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Esther Pabón, de 53 años, dice que tiene miedo. Siente que los recortes en el tiempo de su diálisis no le hacen bien. Siente debilidad y dolores de estómago.

Sin electricidad, los hospitales y sus pacientes sufren lo peor tras el paso de María por Puerto Rico

Sin electricidad, los hospitales y sus pacientes sufren lo peor tras el paso de María por Puerto Rico

En la isla hay pacientes que son dados de alta antes de tiempo o que casi mueren por los cortes eléctricos. Y los hospitales están recortando sus operaciones hasta donde la luz y el agua lo permitan.

Los hospitales en Puerto Rico están en estado crítico tras el paso del huracán María Univision

PUERTO RICO.- Esther Pabón se siente mal. Le duele mucho el estómago y no es una molestia cualquiera. Desde que el huracán María golpeó Puerto Rico y dejó sus hospitales sin electricidad ni agua, le restaron una hora a sus sesiones de diálisis y ahora sus riñones y su sangre le pasan factura. La diabetes va empeorando con cada hora que no está conectada a la máquina.

"La estoy pasando bastante mal", dice mientras espera para entrar a la sala de hemodiálisis del hospital Buen Samaritano, en Aguadilla, un municipio al noroeste de la isla caribeña, donde aún se ven los restos de las placas de zinc que volaron, de los grandes árboles caídos y las casas derrumbadas por los vientos inclementes. "Siento mucha molestia en el estómago. Siento que estoy intoxicada".

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La sala del Buen Samaritano está casi a tope: 20 de las 26 sillas están ocupadas por enfermos renales ojerosos y con un semblante cansado, conectados a sus máquinas. "Pero todos los pacientes no han llegado", advierte Lourdes Fernández, una de las enfermeras de diálisis de este centro. Que ella sepa, al menos 13 no han regresado desde antes del 20 de septiembre y tres murieron por no poder eliminar durante días las toxinas en su sangre.

Lourdes Fernández es enfermera de diálisis en el hospital Buen Samaritan...
Lourdes Fernández es enfermera de diálisis en el hospital Buen Samaritano. Con el recorte de las sesiones de diálisis asegura que le insiste a los pacientes que deben cuidarse para evitar complicaciones.

Emelina Torres, de 70 años, acaba de llegar al hospital. Viene cargada con bolsas en las que, entre otras cosas, trae los frascos para que el hospital le reponga las pastillas de su tratamiento, que no tiene garantía de encontrar en la farmacia. "Me siento fatigada", dice y suelta los paquetes en el suelo. Se tumba en una silla.

Torres pasó ocho días sin diálisis tras el huracán por dos razones: porque las calles de su pueblo en Aguadilla quedaron bloqueadas y porque cuando las limpiaron, no tenía cómo trasladarse porque su esposo –quien usualmente la lleva– cayó enfermo en cama. Ella respira con dificultad, jadea. Todavía no logra reponerse por completo de las sesiones de diálisis que perdió.

Según los registros oficiales, unas 34 personas murieron por las consecuencias del huracán María. El gobernador Ricardo Rosselló aseguró que las causas podrían incluir ahogamientos, deslizamientos, ataques al corazón, falta de oxígeno y hasta suicidios.

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Univision Noticias visitó cuatro hospitales esta semana: el Susana Centeno, en la isla municipio de Vieques, al este de Puerto Rico; UPR Dr. Federico Trilla, en Carolina, al norte; el Buen Samaritano, en Aguadilla; y el San Lucas, en Ponce, al sur. Solo en ellos María dejó al menos una veintena de personas fallecidas, o porque cuando llegaron a los centros su condición era irreversible, o porque la falta de luz y agua en estos espacios dificultaron su atención médica.

Una revisión del Centro Investigativo de Periodismo (CPI) en nueve hospitales de Puerto Rico reveló que los fallecidos por el huracán podrían alcanzar varias docenas, incluso cientos.

Hospitales sin luz ni agua: La realidad del sistema de salud en Puerto Rico después del paso del huracán María (fotos)

A media máquina

Cuando María dejó Puerto Rico, el hospital Buen Samaritano se llenó. En su puerta se hacían filas de hasta 12 ambulancias con pacientes con traumas y lesiones, ancianos que no pudieron ser atendidos en sus centros de cuidado, partos en proceso, enfermos renales descompensados. Venían desde distintos municipios del noroeste de la isla.

"Teníamos admitidos alrededor de 120 pacientes en unidades clínicas, sin contar los de la sala de emergencia. Estaban en cirugía, en pediatría, en medicina, ginecología. Había pacientes en observación y pacientes esperando para subir al cuarto", recuerda la directora ejecutiva del hospital, Marilin Moreno.

No había energía eléctrica, por lo que el calor era sofocante, de hasta 100 grados farenheit (38 grados centígrados). Tampoco agua. "El hospital empezó a llenarse de tal forma que tuvimos que comenzar a limitar los servicios". Han intentado regularizar el servicio, menos en cirugía por la falta de aire acondicionado. Todos los que necesiten ser operados están siendo remitidos a San Juan.

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En medio de ese caos se llenaron incluso los 14 espacios de la morgue, y no solo con pacientes del Buen Samaritano. Había muertos por la violencia criminal que tuvieron que entrar en su nevera hasta que pudieran ser trasladados al Instituto de Ciencias Forenses, en la capital. Esa es la razón por la que las autoridades del centro no saben aún con certeza cuántos fallecieron por María y cuántos por otras razones.

Las autoridades del hospital se preocupaban porque el diésel para la planta eléctrica, los alimentos, el agua y los insumos médicos se acababan rápidamente. "Nos habíamos preparado con suministros para dos semanas, pero tuvimos tanta gente que se nos terminaron en 10 días", recuerda el director médico, Arturo Cedeño.

En el hospital Dr. Federico Trilla, en Carolina, Puerto Rico, los pacien...
En el hospital Dr. Federico Trilla, en Carolina, Puerto Rico, los pacientes apenas visten un pañal por el calor que se siente en el recinto. Una enfermera aseguró que hay días en los que ha llegado a los 100 grados farenheit.

En otro centro al este de la isla, el hospital Dr. Federico Trilla, la situación es crítica. Está prácticamente cerrado. Muchos de los 18 pacientes que aún quedaban este lunes en sus habitaciones –algunos de ellos ancianos– están desnudos, solo cubiertos por pañales. Todos tienen uno, dos y hasta tres ventiladores con los que tratan de sacudir el vapor y convertirlo en un aire respirable.

Un médico –que prefirió no ser identificado pues asegura que fueron prohibidas las declaraciones a la prensa– cuenta que tras el huracán el hospital decidió dar de alta a la mayoría de los pacientes y otro tanto fue transferido a otros lugares, como el Centro Médico, el hospital más grande de la isla y que ya tiene luz.

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En este hospital solo está funcionando al ciento por ciento su sala de emergencia. Hay unos pocos pacientes en el quinto piso, unos tres ancianos. Siguen allí, cuenta el médico, porque no hay familiares que los busquen o porque tienen úlceras e infecciones y no hay centros que los acojan. "Nadie los recibe porque son pacientes de mucho riesgo".

Y al este de Puerto Rico, el único hospital que atiende a los paciente de todo Vieques está cerrado. En su puerta principal, que aún tiene las tormenteras, hay cinco caballos resguardándose de la lluvia y defecando en el lugar como si fuera su potrero. Dentro de él no hay nadie, solo una enfermera cansada, que recoge el agua que aún se cuela por la parte del techo que dañó María.

Un grupo de caballos pastaba en la entrada del único hospital de la isla...
Un grupo de caballos pastaba en la entrada del único hospital de la isla municipio de Vieques.

"Bajaba el agua como una catarata", cuenta su directora médica, Betzaida Mackenzie. Por eso habilitaron una carpa de seguridad con siete camillas a un lado de la institución. Cuatro médicos –un pediatra, un anestesiólogo, un ginecólogo y un médico de emergencias– atienden a todos los que lleguen a cualquier hora. Y a un lado, sobre un césped, está la sala de espera, vacía un sábado por la mañana.

Solo los pacientes de diálisis reciben sus tratamientos en el espacio habitual del hospital. Y Mackenzie habilitó dos salas dentro del hospital para ser usadas en casos excepcionales: una calurosa que serviría para hacer suturas, y otra que tiene un aire acondicionado de pared y que funcionaría como sala de parto y para tratar a pacientes que llegaran con infartos.

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"El hospital pasó a ser un peligro de seguridad", dice Mackenzie. Cuenta que las emergencias están siendo trasladadas en helicóptero hacia San Juan.

Cuatro paros respiratorios y un alta adelantada

Jelitza Aguilera Alier no esperaba que su madre de 69 años le llegara a la casa en una ambulancia, apenas vestida con una bata clínica, un pañal sucio y descalza. Tenía más de 30 días hospitalizada por distintas afecciones en el hospital San Lucas, en Ponce. Entre ellas, sufría por una úlcera del tamaño de un plato de café al final de su espalda.

–¿Un familiar de Eda? – recuerda que le dijo uno de los camilleros de la ambulancia en la puerta de su casa.
–Yo, soy su hija –respondió, asustada, pues pensó que venían a darle la peor de las noticias.
–Te la trajimos.

Eda Alier fue trasladada a casa de su hija por una ambulancia sin que el...
Eda Alier fue trasladada a casa de su hija por una ambulancia sin que ella supiera. El hospital le dio de alta por los cortes de electricidad. Tiene una úlcera al final de su espalda. La casa está caliente.

Univision Noticias intentó obtener una explicación del hospital San Lucas sobre las razones por las que la mujer fue dada de alta el 27 de septiembre –según se lee en documentos entregados a Aguilera por el hospital– sin la autorización de su hija. El camillero solo le explicó, recuerda, que el hospital la mandó a casa por los problemas de electricidad.

Para recibir a la septuagenaria, Aguilera tuvo que botar los muebles de su casa y sacar su cama matrimonial a la sala. Ahí reposa Eda Alier en una pijama rosa, de lado, con un calor tan vaporoso que hasta dificulta la respiración.

Las historias de pacientes afectados por la falta de agua y luz se encuentran fácilmente en los hospitales de Puerto Rico.

Una joven que prefirió no identificarse, pues su madre sigue en San Lucas, cuenta el terror que pasó cuando el hospital se quedó sin luz después del huracán. Por el calor y la falta de oxigenación, en una sola noche su madre, con problemas cardíacos y renales, sufrió cuatro paros respiratorios.

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"Ella no podía respirar. Seguía reteniendo más líquido en los pulmones. Los medicos venían y la evaluaban. Yo solo rezaba y la abanicaba con un cartón. Nos desesperanzábamos. Llegamos a pensar que mi mamá iba a morir".

La luz volvió este martes al hospital. Su madre mejora.

Los fallos eléctricos y de agua son los problemas que más le cuestan a los pacientes... incluso hasta la vida.

El director médico del hospital Buen Samaritano asegura que la continuidad en los servicios es lo que limita su capacidad para operar. Están a la espera de que una planta eléctrica alquilada llegue de Ohio para poder apagar y hacer mantenimiento a la propia, que tiene más de 300 horas de uso y podría fallar. Y el agua la traen de los pueblos cercanos.

La falta del líquido y la corriente son también las razones por la que el Dr. Federico Trilla y el Susana Centeno operan a medias.

El gobernador precisó a Univision Noticias que 55 de los 69 hospitales de la isla ya tienen estos servicios a través de plantas generadoras y con surtido de agua que ellos han dispuesto, pero advierte: "El sistema de salud no se va a restaurar en una o dos semanas. Va a tomar tiempo".

Para Esther Pabón ese tiempo no existe. "La diálisis en este momento es mi vida".

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