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Rapados y golpeados: así liberaron a los detenidos en las protestas en Nicaragua

Decenas de personas arrestadas en los últimos días en las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega fueron liberadas este martes. La policía los dejó en diferentes puntos de Managua con la cabeza rapada, golpeados, hambrientos y sin dinero. Las autoridades aseguran que todos los presos están en libertad algo que desmienten las organizaciones de derechos humanos.
24 Abr 2018 – 07:17 PM EDT
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MANAGUA, Nicaragua.- Gerarld Rodríguez se despertó este martes en una calurosa celda de la penitenciaría La Modelo en Tipitapa, un municipio a 30 minutos de Managua. Lo pusieron en una fila bajo el sol junto a decenas de hombres que, como él, tenían la cabeza rapada, y tras esperar durante una hora, los subieron a un autobús amarillo para sacarlos de la cárcel.

"A cada uno nos dieron 20 córdobas (unos 60 centavos de dólar). Tomá para que se vayan pa’ la verga, a su casa. Fue injusto porque nos quitaron el dinero y los documentos y ellos no nos regresaron eso", se lamenta el joven de 27 años. Él es uno de los tantos detenidos durante las protestas de la última semana en Nicaragua en contra del gobierno de Daniel Ortega que ya han dejado una treintena de muertos.

La noticia de la liberación de los presos la dio a primera hora de la mañana Francisco Díaz, comisionado de la Policia Nacional, quien aseguró que han entregado a todas las personas apresadas durante los disturbios de los últimos días "por las graves alteraciones al orden al público".

Después, surgieron en las redes sociales fotos de los liberados: hombres con la cabeza rapada que caminaban en fila, algunos descalzos, sin camisa y desorientados, en diferentes puntos de Managua. "Nos andaban esparciendo", explica Rodríguez. "Al grupo que yo venía nos dejaron en el (balneario popular de) Trapiche y ellos dieron vuelta y se fueron".

Organizaciones de derechos humanos confirmaron que la policía dejó a los liberados en diferentes carreteras de la ciudad, algo que consideran una estrategia del gobierno para no revelar el número total de detenidos ni cuántos quedan en las cárceles.

Siguen buscando a sus familiares presos

"Si nosotros hubiéramos observado saliendo a todas las personas con su pelo rapado, era como el reconocimiento del atropello", le dijo a Univision Noticias Gonzalo Carrión, del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), quien también critica la "irresponsabilidad del Estado" de no hacerle entrega a los familiares de todos los detenidos.

"Aquí hay una cantidad grande de violaciones a los derechos humanos porque las autoridades no informan y la detención ha sido otro de los grandes abusos. Detenciones en masa, sin proceso, sin que les lean los derechos y además hasta la forma en que los liberaron y no rinden cuentas", afirma.


La noticia de la liberación de los jóvenes también provocó la llegada de familiares a la puerta de la penitenciaría donde estaban detenidos. Entre quienes ansiaban noticias de sus seres queridos estaba Marlene Sánchez Granados. A su hijo detuvieron el viernes pasado cuando salía de trabajar y no sabe dónde lo llevaron.

Este martes por la mañana seguía sin respuestas, pero un equipo de la Comisión Permanente de los Derechos Humanos (CPDH) estaba a la puerta de la cárcel tomando datos de las personas que están en su situación.

El director de esa organización, Marcos Carmona, le dijo a Univision Noticias que, aunque no sabe el número exacto de detenidos en las protestas, la mayoría estudiantes, cree que aún quedan muchos en prisión, algo que contradice la versión oficial dada por la policía la mañana del martes.

"Nosotros tenemos reportadas 154 personas detenidas. Sin embargo, sabemos que son muchas más. Ayer los universitarios nos decían que eran 289 jóvenes detenidos", explicó.

"Nos maltrataron y nos tuvieron como si fuéramos delincuentes"

Por su parte, los liberados consiguieron llegar a sus casas y reunirse con sus familias dejando atrás una experiencia que seguramente les será difícil de olvidar.


"Nos maltrataron, nos rasuraron y nos tuvieron como si éramos delincuentes", explica Gerald Rodríguez, ya rodeado de su familia en el patio de tierra de su casa del barrio de Hialeah, en Managua. "Nos metieron a las cárceles sin agua, sin luz y nos decían que si nos creíamos que estábamos en un hotel cinco estrellas para que les pidiéramos agua. Nos trataron de vagos y nos dijeron que si sabíamos lo que estábamos haciendo y, que yo sepa, pues yo estaba trabajando".

El joven asegura que él no estaba en la protesta cuando lo detuvieron el pasado domingo, sino que estaba manejando su caponera, como le llaman a los mototaxis en Nicaragua. Dice que los policías que lo detuvieron le golpearon con una AK-47 en la cara, en las costillas y en el pie.

"Tengo unos rasguños aquí que me hicieron", cuenta y muestra unos arañazos en el costado de su espalda. "Me agarraron confundido. Andaban agarrando al mundo y a Raimundo ahí", explica usando esa expresión popular para indicar que las detenciones eran indiscriminadas.

Después, junto con otros arrestados, lo trasladaron al Chipote, una cárcel que las organizaciones de derechos humanos piden reiteradamente que se cierre y que es conocida por la represión a los reos.

Gerald Rodríguez da fe de ello. "Habían muchachos con cabezas rajadas, con cejas partidas, heridas grandes que no le ponían ni puntadas ni nada, muchachos con un codo inflamado... No les importaba, los metían así y los volvían a golpear", explica.

En los dos días que el joven estuvo en la cárcel sin comer, las cosas cambiaron mucho en Nicaragua: el domingo el presidente Daniel Ortega dio marcha atrás a las reformas a la seguridad social que provocaron las protestas, pero no convenció a la población de poner fin a sus reclamos.

El lunes, una multitudinaria marcha inundó las calles de Managua para pedirle al gobierno de Ortega el fin de la represión que ya ha dejado una treintena de muertos y la salida del poder.


Durante su estancia en prisión tampoco acabó la represión. En la noche del domingo, la policía cargó contra los estudiantes que llevan una semana atrincherados en la Universidad Politécnica (UPOLI) de Managua en rechazo al gobierno, en una operación que dejó un muerto y una decena de heridos.

"Esa protesta me dijeron que es nacional", dice Rodríguez sin tener aún todos los detalles de lo sucedido en los últimos días. "Está bueno que las personas apoyen a su país. Que no apoyen a un partido que nos está llevando a la quiebra, que nos perjudica a todos. En el momento que el gobierno o el presidente manda a tirar bala, que ya no son de goma son de verdad, y a matar a gente, no es bueno para todos nosotros".

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