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Por qué no hay que preocuparse todavía por las deportaciones de Donald Trump

A medida que pasan los días, crecen las preocupaciones en la comunidad inmigrante sobre el plan inmigratorio que ejecutará el presidente electo cuando llegue a la Casa Blanca.
16 Nov 2016 – 11:56 AM EST

El futuro de los 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos es incierto. Una semana después de la elección de Donald Trump como presidente, la ola de rumores crece y se extiende por todos los rincones del país, al igual que las preguntas que se acumulan en los buzones de correos electrónicos y teléfonos, en las transmisiones en vivo a través de las redes sociales, en foros, chats, las oficinas de abogados y congresistas, e incluso en la calle.

¿A cuántos indocumentados deportará el presidente electo? ¿Creará la fuerza nacional de deportaciones como lo anunció en su campaña? ¿Adónde enviará a los indocumentados cuando los encuentre y los arreste? ¿Respetará el debido proceso o los expulsará de inmediato? ¿Podrán los detenidos contactar a un abogado para que los aconseje y defienda? ¿Qué sucederá con sus familias? ¿Y aquellos que no tengan antecedentes criminales, podrán quedarse? ¿Y los dreamers? ¿Y los protegidos por un Estatus de Protección Temporal (TPS)? ¿Y los que están pidiendo asilo? ¿Y los hijos ciudadanos de padres indocumentados?

Durante la campaña, Trump dibujó dos escenarios:

  1. Al comienzo dijo que deportará a todos los indocumentados (11.1 millones según cálculos hechos por el Centro de Estudios Pew con base en los datos de la Oficina del Censo).
  2. El 31 de agosto en Arizona dijo que deportará a dos millones de indocumentados con antecedentes criminales y a otros cuatro millones cuyas visas expiraron. Y que los otros cinco millones sin antecedentes deberán salir y pedir una visa para poder regresar.

El domingo después de la elección y convertido en presidente electo, el empresario neoyorquino mostró un tercer escenario:

Sin embargo, cualquier medida concreta que anuncie el presidente en sus primeros 100 días de gobierno, tal como ha prometido, aún debe ser reconciliada con su gabinete, miembros del Congreso y las autoridades competentes ligadas a la política migratoria, por lo tanto, cualquier adelanto que haya hecho Trump aún no es iniciativa oficial.

¿Qué están haciendo las organizaciones?

Trump juramentará al cargo de presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 2017. Mientras tanto, ¿qué están haciendo organizaciones y activistas que defienden los derechos de los inmigrantes? ¿Esperarán que el magnate publique los detalles de su plan inmigratorio o ya están trabajando? ¿Están preparados para ayudar a la comunidad cuando comiencen las redadas? ¿Cómo ayudarán a los detenidos?

“La llegada de Trump a la presidencia y el anuncio que hizo el fin de semana es una demostración de que las elecciones tienen consecuencias en la vida de todos”, dice Ben Monterroso, director ejecutivo de Mi Familia Vota. “Sabemos que buscará implementar medidas inmediatas en torno a la inmigración una vez tome juramento y nos estamos preparando para proteger a nuestra comunidad y a nuestras familias”.

Pero Monterroso no detalla cuáles son los planes. Quizás porque nadie estaba preparado para un escenario como el que se está viendo y la mayoría de las organizaciones daban como ganadora a la candidata demócrata Hillary Clinton.

“Nuestra meta inicial es defender lo que hemos avanzado en temas de inmigración, salud, educación, derechos civiles y del votante, así como medio ambiente”, dice Monterroso. Sin embargo, debemos continuar trabajando y organizándonos para construir el poder político de nuestra comunidad”, agrega.

El poder mencionado por el activista se vio disminuido el 8 de noviembre. Por lo menos en cuanto al número de votos necesarios, por ejemplo, para aprobar una reforma migratoria en el Congreso. La Casa Blanca y las dos cámaras del legislativo estarán en manos republicanas, tal como en los últimos dos años.

“La próxima elección comienza hoy. Si queremos respeto para nuestra comunidad, debemos participar, debemos votar por candidatos que estén comprometidos con nuestro bienestar. La lucha continúa”, añade Monterroso.


Discurso cambiante

Trump tampoco ha explicado de dónde sacó la cifra de entre dos y tres millones de indocumentados con antecedentes criminales, el principal blanco de su política de deportaciones. “Mi teléfono no deja de sonar porque el público está con mucho temor de ser deportado”, dice Lilia Velásquez, profesora adjunta de la facultad de leyes de la Universidad de California en San Diego. “Es difícil creer lo que declara Trump sobre el tema de inmigración, ya que cambia de opinión todos los días. Su plataforma política fue de deportar a todos los indocumentados y construir el muro. Ahora dice que solamente será parte del muro”.

Velásquez recordó la presidencia del también republicano George W. Bush, quien gobernó entre el 2001 y el 2009. “Cuando estuvo en el poder también prometió la extensión del muro y esto nunca se llevo acabo por falta de dinero”. El expresidente también inició la construcción de un muro digital pero el proyecto fue cancelado por Obama porque no funcionó y se gastaron más de dos mil millones de dólares.

De las deportaciones, Velásquez señala que “Trump dice que solo deportará a aquellos (indocumentados) con antecedentes penales. Si es así, esto no difiere de la política de discreción del presidente Obama, quien en noviembre del 2014 implementó la lista de prioridades que divide los casos en baja y alta prioridad. Los de alta prioridad de deportación son las personas con antecedentes penales”.

Además, si Trump quiere deportar a tres millones de inmigrantes, “necesitará recursos, y para tener dinero el Congreso tiene que autorizarlo. Pero el punto es que no sabemos si los tres millones que él menciona son personas con antecedentes criminales. ¿Quién determinó eso?”, pregunta Velásquez.

“No importa cuales sean los deseos de Trump,”, responde la abogada. “No puede actuar solo. Y tal vez varias de las promesas que hizo durante su campaña no se logren porque el Congreso no autoriza ciertas acciones. Lo que si puede cambiar es el beneficio de DACA, ya que esto no es ley si no una acción ejecutiva que puede ser revocada”.


Escondiendo cifras

Para Roberto Izurieta, director del programa latinoamericano de campañas políticas de la Universidad George Washington, “tenemos un problema grave” con las cifras que hasta ahora ha entregado el presidente electo Trump sobre el número de inmigrantes indocumentados con antecedentes criminales.

Es difícil estimar las políticas de Trump. Las cifras que ha entregado son cuestionables. Hasta ahora parte de la política de Obama es expulsar a aquellos indocumentados con problemas criminales, pero nunca el gobierno de Obama estimó que podrían ser dos o tres millones. Ahí está el problema. ¿Será esto una excusa para expulsar a cuantos más puedan? No lo sabemos”.

Izurieta agregó que Trump, “como la mayoría de los republicanos, ha dicho durante años que primero hay que asegurar la frontera” y después ver qué hacen con los indocumentados. “Volvamos a las cifras oficiales. Si efectivamente, como creo yo y todo científico, las cifras oficiales son correctas y el flujo migratorio en la frontera sur es negativo, entonces la frontera esta segura. Quizás lo que pretenden hacer (el gobierno de Trump) sea negar las cifras, poner más policías fronterizos y dentro de poco decir que ahora sí la frontera está segura”.

“¿Se puede hacer?”, preguntó. Él mismo respondió: “Se pueden hacer juegos de imágenes: más agentes en la frontera y el inicio de la construcción de un muro. Y en cuanto a si cumplirá o no las promesas de campaña, lo hará relativamente. El muro lo puede construir, duraría unos 10 años y en algunos lugares habrá vallas. Se puede jugar con las imágenes y no con las realidades. Trump ha sido muy bueno jugando a eso toda su vida. Aun no sabemos si es efectivamente un hombre rico porque no conocemos sus declaraciones de impuestos o sus documentos financieros para estimar si tiene mas activos que pasivos”, apuntó.

De la posibilidad de una reforma migratoria en el 2017, un escenario que la semana pasada dibujaron legisladores de ambos partidos, Izurieta dijo que “seria ideal, seria lo inteligente y seria lo único posible. Pero se necesita el apoyo de demócratas y republicanos”, recordó.


El debido proceso

Otra preocupación en el mundo académico es el respeto al debido proceso en el caso que Trump active una masiva política de deportaciones. Pero hay muchas dudas respecto al número de inmigrantes deportables. “No sé de dónde el presidente electo saca sus estadísticas”, dice Bárbara Hines, Senior Fellow, del Emerson Collective y ex profesora de la facultad de leyes de la Universidad de Texas en Austin. “Como ha inventado tanto en su
retórica, lo dudo. Además, ¿qué quiere decir con antecedentes criminales?”, pregunta.

Tras una pausa cita, a modo de ejemplo, plantea si la posesión de mariguana es una falta grave siendo que en muchos estados ha sido legalizada con fines recreacionales o medicinales. Y también cita los delitos menores cometidos hace muchos años. “No se debe olvidar que todavía tenemos una Constitución, el derecho al debido proceso y normas migratorias”.

“Las organizaciones no gubernamentales y los abogados se están preparando para defender los derechos de los migrantes y el debido proceso desde el primer día de la presidencia de Trump”, dice Hines.

“Sobre el debido proceso”, aclara Velásuez, “ no se aplica cuando una persona tiene una orden de deportación. En esos casos no existe el debido proceso, no hay derecho a fianza, ni a tener un juicio de deportación. Pero si la persona no tiene una orden de deportación, en esos casos se debe seguir el debido proceso. El temor seria que los agentes de inmigración se sientan mas empoderados de actuar por tener a Trump como presidente e ignoren el debido proceso en cuanto a personas sin órdenes de deportación. ¿Quien podrá quejarse cuando la persona ya ha sido repatriada?”, planteó.


“Chivos expiatorios”

Para la Asociación Americana de Abogados de inmigración (AILA) los inmigrantes indocumentados, principalmente los mexicanos, “ fueron los chivos expiatorios” de la campaña presidencial que acaba de finalizar con la elección de Trump.

“Fue una contienda particularmente divisiva que incluyó un número de declaraciones calumniosas de inmigrantes mexicanos y musulmanes estadounidenses, donde se pidió la creación de una gran fuerza nacional para llevar a cabo deportaciones masivas”, dice Andrew Nietor, presidente de AILA-San Diego.

Nietor dijo que AILA ha trabajado con líderes de ambas cámaras del Congreso durante más de 70 años “para elaborar políticas que promuevan un sistema de inmigración justo que refleje los valores sobre los que se fundó nuestro país”, y que con Trump continuarán haciéndolo.

Pero advierte que en caso se activen políticas que violen los principios fundamentales de equidad y el debido proceso, “o que denigren el importante papel que ha desempeñado la inmigración en la construcción de nuestro gran país, nos vamos a oponer”.

“Somos una nación construida por inmigrantes y fortalecida por cada nueva generación. Nuestra prosperidad compartida se basa en la innovación y la creatividad de los inmigrantes de todo el mundo, de todos los ámbitos de la vida y de todas las creencias y tradiciones culturales”, apuntó Nietor.


Lista de consejos

AILA dijo que lamentablemente el clima de miedo imperante activa el fraude migratorio. Para evitarlo, aconseja:

  • Mantenga la calma.
  • No tome decisiones basadas en el miedo.
  • No creemos que los agentes federales de ICE lo llamen para decirle que irán a arrestarlo.
  • Cuídese de los notarios u otras personas que se presentan como expertos en inmigración.
  • Si tiene un abogado, manténgase en contacto con él.
  • Si usted está protegido por DACA, por ahora no hay ningún cambio en el programa, pero debe consultar con un abogado de buena reputación antes de tomar cualquier decisión futura.

Nietor recomendó a la comunidad inmigrante informarse y compartir sus historias “para que otros aprendan”, y abogó para que el Congreso apruebe “leyes de inmigración justas y razonables”.
En Washington DC Frank Sharry, director ejecutivo de America’s Voice, dice que la comunidad inmigrante “no debe dejarse engañar. Y agregó que “Trump intenta deportar a millones de personas trabajadoras, la inmensa mayoría de las cuales no son delincuentes. Esto separará familias y lo convertirá en uno de los capítulos más oscuros de la historia de Estados Unidos tan solo porque él quiere complacer al núcleo más duro de su base nacionalista blanca. Su mención sobre los ‘delincuentes’ es una estrategia para desviar la atención del pueblo estadounidense con la esperanza de esconder sus verdaderas intenciones. Nos corresponde a todos asegurarnos de que no se salga con la suya”.

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