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¿Qué representan los militares en la crisis política de Venezuela?

En la debilitada democracia de Venezuela, los militares son el verdadero partido que controla el poder y se erigen como los árbitros del conflicto.
8 Jun 2017 – 6:00 PM EDT

CARACAS, Venezuela.- En Venezuela mandan los militares, son el verdadero partido que controla el poder. Desde que el difunto comandante Hugo Chávez abrió las puertas de los cuarteles en 1999, su ascenso en la estructura del Estado ha sido imparable. No solo controlan las áreas de seguridad y defensa, sino que administran desde la importación de alimentos hasta la edificación de viviendas.

Un ejército de militares burócratas, que domina espacios clave en la política y la economía venezolana, se ha convertido en el principal apoyo de Maduro, que confía a ellos su permanencia en el cargo, en medio de la más reciente ola de protestas ciudadanas que ya superan los dos meses y de la presión de la comunidad internacional.

Además de los tanques, aviones y buques de guerra de la nación, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) maneja 17 empresas del Estado: una televisora, una radio, una constructora, un banco, una empresa de transporte, una agropecuaria y una embotelladora de agua, entre otras. A partir de enero de 2016, el presidente Nicolás Maduro también les dio un espacio en el negocio petrolero —que financia más del 60% del presupuesto del país— a través de la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (Camimpeg).

El chavismo controla 20 de las 23 gobernaciones del país, y quienes ejercen el gobierno en diez de estos estados son oficiales retirados, incluidos tres exministros de Defensa. El primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) es el capitán Diosdado Cabello, quien durante cuatro años fue también presidente de la Asamblea Nacional, y en la actualidad conduce un programa semanal de televisión donde se rodea de uniformados que aplauden sus ataques e insultos contra la oposición.

De los 32 ministros del gabinete, 11 provienen de la institución castrense y su presencia no se limita a los despachos de Defensa, Interior –responsable de la seguridad interna – y Frontera, donde podría justificarse la participación de uniformados, sino que se extiende hasta Alimentación, Vivienda, Energía Eléctrica, Pesca, Ecosocialismo y Obras Públicas. También son militares el superintendente de la oficina tributaria, una vicepresidenta ejecutiva de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), el director del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), el presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) y los gerentes de Bolivariana de Puertos y la Corporación Venezolana de Comercio Exterior (Corpovex), por citar solo algunas dependencias.

Los miembros de la FANB se declaran públicamente chavistas, aunque el artículo 328 de la Constitución establece que esta institución debe ser “esencialmente profesional, sin militancia política”. “¡Chávez vive, la patria sigue! ¡Independencia y patria socialista, viviremos y venceremos!”, reza el saludo militar. (Antes decían “¡Patria socialista o muerte!”, pero decidieron cambiarlo luego de que Chávez fue diagnosticado con cáncer).

El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, se presenta en su cuenta de Twitter como un: “¡Soldado bolivariano, decidido y convencido de seguir construyendo la patria socialista!”. En un comunicado que firmó el pasado 27 de febrero, el general ratificó que “la nueva Fuerza Armada Nacional Bolivariana” es “antiimperialista, chavista y antioligarca”.


Además del manejo de las tropas, Padrino López se ocupa de la distribución de la comida en una nación asfixiada por la escasez de alimentos y medicinas, desde en julio de 2016 Maduro le encomendó la Gran Misión Abastecimiento Soberano y, de un plumazo, lo convirtió en el segundo funcionario más poderoso del país.

“Todos los ministerios, todos los ministros y ministras, todas las instituciones del Estado quedan bajo el orden y la subordinación absoluta del Comando Nacional de la Gran Misión Abastecimiento Seguro, bajo el mando del Presidente de la República y bajo el mando del general en jefe, Vladimir Padrino López”, indicó Maduro hace un año.

Con esa responsabilidad sobre sus hombros, cada frase pronunciada por Padrino López es objeto de análisis y debate. El 17 de abril, alabó a su Comandante en Jefe por ser “un Presidente auténticamente chavista”, reiterando su compromiso con la revolución. Sin embargo, este martes desató todo tipo de especulaciones al advertir que no quería ver “a un guardia nacional cometiendo una atrocidad en la calle”, lo que se interpretó como una crítica a la represión contra las manifestaciones opositoras.


En estos dos meses de protestas, donde más de 60 personas han muerto y centenares han sufrido heridas, la tarea de someter a la disidencia ha sido llevada adelante por soldados de la Guardia Nacional. Su comandante, el general Antonio Benavides Torres, se identifica como un “soldado de la revolución bolivariana, hijo de Chávez”; él, junto con otros cinco generales, figura en la lista de funcionarios sancionados por Estados Unidos por su supuesta responsabilidad en las violaciones a los Derechos Humanos cometidas en el marco de las protestas opositoras de 2014, que concluyeron con un saldo de 43 muertos.

La oposición intenta acercarse

El gobernador del estado Miranda y dos veces candidato presidencial, Henrique Capriles Radonski, reveló el 5 de mayo que 85 uniformados fueron detenidos “solo por el hecho de haber expresado descontento” ante la represión contra las protestas. Tratando de demostrar que conoce la situación que atraviesa la institución –una especie de caja negra para la mayoría de los venezolanos- Capriles Radonski ha afirmado que “en la Fuerza Armada hay un profundo descontento”.

El chavismo negó esta versión. “Capriles Radonski no tiene ni la más mínima idea de lo que ocurre en un cuartel, no tiene la más mínima idea de cómo piensa un soldado”, respondió Cabello. Pese a que el oficialismo desmiente el presunto malestar, la agencia Reuters confirmó este 6 de junio 14 militares habrían sido arrestados por “rebelión” y “traición” a principios del mes de abril.

Los cuarteles son el horno donde se cuecen las grandes conspiraciones en Venezuela. En 1992, Chávez los usó como plataforma para urdir dos golpes de Estado —que fallaron— contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Y una década más tarde, un golpe de generales sacó a Chávez del poder por 48 horas.

Ahora la oposición censura a la cúpula de la FANB por respaldar el “autogolpe” de Maduro, quien ha inhabilitado al Parlamento y se empeña en activar una Asamblea Nacional Constituyente para reescribir la Constitución. Al mismo tiempo, el chavismo asegura que pretenden soliviantar a los uniformados para liquidar a la revolución. Sobre las ruinas del sistema democrático, los militares se erigen como los árbitros del conflicto venezolano.

El único dirigente de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con pasado militar es el gobernador del estado Lara, Henri Falcón, quien antes militó en el chavismo. El liderazgo opositor es enteramente civil y su mensaje debe apelar prácticamente al equilibrismo: si bien critica la partidización y los excesos cometidos por el alto mando de la FANB, evita ofender e irritar a la oficialidad bajo la premisa de que su concurso es indispensable para conquistar el cambio político en Venezuela.

De los cuarteles a la política, de la política a la corrupción

Hugo Chávez les concedió a los militares el derecho a votar a través de la Constitución que redactó a su medida en 1999, y aumentó el protagonismo de los uniformados en la gestión pública y en las actividades políticas. “Aquí en Venezuela hay personas que durante mucho tiempo han tratado de hacerle ver a la gente que los militares somos eunucos, que no somos capaces de grandes cosas sino de ser serviles”, espetó en abril de 1999.

Desde entonces, han llovido las denuncias de corrupción contra los uniformados, que siempre han manejado ingentes recursos y jugosos contratos públicos. De hecho, el primer gran escándalo que sacudió a la revolución estuvo vinculado con el llamado Plan Bolívar 2000, que terminó con el entonces comandante del Ejército, Víctor Cruz Weffer, imputado por enriquecimiento ilícito.


Quizás la peor acusación es la que involucra a integrantes de la FANB con el narcotráfico. Medios venezolanos y extranjeros reseñan que en el país funciona el denominado “cartel de los soles”, compuesto por militares. La fundación Insight Crime, con sedes en Medellín y Washington, cree que es “exagerado” hablar de un cartel, aunque sostiene que “hay células en las principales ramas de la Fuerza Armada –el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional, desde el más bajo hasta el más alto nivel– que esencialmente funcionan como organizaciones narcotraficantes”.

El Parlamento de mayoría opositora también sancionó políticamente a los generales Rodolfo Marco Torres, Carlos Osorio, Giuseppe Yoffreda y Luis Motta Domínguez, así como a la coronela Eugenia Sader por una serie de irregularidades que superan los 50,000 millones de dólares, según cálculos de la ONG Transparencia Venezuela. Los expedientes aprobados por los diputados señalan a estos funcionarios por desviaciones en la importación de alimentos, en las inversiones para solucionar la crisis eléctrica y en la construcción de seis hospitales.

En el caso de la extinta Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) también aparecen unas charreteras. El general Manuel Barroso encabezó la instancia que regulaba el control de cambio, la misma que Maduro tuvo que cerrar tras admitir un desfalco mil millonario que marcó un hito en la extensa historia de la corrupción en Venezuela. Ni Barroso ni ninguno de los otros mencionados han enfrentado a la justicia por estos hechos.

Maduro sorprendió en diciembre de 2015 cuando ordenó a los militares que servían en la Administración Pública “regresar” a sus cuarteles. “Es momento de regresar para traer más unión y reforzar la FANB”, argumentó el dignatario. Al final, aquella disposición jamás se cumplió y, por el contrario, se incrementó el número de uniformados en el tren ejecutivo.

En fotos: Pese a la represión de las autoridades, continúa la protesta opositora en Venezuela

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