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Primeros resultados parciales dan ventaja a Piñera en elecciones generales de Chile

Este domingo los chilenos escogieron un nuevo presidente para reemplazar a la socialista Michelle Bachelet. Según los primeros resultados, Sebastián Piñera lideraba la votación pero no evitaría ir a una segunda vuelta.
18 Nov 2017 – 04:10 PM EST
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Los ocho candidatos presidenciales en una imagen de septiembre de 2017; de izquierda a derecha: José Antonio Kast (Independiente), Sebastián Piñera (Chile Vamos), Alejandro Guiller (alianza oficialista), Beatriz Sánchez (Frente Amplio), Carolina Goic (Democracia Cristiana), Marco Enriquez-Ominami (Partido Progresista), Eduardo Artes (Unión Patriótica) y Alejandro Navarro (MAS). Crédito: Martín Bernetti / AFP / Getty Images

SANTIAGO, Chile.- El exmandatario conservador Sebastián Piñera lideraba la votación de la elección presidencial de Chile con un 36.51 por ciento de los sufragios, seguido del oficialista Alejandro Guillier con un 22.59 por ciento, según un reporte oficial.

De acuerdo con cifras del Servicio Electoral (Servel), en tercer lugar se ubicaba la izquierdista Beatriz Sánchez con un 20.49 por ciento de los votos, de un total de 5,833 mesas escrutadas, correspondiente al 13.55 por ciento del total. Pese al triunfo parcial, Piñera, no evitaría un balotaje contra Guillier en diciembre.

Este domingo los chilenos escogieron un nuevo presidente para reemplazar a la socialista Michelle Bachelet, pero en Santiago no se siente la efervescencia que suele preceder a los procesos electorales de esta envergadura. Falta entusiasmo, falta convicción y tanto medios como candidatos temen una baja participación electoral. Estimaciones del Centro de Estudios Públicos (CEP) indican que esta sería de un 44%; es decir, cinco puntos menos que en las presidenciales de 2013.

El fantasma de la abstención es tal que, a fines de octubre, el gobierno lanzó una campaña que llama a ir a votar. En sus actos oficiales, la presidenta Bachelet ha recordado una y otra vez la importancia de participar en los comicios e instruyó que el domingo los medios de transporte público sean gratuitos para que sea más fácil acudir a los centros de votación.

Apoyado en el mesón del almacén en el que trabaja desde hace 15 años, en La Vega Central de Santiago, Luis Stuardo, de 63 años, aseguró que este domingo iría a votar, pero no sabía por quién.

“Lo voy a decidir cuando llegue a la urna. Soy independiente, veo si hay una idea buena y según eso, elijo. Pero en este momento, no dan ganas de votar”, explica. “Voy a ir solo porque me gusta la democracia; porque si no voto, no puedo reclamar”.



Unas cuadras más allá, en una esquina de la concurrida Avenida Recoleta, en un barrio popular de la capital, María Morales, en cambio, dice que ella simplemente decidió no votar. Con su marido venden ropa interior y cosméticos. Tiene 63 años y no puede pensar en jubilarse porque no tiene ahorros para eso. Cuenta que en los últimos tres años, les ha costado llegar a fin de mes. Que han tenido que recurrir a “lo poco que tenían guardado” para poder pagar sus gastos básicos. Que uno de sus hijos se endeudó por 20 años para pagar sus estudios y que su hija separada y su nieta tuvieron que regresar a vivir con ellos.
“Los políticos no solucionan los problemas de la gente”, dice. “Tienen buenas intenciones, pero después se corrompen y eso no me gusta”.

Piñera: un voto pragmático.

Chile cuenta con ocho candidatos presidenciales en estas elecciones, en las que se elegirán también nuevos diputados y consejeros regionales. Pero la sensación de que la llegada de un nuevo líder no mejorará el día a día predomina entre los chilenos. Los escándalos de corrupción que marcaron los últimos años y que involucraron incluso al hijo y a la nuera de la presidenta Bachelet; la caída del crecimiento (que pasó de 4% en 2013 a 1,5% en 2017); y las divisiones partidistas han generado un desencanto con la política.

En ese contexto, el expresidente conservador y candidato derechista Sebastián Piñera suma entre 44% y 46% de la intención de voto en las últimas proyecciones, y repunta como una opción pragmática más que ideológica.



“Yo voté por Michelle Bachelet en 2013, pero esta vez voy a votar por Piñera”, dice Fany Gatica, de 48 años, quien también trabaja en La Vega Central. “Lo voy a hacer porque hay muy pocas oportunidades de trabajo para los jóvenes. Los empresarios creen en Piñera; entonces, si gana, va a haber más trabajo”.

Fany agrega que, además, la presidenta la decepcionó por no lograr mejorar sus condiciones de vida. “No lo ha hecho tan bien. Está la misma delincuencia de antes, la misma corrupción. Los carabineros nos robaron plata, su propio hijo. ¡Cuánto nos han robado”, dice.

Alex Lemunao, dueño de una mediana empresa de construcción, también piensa votar por Piñera. Asegura que los problemas de Chile siguen siendo los mismos: acceso a la educación, a la salud y la lucha contra la pobreza. Nunca ha votado, pero esta vez lo va a hacer “por necesidad”.

“A mí durante el primer gobierno de Piñera (de 2010 a 2014) me fue muy bien. Tenía 20 proyectos de construcción de edificios, de poblaciones. Llegué a tener más de 200 trabajadores en algún momento y, de repente, todo empeoró. Pasé a tener uno o dos proyectos al año y en la peor etapa, solo 15 personas trabajando para mí”, dice. “Lo único que me gusta de Piñera es eso: que va a haber mucho trabajo. No estoy de acuerdo con el resto de sus posiciones”.


Lemunao dice que no aspira ser rico, sino a poder vivir tranquilamente con su familia. También sueña con que desaparezcan los campamentos de gente pobre que ha visto crecer a pocas cuadras de su casa. Y con no ser más testigo de cómo los hijos de sus trabajadores tienen que renunciar a estudiar por falta de recursos. Aplaude la iniciativa de Bachelet de hacer que la educación superior sea gratuita para el 60% de los jóvenes más vulnerables del país, pero destaca que queda un 40% que no se beneficia de esa oportunidad.

“A mí me cuesta. A veces pago los estudios de mi hijo en Ingeniería de la Construcción con dos o tres meses de atraso, pero siempre lo logramos. En cambio, conozco gente que realmente no tiene dinero y sus hijos, que son inteligentes y podrían ser profesionales, no tienen otra opción que salir del colegio a trabajar. Se pierde ese talento”, añade.

Peter Siavelis, profesor del Departamento de Políticas y Asuntos Internacionales en Wake Forest University, explica que en Chile la gente está cansada de los extremos y quiere a “políticos pragmáticos”.

“Los chilenos no piensan en términos de modelos económicos; los académicos lo hacemos. Ellos simplemente están en contra de lo que existe ahora porque no les es rentable. No les conviene porque no les alcanza el dinero para jubilarse, porque tienen que pagar por educar a sus hijos o porque están endeudados y no tienen trabajo”, dice. “Quieren a políticos que implementen programas que tengan un impacto directo sobre su día a día. Y está la percepción de que los políticos no han estado pensando en eso”, subraya.

La clase media se siente olvidada

Eso es exactamente lo que siente María Jesús Santelices, madre de dos hijos de 24 y 10 años, divorciada. Hace un par de meses empezó a vender “cosas recicladas” en la calle mientras espera que la municipalidad le dé un permiso para abrir un quiosco delante de un colegio. Antes trabajaba en un pub que cerró. Sufre de una radiculopatía lumbar y de anemia, pero no ha podido mantener el reposo que le indicaron porque no tendría de qué vivir. Dice que lleva ocho meses esperando que la atiendan en el sistema de salud pública y que “probablemente tenga que esperar dos años más para que la operen”.

“Yo siempre he sido de clase media y la clase media es la que más sufre, porque al pobre se lo dan todo”, dice. “Por ejemplo, fui a la municipalidad para postular a una vivienda social y no me la dieron porque tengo un hijo a cargo. Pero si tuviera tres o viviera en la calle me la habrían dado. Todo cuesta más. Y ahora es más difícil aún porque con la inmigración, donde tú vayas, el extranjero tiene prioridad”.

Santelices optó por apoyar a Beatriz Sánchez, la candidata del Frente Amplio, un movimiento político relativamente nuevo que promueve un modelo con una mayor participación del Estado y políticas sociales universales. Sin embargo, gran parte de su discurso se asemeja al de muchos votantes de Piñera.

Carlos Espinoza es guionista de ficción y productor de conciertos. Trabaja de manera independiente y se define de “derecha, capitalista neoliberal”.

“Yo creo en el discurso del crecimiento económico del país, de que haya más empleo. Y creo que durante el primer gobierno de Piñera se adoptaron medidas sociales importantes que no tuvieron eco en los medios, como el posnatal de seis meses”, dice. “No tengo nada contra la Bachelet, pero pertenezco a la clase media y siento que su gobierno no va dirigido a nosotros”.

A juicio de Espinoza, las políticas bacheletistas “van dirigidas a los más pobres”, lo que le parece bien, pero no lo representa. Además, cree que la desaceleración económica afectó a gente como él: “Uno siente que termina pagando los platos rotos. La clase media igual es un 37% del país”.

Delincuencia y corrupción

La delincuencia sigue siendo para los chilenos uno de los principales problemas. Es una percepción tanto de los votantes de derecha como de los de izquierda; algunos se lo atribuyen a la entrada masiva y sin control de extranjeros al país y otros, a la desigualdad y la falta de educación.

“Quiero que haya menos delincuencia, que uno pueda salir tranquilamente de su hogar”, dice Evelyn Ortiz, una mujer de 46 años, madre de dos adolescentes, que trabaja aseando casas y piensa votar por Alejandro Guillier, el candidato de la coalición que llevó Bachelet al poder y segundo favorito en las encuestas.

“Pero en todas partes está pasando prácticamente lo mismo: mucho robo, mucho asalto, mucha droga”, sigue Ortiz.


El marido de Ortiz es discapacitado. Sin embargo, la familia no recibe ayuda por invalidez. Su mujer dice que nunca ha pedido porque la vez que lo hizo su suegra se la rechazaron. “Según ellos, no necesitaba la ayuda”, dice Ortiz.

La impotencia y resignación frente a los abusos, tanto en el sector público como privado, también es tema recurrente. Pasa lo mismo con la idea de que los subsidios y la entrega de viviendas sociales llegan a quienes tienen amigos bien ubicados y no a otros. Y no se queda atrás la rabia frente a los empleadores que no pagan las cargas sociales de sus empleados o por la colusión en ciertos sectores industriales que llevan a alzas de precios.

La Encuesta Bicentenario, que realizan anualmente la Universidad Católica y la encuestadora Adimark Gfk, arroja datos interesantes al respecto. Según los resultados entregados este año, 65% de los chilenos no confía en las empresas, 79% no lo hace en el gobierno y 92% desconfía de los parlamentarios.

“Yo ni siquiera creo que los presidentes tengan el poder”, dice Luis Stuardo, del almacén de La Vega central. “Son los senadores, los diputados y los empresarios. Ellos lo manejan todo”, añade.

Stuardo no es el único sin claras opciones de voto para el domingo. Según la misma encuesta Bicentenario, 46% de los chilenos se dice insatisfecho o muy insatisfecho con las alternativas presidenciales.

Una de ellos es Isabel Garreaud, psicóloga de 40 años, quien por primera vez en su vida decidió votar nulo. “Lo voy a hacer porque considero que ninguno de los candidatos me representa o le puede dar gobernabilidad a un proyecto a largo plazo de país. Piñera difícilmente va a tener una visión comunitaria de cómo enfrentar los problemas como sociedad, porque cree en la competencia de igual a igual en un país donde no se parte desde un terreno de igualdad”, dice. “Y los otros, temo que puedan profundizar reformas que fueron hechas de mala manera. Mi voto será un voto protesta”.

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