Este hombre luchó con los sandinistas, ahora acusa a Daniel Ortega de mandar a matar a su hijo

El hijo de Álvaro Gómez es una de las más de 30 víctimas que ha dejado la represión a las protestas en Nicaragua. Para él, que perdió una pierna en la montaña con el ejército sandinista y conoce la guerra, el asesinato de su hijo, desarmado, frente a los antimotines y las turbas sandinistas fue una lucha desigual.
25 Abr 2018 – 12:58 PM EDT

MONIMBÓ, Nicaragua.- La mañana del pasado domingo, Álvaro Gómez se despertó con la que es probablemente la noticia más dura de su vida. Su hijo Álvaro Alberto, de 23 años, había muerto tras recibir un disparo en el pecho en medio de las protestas en contra del presidente Daniel Ortega y de su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, que en la última semana han agitado Nicaragua.

Para este profesor de matemáticas de 48 años del barrio indígena de Monimbó, en el departamento de Masaya, al dolor natural de perder un hijo se le suma que los responsables de su muerte fueron sus compañeros de lucha durante la revolución sandinista, un movimiento que Ortega lideró como uno de los nueve comandantes que derrocaron al dictador Anastasio Somoza en 1979.

"La bala que mató a mi hijo no sé de dónde salió, pero sí salió de manos de ellos: de la policía o de la Juventud Sandinista", afirma el profesor Gómez. "Yo soy sandinista, pero no soy simpatizante de la familia Ortega-Murillo y, la verdad, me siento dolido por haber perdido a mi hijo. Me lo asesinaron a mi hijo. Fue un cruel asesinato, me lo golpearon".

Según Gómez, su hijo, un estudiante de cuarto año de finanzas de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) y empleado de una empresa de la zona franca de Masaya, estaba apoyando a los jubilados del barrio de Monimbó en la protesta por la reforma impositiva de la Seguridad Social cuando le alcanzó la bala en la madrugada del sábado.

Cuando unos periodistas le dieron la noticia de que su hijo había fallecido en la mañana del domingo, él no lo podía creer. "Yo no lo creía hasta que una tía me dijo que era cierto, que lo fue a ver en el hospital y que lo encontraron muerto. Lo mataron con un balazo en el pecho, unos dos centímetros arriba de la tetilla", explica en una sala austera de su casa, con un pequeño mueble, unas sillas y un pizarrón con ecuaciones de la última clase particular de matemáticas que impartió.

Ahora, el nombre de su hijo, Álvaro Alberto Gómez, figura en un cartelón pintado a mano que cuelga en una de las verjas del colegio salesiano Don Bosco de Masaya, donde hay un pequeño homenaje con velas a los caídos durante la represión a las protestas de la última semana que en su barrio, Monimbó, dejaron fuertes enfrentamientos con al menos cuatro muertos y decenas de detenidos, según los propios vecinos.

Un bastión sandinista que se rebela contra Ortega

De la crudeza de los choques da fe un carro del Ministerio de Salud completamente quemado en una de las calles principales de Masaya, poco antes de llegar a Monimbó, un barrio indígena que tradicionalmente ha sido un bastión sandinista y donde, durante la insurreción contra Somoza, cayó en combate el hermano menor de Daniel Ortega, Camilo, en 1978.


También dan fe de los choques los vecinos que no se acaban de creer que la policía haya recibido órdenes de disparar contra quienes se manifestaban por los derechos de los jubilados.

"Aquí jugaron con el hambre del pueblo. No es nada político. Es el pueblo, el pobre, el que va a sufrir con lo del INSS (Instituto Nacional de la Seguridad Social)", dice un joven que prefiere no identificarse, en referencia a la demanda que desató las protestas, un paquete de reformas a la seguridad social aprobado por el gobierno de Ortega para aumentar las cotizaciones de empresas y empleados y añadir un impuesto a los jubilados. El domingo, el presidente dio marcha atrás a las medidas, pero no ha logrado calmar el descontento de la población.

"Aquí todo estaba tranquilo y a quienes no estaban en la marcha nos vinieron a agredir a nuestras casas", explica el joven que define a su familia como "los más pobres del barrio".

Según su relato, los antimotines entraron el jueves pasado al patio de tierra de su casa porque algunos manifestantes se habían ido a esconder allí, lanzaron balas y bombas lacrimógenas y tuvieron que llevar a varios niños de la familia al hospital para que los atendieran porque no podían respirar tras inhalar el humo.

"Nosotros siempre hemos sido sandinistas pero no nos gustó. Vimos cómo sufrían nuestros hijos", dice el hombre y su abuela añade: "No sabemos ahorita (si seguimos siendo sandinistas) porque él (Daniel Ortega) mandó a la policía matar a la gente".

"Es una lucha desigual"

Por su parte, Álvaro Gomez tiene claro que aunque hayan matado a su hijo, él sigue siendo sandinista. "Sandinista, pero no un simpatizante de quienes dieron la orden de matar y quienes autorizaron eso", matiza. "Yo era un niño de 8 años cuando la insurrección (contra la dictadura de Somoza) aquí en Monimbó, cuando miraba cómo reprimían a mi pueblo y ahora estoy viendo que se repite la historia".


Para Gómez, que perdió una pierna en la montaña de la Piñuela cuando, con sólo 17 años, cumplía con el servicio militar en el ejército sandinista, el asesinato de su hijo frente a los antimotines y las turbas (grupos motorizados afines al gobierno que agredieron a la población en las protestas) fue una lucha desigual.

En los 80, "nosotros llevábamos un fusil y los que estaban en contra de nosotros, que eran la resistencia, también tenían un fusil. Ahora mi hijo llevaba un palo, llevaba una piedra, pero el que estaba en frente de mi hijo no estaba al igual que mi hijo, estaba con un fusil, con una pistola". afirma.

La muerte de su hijo también le hace lamentar los efectos de la batalla a la que se unió cuando era sólo un adolescente. "Yo a la lucha me enfrenté porque me decían que los Somoza eran los dueños de Nicaragua, los adinerados. Ahora en este país, los dueños de Nicaragua son la familia Ortega-Murillo (...) Aquí quienes figuran como empresarios son los hijos de Daniel Ortega y la Rosario Murillo".

Por eso, asegura que si tuviera a Daniel Ortega frente a él, le pediría que se compadezca por todos los muertos que ha dejado este conflicto.

"Si lo tuviera de frente le diría que yo era simpatizante de él, que yo lo respetaba a él pero ahora con lo que hizo con Rosario Murillo no tengo por qué respetar a nadie. Perdí a mi hijo, lo mataron mandado por ellos. La Rosario Murillo que no venga a decir que son delincuentes".

En fotos: Una semana de protestas, represión y muerte en Nicaragua

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