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La mala idea de hipotecar tu casa para comprar bitcoins

Según el regulador Joseph Borg, esta burbuja también va a estallar.
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15 Dic 2017 – 04:55 PM EST

Cuando Joseph Borg abrió su correo electrónico la mañana del lunes, encontró tres nuevos mensajes. Todos publicitaban, apasionadamente, lo mismo: bitcoin, la moneda digital (o criptomoneda) no centralizada.

“¡Gana 13,000 dólares garantizados en solo 24 horas!”. “¡Haga clic aquí para comprar un bitcoin!”.



Borg es el presidente de la Asociación Norteamericana de Administradores de Valores (NASAA, por sus siglas en inglés), consorcio de reguladores estatales de valores que se encarga de la protección de los inversores. Aunque alarmado, no está sorprendido por el nivel de histeria que esta moneda digital ha desatado últimamente. Desde enero, cuando el precio de un solo bitcóin era de 1,000 dólares, el valor de la criptomoneda ha subido exponencialmente, hasta verificarse en la plataforma Coinbase, la pasada semana, unos astronómicos 16,000 dólares. Y mientras la burbuja del bitcóin ha ido creciendo, los mensajes electrónicos no han cesado. Y todos con un factor común: “Ganarás mucho dinero ¡Hazlo ahora!”.

Ese mismo día, Borg, quien trabaja en la protección del consumidor en Alabama, salió en las noticias por cable para advertir a los potenciales compradores el no perder de vista la ‘maravilla’ de moda. A menudo habla conversa con personas sobre sus decisiones de inversión y, recientemente, ha venido respondiendo muchas preguntas de inversores en relación con este tipo de moneda electrónica. Para entrar rápido en el ‘boyante’ mercado, añade Borg, hay mucha gente incurriendo en enormes riesgos financieros, similares incluso a los que precedieron la crisis inmobiliaria de 2008. Algunos, por no variar, le han confiado a Borg que han comenzado a sacar segundas hipotecas de sus viviendas para comprar bitcoins.


“La mayoría de ellos está sacando líneas de crédito de segunda hipoteca, lo que se traduce en que estas operan como tarjetas de crédito”, aseveró. Los propietarios de viviendas pueden tomar a préstamo hasta cerca de un 80% de su hipoteca, según el valor de la casa y su capacidad crediticia, reembolsando ese préstamo a una tasa media de interés de un 5%. Pero si incumplen, los bancos podrían a cambio ejecutar sus hipotecas. Borg estima que la mayoría de los compradores con los que habla está gastando entre 5,000 y 20,000 dólares en la criptomoneda.

“No es la primera vez que esta obsesión se ha hecho notar entre tantas personas, al punto que muchos parecen estar diciendo: ‘tengo que entrar, tengo que entrar… déjame pedir una línea de crédito en mi banco’”, acota Borg. “El mismo fenómeno puso en problemas a tanta gente en 2006 y 2007”.

El especialista percibe un tipo similar de inversor volcándose hoy día a la compra (especulativa) de estas monedas digitales. “Son personas de una educación bastante buena, con algunos bienes o activos, que saben que probablemente deberían hacer más de lo que hacen en materia de ahorrar para su jubilación”, explica. Ganan más de 60,000 dólares al año y tienen nociones de tecnología. “Si te fijas, la psicología es la misma que en 2006-2007, con la diferencia de que ahora el fenómeno va mucho más rápido y el apalancamiento es mayor”, indicó Borg. “Es la misma historia, aunque más condensada: en lugar de un año, pasa en tres días”.

A diferencia de la burbuja inmobiliaria y su subsiguiente explosión, la especulación con los bitcoins está construida sobre bases menos fuertes. “El problema es que la gente está invirtiendo en algo sin sustancia”, observó Borg. “Respecto al bitcoin, no puedo asegurarles que haya algo sólido en él. Es una línea de código en una computadora, nada más. Por lo que vale tanto como alguien esté dispuesto a pagar por él”.

Los entusiastas de las criptomonedas pudieran argüir que muchas de las demás inversiones son igualmente especulativas. Incluso un bien tangible vale tanto como el mercado lo decida. Pero muchos expertos financieros se han sumado al coro de rechazo a la ‘novedad’ electrónica: el ganador del Nobel en Economía, Joseph Stiglitz sostuvo que el bitcoin debería ser “declarado ilegal”. Por su parte, Jamie Dimon, director ejecutivo de JP Morgan Chase, llamó “ fraude” a la moneda, al tiempo que el fundador del fondo de pensiones Vanguard Group, Jack Bogle, no pudo ser más elocuente: “ evite esa plaga”.

El próximo mes, otra criptomoneda, como Ethereum, pudiera superar al bitcoin en popularidad, refirió Borg. En cuestión de horas, tu fortuna amasada digitalmente pudiera reducirse a la ruina (¡o duplicarse en valor!). Es por ello que invertir en bitcoins es tan riesgoso, y, a su vez, tan atractivo. “Nadie en realidad lo comprende; nadie conoce cómo funciona. Algunas personas todavía piensan que son esas monedas que uno ve en los gráficos”, continuó Borg. “Todo lo que saben es que están siendo inundados con correos electrónicos. El frenesí se apodera de ellos”.

Aquellos que invirtieron el año pasado –o, incluso, el mes pasado– y ahora se están retirando son quienes más provecho están sacando, remarca Borg. Y respecto a aquellos con los medios suficientes, sus asesores financieros no se van a oponer a dejarlos experimentar con inversiones de alto riesgo, siempre y cuando utilicen una pequeña fracción de su riqueza. Borg, en cambio, está más preocupado por aquellos inversores cuyos ingresos son medios y recién se inician en el mercado. En el contexto de un mercado inflado, los inversores sacan, digamos, 20,000 dólares relativos a sus casas, o apuestan que el bitcóin solucione los problemas de su jubilación.

Cuando Borg salió del aire esa tarde, revisó nuevamente su correo. Otro mensaje esperaba en su bandeja: “¡El bitcoin está superando los 18,000 dólares y sigue creciendo con rapidez! ¡No es un secreto, el bitcoin es una de esos raros momentos que se ven solo una vez!”.

Sin embargo, en la historia de las finanzas, la moda del bitcoin no es precisamente algo que pueda asombrar. Sus críticos citan, inevitablemente, la tulipomanía holandesa de 1637. Pero más recientemente, cuando la gasolina estuvo a 4 dólares por galón por primera vez in 2008, las personas pidieron préstamos para invertir en los pozos petroleros y gasíferos, y luego se quemaron cuando los precios del combustible se desplomaron. Como pasó con aquellas tempranas burbujas, indica Borg, la del bitcóin está condenada a estallar. La buena noticia es que, contrariamente a la crisis inmobiliaria, el volumen de inversiones actual no ha alcanzado una masa crítica suficiente para provocar un gran colapso financiero, apunta Borg.

“Hay muchos que han abrazado esta peligrosa apuesta o creído, ciegamente, en todo el revuelo publicitario. El desenlace, en muchos casos, será lamentable”, opina Borg. “Si haces 80,000 dólares al año y tienes una hipoteca, no es aconsejable que pidas dinero prestado con un riesgo latente de tal magnitud”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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