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Huracán María

La acción comunitaria en Puerto Rico contrarresta los fallos de la ayuda del gobierno de EEUU

Tras la crisis humanitaria desatada en la isla por el huracán María, hay pueblos que esperan días la llegada de ayuda del gobierno, asistencia que resulta insuficiente mientras los boricuas viven sin agua sin electricidad y con hambre. Pero esa insuficiente ayuda, está siendo suplida por la solidaridad de las comunidades.
8 Oct 2017 – 10:09 AM EDT

SAN JUAN, Puerto Rico.- En el pueblo de Barceloneta, que se ubica al norte de Puerto Rico, llegaron por fin las provisiones de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias ( FEMA, por sus siglas en inglés) a casi dos semanas del paso del huracán María. Su alcaldesa, Wanda Soler, detalló en aquella ocasión los suministros y, por su tono de voz, su molestia era evidente. Tras varios días de espera, hambre, falta de agua y albergue en el pueblo, se topó con cajas de kétchup, mayonesa y salsa picante. “Eso no es alimento para nuestra gente”, reaccionó.

La situación se repite, más aún en varios pueblos fuera de la zona metropolitana a tres semanas del impacto del huracán. Aunque de a poco la ayuda y el combustible empiezan a moverse, los avances en telecomunicación (44%), electricidad (11.70%), agua (56.24%) y distribución de comida son más lentos de lo esperado. “Mi gente está pasando sed y hambre”, insistió Soler aquella vez. Varios días después –el pasado martes–el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, le regaló al país una imagen bochornosa en la que lanza rollos de papel a una pequeña multitud reunida en una iglesia de Guaynabo, el pueblo con mayor ingreso económico per cápita del país. A su encuentro no asistieron los alcaldes de los pueblos más afectados y en limpio quedó muy poco, salvo las críticas posteriores a su visita que fue más breve de lo previsto.


Ante esta nueva realidad, los vínculos que teje la sociedad civil se solidifican a medida que pasan los días, precisamente para contrarrestar las carencias que amenazan con perpetuar la crisis humanitaria que vive el país. Así lo evidencia la ayuda masiva que, desde el primer día, provino de la llamada 'diáspora', sobre todo de Nueva York, Florida y Chicago. A esta ayuda se suma el esfuerzo de artistas (Daddy Yankee, Jennifer López, Ricky Martin, entre otros), deportistas (José Juan Barea, Carlos Beltrán, Carlos Arroyo) países como México y organizaciones e individuos que han despertado un sentido de comunidad esperanzador.

Gonzalo Larenas es chileno, profesor de la Universidad Diego Portales y director de la consultora CLYC. Desde Viña del Mar narró la angustia que vivió tras el paso del huracán María por los afectos que lo unen a Puerto Rico y cómo desde aquel día no paró hasta conseguir ayuda para los afectados. Fue Larenas quien materializó el junte entre René Pérez (Residente) y la organización latinoamericana TECHO. “Me sentía irresponsable si no hacía algo. Es mi deber moral”, dijo. En una semana echó la rueda a andar y la respuesta fue enorme. Suministros, $200,000 y un contingente de 200 especialistas en desastres que en estos días trabajan en un plan que, entre otras cosas, contempla soluciones vinculadas a viviendas de emergencia, reparación de casas, hábitat y trabajo comunitario. Se espera que la cifra de voluntarios crezca de 200 a 2,000 con la suma de voluntariado local.

“El desastre no se va a acabar, pero de a poquito vamos a ir levantándonos todos como si fuéramos parte de uno mismo”, dijo Larenas, quien además sirvió de puente para que especialistas de la Universidad de Chile en la reconstrucción sicosocial comunitaria en momentos de desastres naturales ofrecieran sus conocimientos a psicólogos de Puerto Rico. “Tienen que entender que no estan solos, que la isla queda sólo como un dato geográfico porque no son isla: son parte de un continente”, añadió.

En fotos: Con arroz y sándwiches, cocineros y voluntarios alimentan a los boricuas afectados por María

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La librería Libros AC, ubicada en Santurce, ha servido en los últimos días como centro de acopio. El pasado 3 de octubre, en vez de realizar su tradicional fiesta de aniversario, acudieron al pueblo costero de Loíza para llevar ayuda, medicamentos, comida caliente y música. Loíza, afectado desde hace años por el crimen, la pobreza y la marginalidad, recibió un duro golpe tras el paso del huracán. El hambre, así como la escasez de agua y medicamentos, son algunas de sus necesidades. “Para mí el hambre es un sentir y no se alimenta con opiniones, con comentarios, no se alimenta con política”, dijo su dueño Samuel Medina. A su vez, destacó la labor que realizan las organizaciones sin fines de lucro y los pequeños comerciantes frente a la catástrofe. “Esos lazos lo que demuestran es nuestra fortaleza de trabajar juntos, en comunidad y la capacidad que tenemos de cuidarnos a nosotros mismos”, añadió.

Con el poco movimiento en los pueblos del centro y oeste del país contrasta el tráfico desmesurado que se ha sucedido en los pasados días en la zona metropolitana tras la visita del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y más tarde del vicepresidente, Mike Pence. Ruido de motores, ruido de generadores eléctricos, bocinazos, salsa y trap para llenar la espera forman parte de la banda sonora en la ciudad.

Aunque el cielo está a punto de rajarse en nubarrones densos, adentro de El Local, en Santurce, nadie parece inmutarse: una muchacha aporrea los platillos de una batería y otra acaricia a su pitbull. El Local es una barra y suerte de centro cultural en el que, además, se presenta buena parte de la música alternativa del país. Desde hace casi dos semanas quienes llevan las riendas del lugar han creado una especie de comedor social para que todo el que asista pueda llenar su estómago. La idea es que el que coma aporte con su tiempo ayudando a preparar la comida o llevando algún aporte alimenticio para que otros más adelante también puedan comer. Además, ofrecen talleres de defensa personal, dibujo, proyectan películas o tocan música con la idea de proponer o al menos rozar cierta normalidad.

“Yo he venido pal de veces y esto está súperchilin (relajado)”, dijo un comensal mientras revolvía una ensalada en su plato. “Está chévere porque hasta se hizo un chat análogo”, añadió, en referencia a un pizarrón en el que la gente puede escribirles mensajes a quienes frecuentan el lugar en caso de no contar con conectividad celular. ¿Sólo vienen las mismas personas?, se le preguntó. “No, no. Veo a personas de acá en la comunidad, vienen, comen, y se van. Pasan como una sombra, pero matan el hambre”, dijo pinchando unos trozos de repollo.

La comida es también un escollo para la organización comunitaria Matria que atiende a mujeres víctimas de violencia de género de escasos recursos. “Al trabajar con víctimas de violencia de género la vulnerabilidad es mayor. Hay mujeres que regresan con su agresor sólo para tener un plato de comida”, alertó Nicole Curet, contadora y abogada que tiene a su cargo la coordinación fiscal de la entidad.


En Matria atienden a sobre 70 mujeres y ante el paso del huracán el esfuerzo se ha intensificado, a juicio de Curet, en parte, por la lenta o nula ayuda tanto estatal como federal. “ FEMA está haciendo un trabajo súpercarente, creo que es por falta de recursos. Tan absurdo como decirle a una persona que perdió su casa, que no tiene ni agua ni luz, que tiene que llenar un formulario por Internet cuando no tiene ni dónde quedarse dormida sin que la moje la lluvia”, dijo. Y remató: “Ver personas morirse a diario es como ver un genocidio en cámara lenta. Yo no voy a decir que la palabra genocidio es muy fuerte porque eso es lo que están haciendo: ‘están matando a las personas con su inacción’”. Mientras tanto, velan porque a las participantes de Matria no les falte comida, estabilidad financiera y emocional. Curet también critica al gobierno local por la lentitud con la que la ayuda comienza a verse en los sectores menos privilegiados. “El gobierno estatal no estaba preparado para esto. Lo que se ha visto es una inpeptitud y una corrupción rampante. Y eso cuesta vidas”, dijo.

A tres semanas del paso del huracán María el descontento por la respuesta a la crisis humanitaria persiste. En paralelo, se multiplican los esfuerzos de organizaciones sin fines de lucro e individuos que apuestan a la autogestión como mecanismo para desafiar el desasosiego que vive el país. “Un plato de comida, agua, no se le puede negar a nadie”, mencionó Samuel Medina. En esa misma línea Gonzalo Larenas confía en que la autogobernanza es el paliativo contra la necesidad más crasa. “Miren cómo se comportan las sociedades en cada tragedia: 'son mucho más efectivas que cualquier gobierno, mucho más efectivas que cualquier ejército'”, concluyó.

En fotos: El presidente Donald Trump visita Puerto Rico para ver los daños que dejó el huracán María

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