroteos masivos y que se logrará un mayor control de armas, al menos de las llamadas “de asalto”, que estuvieron prohibidas por ley federal entre 1994 y 2004.

“La actitud de victoria total, la idea de que de alguna manera alguno de nosotros va a venir aquí (al Congreso) y obtener todo lo que queremos y atropellar al otro lado… nuestro sistema simplemente no está creado así”, dijo Rubio.

En un cabildo abierto organizado por la cadena de noticias CNN una semana después de la matanza en la secundaria de Parkland, Deutch y Rubio, junto al otro senador del estado, el demócrata Bill Nelson, expresaron sus puntos de vista sobre la violencia armada.


Los demócratas Deutch y Nelson mostraron la línea dominante en su partido en favor de mayores controles, tratando de explicar a los socios de la NRA (y a su portavoz Dana Loesch, presente en el evento) que no cuestionan el derecho constitucional al porte de armas. Para ellos, mayores regulaciones a las armas no tocan necesariamente la Segunda Enmienda.

Allí Rubio, con una audiencia mayoritariamente hostil, expresó por primera vez su disposición a introducir algunas modificaciones a la ley, aunque defendió su relación con la NRA asegurando que son ellos los que apoyan su “agenda” y no al contrario, dando a entender que él goza de independencia frente a la organización que muchos estiman que condiciona la política estadounidense.

En ese evento, Deutch afirmó que, aunque ya era tarde para las víctimas de la masacre, era el momento de tomar medidas para prevenir episodios similares. El representante demócrata le dijo a sus colegas que lo importante no era lo que dijeran allí o en otros espacios, sino lo que hicieran cuando regresaran a sus oficinas en Washington.

Precisamente, la marcha organizada en la capital estadounidense busca mantener la presión para que los legisladores se atrevan a adoptar esas medidas que no son del gusto de la NRA y que algunos consideran necesarias para detener el fenómeno de los tiroteos masivos en colegios y lugares públicos.

Solo que con el Congreso en receso y el presidente Donald Trump de fin de semana en su resort Mar-a-Lago, en Florida, a pocas millas de Parkland, los políticos que debían escuchar el reclamo no están en Washington para recibirlo.

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