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Iván Duque y Gustavo Petro irán a la segunda vuelta de las presidenciales en Colombia

El aspirante del uribista Partido Centro Democrático acumuló un poco más del 39% de los votos, seguido por el exalcalde de Bogotá con 25%. Habrá segunda ronda el 17 de junio.
26 May 2018 – 12:28 PM EDT
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El candidato presidencial Iván Duque, del partido uribista Centro Democrático, se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia al acumular más del 39% de los votos, al tenerse contabilizadas el 99% de las boletas electorales.

En el segundo lugar de las preferencias electorales se ubicó el izquierdista Gustavo Petro, exalcalde de Bogotá, con un poco más del 25% de los votos.

Sergio Fajardo, de Coalición Colombia, llegó en el tercero muy de cerca con 23% de los votos.

La segunda ronda electoral se llevará a cabo el 17 de junio ya que Duque no pudo acumular más del 50% de los votos necesarios para definir en la primera vuelta.

"Quiero dar gracias a Dios (...) hoy ha ganado la democracia colombiana", dijo Iván Duque al celebrar la victoria. "Hemos logrado la votación más alta que se conozca en Colombia en una primera vuelta", les aseguró a sus seguidores tras sumar más de 7 millones 500 mil votos.

"Colombia necesita un gobierno que desde el primer día asuma la lucha contra la corrupción como la quiero asumir", dijo Duque.

Por su parte Petro aseguró que los resultados coinciden con los de sus auditores. "Matemáticamente hay un hecho: la ventaja que Duque y sus aliados tomaron sobre nosotros ha disminuido completamente en 10 puntos porcentuales" y señaló que Duque tiene techo electoral, pero que él y las "fuerzas libres de la ciudadanía" no lo tienen.

Petro dijo que "ahora sí" el pluralismo puede ser un eje de la democracia. " A mí me parece eso importante" y aseveró: "Esa diversidad es nuestra mayor riqueza".

En fotos: Una intensa jornada electoral en Colombia que deja ganadores, perdedores y expectativas

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Retos para Colombia

Colombia afronta una segunda vuelta que ya es considerada como una de las más relevantes en la historia reciente del país. Está en juego el histórico acuerdo de paz alcanzado a finales de 2016 con la guerrilla de las FARC que puso fin a más de medio siglo de guerra. Por causa de este, la polarización en la sociedad ha dibujado un escenario inédito: una batalla entre la izquierda y la derecha que tendrá consecuencias en la región.

El sustituto de Juan Manuel Santos deberá tomar decisiones cruciales en la política internacional respecto a América. La crisis humanitaria en el país vecino de Venezuela ha jugado un papel protagonista en la campaña y será una de las prioridades del nuevo presidente. En Colombia ya viven más de un millón de venezolanos desplazados por la falta de alimentos y medicamentos y la incertidumbre política.

El fin de las FARC ha permitido a los carteles de la droga mexicanos establecer sus redes en el territorio colombiano, donde se registra la mayor producción de cocaína del mundo. Esta nueva realidad no afecta sólo a los países vecinos del sur, como Ecuador, también influye en Centroamérica, por donde pasan las rutas del contrabando hacia el norte.

Además la relación con Estados Unidos, que ha tenido en Colombia un aliado estratégico desde finales del siglo pasado, podría cambiar con el nuevo inquilino del Palacio Nariño de Bogotá.

En la política interna los asuntos en juego no son menos importantes: el resultado de las elecciones del próximo 17 de junio determinará cuál será la orientación de la economía a medio plazo, hasta qué punto habrá un compromiso real para combatir la corrupción en Colombia (donde el escándalo de Odebrecht ha salpicado a la clase política) y se tomarán decisiones vitales respecto a la distribución de la tierra, el conflicto que provocó la aparición de las guerrillas a mediados del siglo XX.

Cada candidato ofrece una solución diferente y diametralmente opuesta de dos extremos ideológicos: Duque, desde la derecha vinculada al uribismo (el partido del expresidente Álvaro Uribe, el Centro Democrático), y Petro, quien ya se autodenomina "el primer líder progresista de Colombia" y al que sus rivales vinculan con el "castrochavismo" por su amistad con el líder venezolano Hugo Chávez.

Independientemente de quién gane en la segunda vuelta, habrá una ruptura con la política que ha seguido Santos en los últimos ocho años al mando del país. El actual presidente concentró todas sus fuerzas en lograr un acuerdo con las FARC, lo que le valió el Nobel de la Paz en 2016.

Iván Duque: el único que ha prometido modificar el acuerdo de paz

Iván Duque encabezó la campaña del No en el Plebiscito de 2016 para evitar que el Gobierno colombiano firmara un acuerdo con las FARC. Fue una de las voces más moderadas dentro de su bancada, siempre abierto al diálogo, pero desde que se convirtió en candidato ha insistido en que hay puntos que fueron pactados que son necesarios cambiar.

Un análisis de la fundación independiente Insight Crime refleja que Duque es el único candidato que introducirá modificaciones en el acuerdo de paz en caso de ser elegido. También podría dificultar el diálogo que Santos inició con la otra guerrilla del país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Sus votantes son las clases privilegiadas, con un gran apoyo de colectivos religiosos como el Partido Mira (cristianos con énfasis en las políticas sociales) y el sector más radical de los evangélicos, que jugó un papel destacado en la victoria del No en el Plebiscito. También puede atraer, gracias al voto del miedo, al ciudadano indeciso que teme las políticas de izquierda de Gustavo Petro. Además se pueden sumar los votos de Sergio Fajardo y German Vargas Lleras que no pasaron de la primera vuelta.

Gustavo Petro: el líder progresista que despierta pasiones y odios

Petro simboliza, a sus 58 años, el cambio en todos los frentes. En la economía pretende apostar por los cultivos y las fuentes de energía renovables (el aguacate ha sido uno de los símbolos de su campaña) para sustituir la dependencia del petróleo y el carbón; en política aspira a liderar "un nuevo eje progresista" en América Latina, y en lo social apuesta por reducir la enorme desigualdad de Colombia.

Sus detractores temen que, como sucedió durante su paso por la Alcaldía de Bogotá entre 2012 y 2015, el candidato quiera hacer muchos cambios en poco tiempo (en este caso, cuatro años). Los grandes empresarios desconfían, pues sus rivales le acusan de querer expropiar tierras para lograr un reparto más equitativo. A medida que ha ido postulándose como uno de los favoritos, sus posiciones extremas se han ido moderando.

Anticipa un cambio en las hasta ahora estrechas relaciones con Estados Unidos. "Colombia no ha tenido una política internacional propia, ha sido un apéndice de Estados Unidos. La guerra contra las drogas ha sido un fracaso. Donald Trump sigue insistiendo en esa vía militar y de represión mientras en su país la gente se está muriendo por consumir sustancias más nocivas que la cocaína", decía en una reunión con la prensa internacional en Bogotá.


En Colombia no se recuerda una campaña presidencial que haya generado tantas adhesiones y odios. Sus discursos ante las masas en las plazas públicas de todo el país y los mensajes bien calculados en las redes sociales han sido sus armas.

Su carrera ha estado marcada por la polémica. Denunció lo que él considera "un fraude electoral" por el sistema de conteo de los votos este domingo y desde la Registraduría le respondieron que estas serán "las elecciones con más observadores de la historia". Su coche fue asaltado en un mitin en Cúcuta, en la frontera con Venezuela. Ha sufrido amenazas como la del exjefe de los sicarios de Pablo Escobar, alias 'Popeye', que este viernes fue detenido por otras acusaciones.

"Si no me matan antes, puedo ganar", dice. La suya será una opción pasional, que aglutina a la izquierda tradicional junto a los sectores populares y las minorías. La llave del éxito para él es el apoyo de los que nunca votan, los que odian a la clase política. Ha sabido tocar las teclas que conectan con este sector y apropiarse del voto de castigo anti-establishment.


*El periodista José Fajardo contribuyó desde Bogotá a la redacción de este artículo.

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