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Cómo estamos empeorando la situación de los asentamientos informales

Las ciudades están recayendo en sus antiguas malas costumbres en cuanto a políticas de vivienda. Pero ya hemos aprendido esta lección y solo necesitamos actuar de manera acorde.
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21 Jul 2017 – 12:32 PM EDT

Casi 900 millones de personas alrededor del mundo viven en asentamientos informales y carecen de acceso a un suministro adecuado de agua, instalaciones sanitarias o vivienda adecuada. Ya para 2025 se calcula que 1,600 millones de personas —un quinto de la población mundial— no tendrán acceso a la vivienda segura, adecuada y asequible.

Tal como sucede en EEUU, e l enfoque dominante para solucionar la crisis global de vivienda es crear programas a gran escala para construir vivienda subvencionada en los barrios pobres, los cuales se relegan a las periferias de ciudades. Pero existen cada vez más pruebas de que dicho enfoque está teniendo un efecto perverso.

Un nuevo estudio del World Resources Institute (Instituto de Recursos Mundiales) detalla cómo las malas políticas en cuanto a la vivienda pública, el énfasis en ser dueño de casa y las políticas problemáticas en cuanto al uso de tierra han empeorado las condiciones en barrios malos y han exacerbado la crisis urbana global.

Más de 330 millones de familias en el mundo sufren de una falta de vivienda segura, adecuada y asequible, una cifra que crecerá en un 30% para sumar unos 440 millones de unidades familiares ya para 2025. Y, si bien el porcentaje de la población del mundo que vive en barriadas urbanas ha disminuido a lo largo de las dos últimas décadas, la cantidad absoluta de personas viviendo en barrios pobres en todo el mundo ha crecido de menos de 700 millones en 1990 a 880 millones en 2014. Y esta cifra aumentará en las próximas décadas. En India y China aproximadamente un cuarto de la población vive en barriadas y en África más de la mitad de la población está atrapada en condiciones de vida de calidad inferior. En todo el mundo, las mujeres y los grupos minoritarios están concentrados de manera desproporcionada en estos asentamientos informales.

En América Latina, la gente sigue viviendo en barriadas
Población que vive en asentamientos informales en América Latina y el Caribe, en millones de personas.
FUENTE: ONU-Habitat, Observatorio Mundial Urbano - Base de Datos de Indicadores del Entorno Urbano 2015, según datos de censos nacionales. | UNIVISION

Desde los años 50 hasta los años 80, la estrategia dominante para abordar esto era construir viviendas públicas en forma de torres de departamentos. Sin embargo, con frecuencia tal estrategia condujo a todavía más concentración de pobreza y dificultades económicas. Durante los años 90 y 2000 hubo un cambio para enfatizar más 'enfoques habilitadores' con el fin de mejorar barrios malos y remover obstáculos que impedían que los grupos desfavorecidos obtuvieran tierra urbana. Pero durante la última década, más o menos, ha habido un retorno a los programas a gran escala de vivienda subvencionada y con frecuencia estos están ubicados en los barrios malos dispersos en las periferias de ciudades globales.


Con razón el reporte recomienda que se faculte a los grupos desfavorecidos para que puedan mejorar sus propias comunidades. Esta recomendación concuerda con muchas investigaciones, desde el trabajo de Janice Pearlman en las favelas de Brasil hasta los recuentos de Doug Sanders de cómo los pobres crean sus propias oportunidades económicas en las ciudades de llegada del mundo. También concuerda con el argumento antiguo de Jane Jacobs de que el desarrollo económico viene de habilitar a las comunidades locales a solucionar sus propios problemas y a crear sus propias oportunidades.

El estudio afirma que no se pueden mejorar exitosamente a los barrios pobres sin la participación de la comunidad. Y la participación comunitaria se amplifica cuando los gobiernos crean políticas que se basan en su capacidad existente y mejora su acceso a la infraestructura de la ciudad.

Basado en este punto de vista amplio, el reporte resum e tres estrategias clave para abordar la crisis global de vivienda y mejorar las barriadas y asentamientos informales en todo el mundo.

Mantener a los residentes donde están

Es un gran error ver a estos barrios como un problema cuando en realidad son una oportunidad. Y es un error todavía más grande sacar a la gente de donde vive para colocarla en nuevos complejos del gobierno. Normalmente los asentamientos informales brotan alrededor de centros de oportunidad económica, por muy rudimentarios que sean. Y, por su naturaleza, los residentes de estos entienden cómo movilizar los recursos comunitarios y generar oportunidades.

En las palabras del reporte, la ubicación de vivienda asequible es “tan importante o incluso más importante que la calidad de dicha vivienda”. Cuando se desplazan a los residentes o se reubican, se desconectan de críticas redes sociales y económicas, además de alejarse de las opciones para ganarse la vida que ellos mismos crearon. Haciendo mejorías in situ a estos asentamientos les permite a los residentes de barrios malos a mantenerse conectados con sus propias redes y sitios de oportunidad económica.

Readaptar la infraestructura existente en centros urbanos

Las personas desfavorecidas y pobres se benefician de estar ubicadas dentro o alrededor del centro urbano donde las oportunidades económicas son más abundantes. Después de todo, los centros urbanos son los motores básicos de movilizar talento y capacidades humanas que proveen oportunidades que pueden beneficiar tanto a grupos privilegiados como a grupos marginados. Es por eso que algunas personas migran a las ciudades en primer lugar.

Una manera de hacer esto es adaptar a la tierra urbana infrautilizada para producir vivienda asequible y desarrollo económico, todo con normas realistas en cuanto al desarrollo. Esto incluye mejorías incrementales de vivienda, procesos de planeación que sean fáciles de entender y que reconozcan la amplia gama de segmentos de mercado, así como reglas sencillas de zonificación y códigos de construcción. El reporte también alienta a las ciudades a explorar la propiedad comunitaria, además de soluciones creativas para revitalizar tierra infrautilizada, edificios y distritos.

Proveer infraestructura como calles y transporte público puede ayudar a conectar a los barrios malos con la oportunidad económica. En un ejemplo famoso, la ciudad de Medellín en Colombia hizo esto al usar escaleras mecánicas y góndolas para conectar a barrios malos ubicados en colinas empinadas con centros de empleos y actividad económica.

Cambiar de ser dueño de casa a una vivienda alquilada

Para las personas muy pobres y para los que no tienen la documentación necesaria para recibir una hipoteca, ser dueño de casa simplemente no es una opción.

Particularmente en el sur global, el énfasis actual en ser dueño de casa impone cargas adicionales en mujeres y en miembros de grupos minoritarios en muchas partes del mundo que se están urbanizando rápidamente. Esto se debe al hecho de que los derechos de las mujeres están inextricablemente ligados a sus familiares masculinos o a su estado civil; en otros casos, estos derechos son restringidos por normas culturales locales. Incluso en países en donde la legislación en cuanto a propiedades es neutra en cuanto al género, la aplicación de leyes con frecuencia restringe la capacidad de mujeres de ampararse en su derecho de comprar vivienda.

Por lo tanto, cualquier estrategia de desarrollo no puede funcionar sin una política que apoye el alquiler de propiedades locales en lugar de sólo apoyar ser dueño de una propiedad.

Al final, los cientos de millones de pobres urbanos que viven en barrios malos globales son la clave para solucionar la crisis urbana de vivienda que está ocurriendo a nivel global. Estas personas conocen a sus comunidades y están haciendo lo mejor que puedan para movilizar recursos y crear oportunidades.

Y darles acceso a recursos y a fibra conectiva es lo mejor que podemos hacer para desatar el motor económico del progreso económico. Tal como argumentó John C. Turner hace mucho tiempo, ya es hora de que cambiemos de ver a la vivienda “como un sustantivo” (algo que los gobiernos construyen para la gente) a verla “como un verbo”, algo que la gente y las comunidades construyen por sí mismas.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


En fotos: El ranking del transporte público en las ciudades de América Latina

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