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Asilo Político

Una carta a puño y letra describe el dramático relato de un inmigrante preso que busca asilo

“Muchos de nosotros, como en mi caso, corremos el riesgo de que, si regresamos a nuestro país, nos pueden matar. Pero a los jueces aquí no les importa mucho. Como dicen, la justicia y las leyes deben ser parciales e iguales para todos, pero aquí los jueces solo están a favor de los fiscales", cuenta el inmigrante hondureño Jean Carlo Torres Guardiola.
15 Ago 2018 – 4:38 PM EDT

La odisea del inmigrante indocumentado Jean Carlo Torres Guardiola comenzó mucho antes del 10 de abril, cuando fue arrestado por agentes de la Patrulla Fronteriza en un tramo de la frontera entre El Paso, Texas, y México. Arrancó meses antes, en Honduras, “porque yo era partidario de un partido político que está en contra del gobierno del presidente actual”, cuenta Torres en una carta escrita de puño y letra y que me hizo llegar a la redacción de Univision Noticias por medio de su novia, que lo visita frecuentemente.

Torres permanece en el centro de detención Otero de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) ubicado en Cibola, Milan, Nuevo México, en espera que un juez de inmigración resuelva su caso. Su nombre integra la lista de los más de 740,000 expedientes que a finales de julio se encontraban atascados.

“Mi nombre es Jean Carlo Torres, tengo 25 años y soy originario de Honduras”, narra el inmigrante. “Y como muchos de mis compatriotas, me he visto en la necesidad de escapar de mi país para buscar asilo político en Estados Unidos porque mi vida corre peligro en Honduras”, cuenta.

Antes de explicar los detalles de su sobrecogedora historia, Torres se describe como “una persona cristiana, respetuosa, con buenos valores, no tengo récord criminal y hasta el momento de mi salida de mi país yo era un joven universitario estudiando una carrera de ingeniería en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH)”.


La huida

Las razones que tuvo Torres para escapar de su país son acordes -si en efecto son reales- con una las cinco causas de asilo exigidas por el gobierno de Donald Trump: haber sufrido persecución o temer temor de que sufrirán persecución por su opinión política. “La Policía Militar me ha perseguido, torturado y amenazado”, explica en la carta.

Si bien el hecho que lo hayan detenido en espera de una audiencia judicial le dio una ligera esperanza a Torres, la implementación de la política de ‘tolerancia cero’ en la frontera puede complicar las posibilidades de ganar su caso de asilo.

“Yo entré de manera ilegal a los Estados Unidos”, cuenta Torres, en referencia a que no lo hizo por un puesto fronterizo como exige la dura política migratoria advertida a comienzos de año por el fiscal general Jeff Sessions. “El 10 de abril lo hice por (un sector) de El Paso, Texas. En dicho lugar me entregué de manera voluntaria a la Border Patrol con el motivo de solicitar asilo, pero creo que ese fue un gran error”.

Al no hacerlo por una garita o puerto de entrada, Torres recibió cargos criminales por ingreso ilegal a Estados Unidos y referido a una corte criminal. “Déjeme explicarle”, indica. “Toda persona que solicita asilo en Estados Unidos es llevado a un centro de detención para que le realicen una entrevista de miedo o temor creíble, no sin antes cumplir en prisión el tiempo que un juez ordene por haber cruzado la frontera de manera ilegal. Luego de cumplir con esa condena, uno es trasladado a dicho centro de detención (en mi caso fue a Cibola, en Milan, Nuevo México)”, cuenta.


Muertos de frío

Las condiciones de encierro causan estragos en la salud emocional y física de Torres. “Cuando uno es trasladado a otro centro (una vez finalizado el caso criminal y comienza el caso migratorio), uno es esposado u encadenado de las muñecas, de las manos, la cintura y los tobillos, de los pies. Como si fuéramos prisioneros de máxima seguridad”.

Torres relata además que algunos internos “se quejan porque las esposas están muy apretadas, a punto de dañar nuestra piel, y también que no podemos hacer nuestras necesidades”.

“Y por lo general, cuando uno es trasladado a otro centro, hay que esperar largas y muchas horas en un cuarto frío y sin ningún tipo de cobertor o manta para poder protegernos del frío y poder arroparnos para poder dormir un poco”, revela.

En mitad de la carta, Torres hace un paréntesis para contar un detalle que juega un papel clave en el caso de asilo. “Se me olvidó mencionar antes que, cuando uno está en el centro de procesamiento de la Border Patrol (al ser arrestado en la frontera por ingreso ilegal), todas nuestras pertenencias, incluyendo documentos personales y evidencia para nuestros casos, son decomisados y nos dan un mes para poder reclamarlos”.

El inmigrante indica que este protocolo seguido por la Patrulla Fronteriza “es algo injusto, porque ellos saben que uno va a pasar más de un mes encerrados, y según ellos todas nuestras pertenencias son tiradas a la basura (…) Es lo que los oficiales de la Border Patrol nos dicen”.


La entrevista de asilo

La primera entrevista en el proceso de asilo “se hace en base al miedo/temor que tiene una persona de regresar a su país de origen porque es perseguida, o tiene miedo/temor de persecución o tortura”, explica Rebeca Sánchez-Roig, una abogada de inmigración que durante más de 15 años fungió como fiscal de inmigración en el Departamento de Justicia.

Previo a esta, se lleva a cabo una entrevista preliminar con un agente de la Oficina de Aduanas y Control de Fronteras (CBP), “quien al establecer que existen razones o indicios de miedo creíble, determina que el inmigrante puede pasar al siguiente nivel”, explica Ezequiel Hernández, un ahogado de inmigración que ejerce en Phoenix, Arizona, y colabora frecuentemente con la redacción de Univision Noticias.

El paso siguiente “es la ‘entrevista de miedo creíble’ que la realiza un agente de asilo de la Oficina de Ciudadanía y Servicios de Inmigración (USCIS), indica Sánchez. “Consiste en una especie de interrogatorio de lo que le ha sucedido a la persona en su país y si ha sido perseguido, torturado, etc.”

Pero Torres dice que “la entrevista de miedo o temor creíble no es tan simple lograr, pasarla pues. La persona debe pertenecer a determinado grupo social (…) Luego de realizar la entrevista y que se determine que sí es creíble, la persona debe ser liberada para que tenga sus cortes ante un juez de inmigración y pueda pelear su asilo libremente, pero ahora es lo contrario, porque ICE ordena que la persona que pase la entrevista se le mande a otro centro de detención a que tenga sus cortes encerrado y por muchos meses. Yo en lo personal conozco personas que tienen aquí 16 meses encerrados y en malas condiciones”.


Futuro en suspenso

En un lenguaje sencillo, Torres dibuja cómo es la vida en el Otero Processing Center de Nuevo México, también conocido como Otero II. “En este lugar se encuentran muchas personas solicitantes de asilo, las cuales al igual que yo están buscando que el juez les otorgue una fianza para poder defenderse libres, pero los jueces, en la mayoría de los casos, no dan fianza ni otorgan salida bajo palabra”.

“Y si en un dado caso dan una fianza, es por arriba de los $10,000 dólares, algo que es injusto y ridículo, porque la mayoría de las personas no pueden reunir esa cantidad. Aparte de que ya estamos endeudados con los préstamos que solicitamos para poder realizar el viaje desde nuestro respectivo país, y también para poder pagar a un abogado que nos ayude en nuestro caso, que por lo general ni contando con abogado podemos salir (libres)”, agrega.

En cuanto a los procesos, Torres dice que “los jueces prácticamente a fuerza nos quieren tener encerrados, porque ellos saben que no están dando asilo a nadie. El 99% de los casos son negados, aunque el solicitante tenga un récord criminal limpio, y presente toda la documentación requerida y todas las pruebas y evidencias necesarias. Por una u otra razón, les niegan el asilo o la fianza”.

“De los dos meses que yo tengo encerrado aquí, en Otero II, no conozco a ninguna persona que haya ganado su asilo, y las pocas personas que han obtenido fianza, ha sido por arriba de los $10,000 Y $15,000 dólares”, denuncia.


Miedos a flor de piel

Pero la mayor angustia de los detenidos en el Otero II se basa en el miedo a perder sus casos de asilo y ser deportados. “Muchos de nosotros, como en mi caso, corremos el riesgo de que, si regresamos a nuestro país, nos pueden matar. Pero a los jueces aquí no les importa mucho. Como dicen, la justicia y las leyes deben ser parciales e iguales para todos, pero aquí los jueces solo están a favor de los fiscales, que ellos se inventan cualquier cosa para que el juez no nos de fianza o el asilo. Porque, aunque nosotros presentemos pruebas y de verdad demostremos que nuestra vida está en riesgo, ellos se hacen los ciegos y sordos, y nos deportan a una muerte segura”.

“Yo en mi caso”, dice Torres, “contraté un abogado con ayuda de mi familia para que me ayudara a obtener una fianza, pero los intentos fueron en vano. Ahora me enfrento a una última corte en agosto para que el juez decida si me dará el asilo o la deportación, que lo más seguro será la deportación”, escribe reflejando un lamento casi sin esperanzas.

En cuanto a la vida en el centro de detención de ICE en Nuevo México, Torres dice que todos los internos usan un mismo uniforme, “y la ropa interior que nos dan a nuestra llegada es ropa interior usada y corremos el riesgo de contagiarnos de alguna enfermedad”.

“En la librería hay pocos libros que nos puedan prestar para leer porque la mayoría de los libros en español no se prestan, algo que es ridículo”, se queja. “Por las mañanas y por las tardes estanos obligados a hacer el aseo y limpieza de todo el tanque y no nos pagan por eso, como en otros centros de detención donde si se paga por hacer la limpieza”.

Y añade: “A las personas que trabajan en la cocina o lavandería sólo se les paga un dólar por día, y para poder comprar un paquete de la comisaría tienen que trabajar un mes completo”.

“También se cree que el shampoo que nos dan para poder bañarnos en shampoo para uso exclusivo de automóviles, aunque tenemos nuestras dudas sobre eso. Y creemos también que el agua con la que nos bañamos contiene algún tipo de químico, porque después de bañarnos el cuerpo nos pica mucho y algunas personas les sale algún tipo de alergia en el cuerpo”, indica.


Lugar “lleno de tristeza”

Al final de la carta, Torres explica detalles adicionales de la visa en el centro de detención donde se encuentra a la espera de la resolución sobre su caso de asilo.

“Es un lugar lleno de tristeza y angustia, donde algunos oficiales son muy indiferentes, racistas y malhumorados. Yo en lo personal he escuchado a algunos maldecir e insultar en el idioma inglés”, señala.

En otro párrafo cuenta que “aquí nos despiertan a las 5 de la mañana para desayunar, para almorzar es entre las 12 y las 2 de la tarde, y para cenar entre las 4 y las 5 de la tarde. Son comidas sin grasa y nos sirven a manera de que nos quedemos con hambre y no podemos guardar ni un pan para poder comerlo después. Y créame, es muy feo acostarnos a dormir con hambre, por lo que estamos obligados a comprar en la comisaría, que son productos alimenticios que nos vende una empresa privada, pero los productos son muy caros y de mal gusto”.

”Y solo nos los venden por paquete. O sea que, si queremos un producto en específico, a fuerza tenemos que comprar todo el paquete”, escribe.

Torres dice que la carta la despachó en el servicio de correos su prometida “por si acaso las autoridades de este centro deciden revisar el sobre”. Y pide encarecidamente “que usted le pueda decir al mundo lo que nos está pasando aquí y que alguien tome conciencia y pueda hacer algo al respecto, porque aquí somos muchos y nadie nos escucha”.

Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, el 20 de enero de 2017, las detenciones de indocumentados han aumentado en más del 40% en comparación con el último año del gobierno de Barack Obama.

Tras la implementación de la política de ‘tolerancia cero’ en la frontera, anunciada por el fiscal general Sessions en abril, simultáneamente la Casa Blanca publicó en el Registro Federal (diario oficial estadounidense) el memorando que puso fin a la política del catch and release (capturar y liberar), que impidió a Torres, y otros miles de inmigrantes que llegaron en busca de asilo, esperar libres la resolución de sus casos de asilo.


Qué dice el gobierno

El gobierno de Donald Trump explicó que “el 10 de abril de 2018 los funcionarios de inmigración se encontraron con Jean Carlo Torres Guardiola, originario de Honduras, después de que ingresó ilegalmente a los Estados Unidos cerca de El Paso, Texas”.

“Fue procesado como una deportación acelerada y acusado de entrada ilegal al país”, dijo a Univision Noticias Leticia Zamarripa, vocera del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).

“El 1 de mayo de 2018 Torres fue transferido bajo la custodia de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) donde permanece pendiente la resolución de sus procedimientos de inmigración”, agregó.

El DHS explicó además que los procesos de deportación acelerada “ocurren cuando a un ciudadano que no es ciudadano de Estados Unidos se le niega la entrada al país y se lo retira físicamente, generalmente de un puerto de entrada”. Y que los retiros expeditos “tienen las mismas consecuencias legales que una deportación”.

Añadió que “los extranjeros procesados para su deportación pueden recibir su debido proceso legal de los jueces federales de inmigración en las cortes de inmigración, que son administrados por la Oficina Ejecutiva de Revisión de Inmigración (EOIR)”.

El EOIR es una agencia dentro del Departamento de Justicia que opera separada del Departamento de Seguridad Nacional e ICE.

“Los jueces de inmigración en estos tribunales toman decisiones basadas en los méritos de cada caso individual”, detalló el DHS. “Y los agentes de ICE llevan a cabo las decisiones de remoción tomadas por los jueces federales de inmigración”, precisó.

En cuanto al caso específico de Torres, la vocera dijo que “por razones de privacidad y seguridad personal, ICE no hace comentarios ni hace ninguna inferencia a las solicitudes de asilo”.

La formulación de cargos criminales por ingreso ilegal, incluso a inmigrantes que piden asilo, forma parte de la política de 'tolerancia cero' del gobierno de Donald Trump implementada en la frontera durante el primer trimestre de 2018.


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