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"Era la única salida": la arriesgada huida de 200 jóvenes de las balas de los paramilitares en Nicaragua

Tras la toma de Masaya por policías y paramilitares del gobierno el pasado martes, llegó la persecución de los manifestantes. Para evitar ser baleados o secuestrados por los paramilitares, decenas de jóvenes optaron por huir a una laguna aledaña a la ciudad y jugarse la vida en sus pronunciadas pendientes.
24 Jul 2018 – 6:50 PM EDT

LAGUNA DE MASAYA, Nicaragua. - El grupo de ‘El Lobo’ tuvo que replegarse a las cuatro de la tarde. El avance de los paramilitares era letal. Ráfaga tras ráfaga contra ellos. La resistencia detrás de la barricada con morteros y bombas de contacto artesanales era inefectiva. Estuvieron escondidos en una casa valorando las rutas de escape. Solo había una: bajar a la Laguna de Masaya, situada al pie del volcán, y sortear sus empinados farallones de hasta 100 metros de altura.

La ciudad fue invadida por paramilitares y policías del gobierno de Daniel Ortega el pasado martes para cumplir uno de los objetivos finales de la denominada “operación limpieza”" quebrar el tranque ciudadano del barrio indígena de Monimbó, uno de los que más resistió en Nicaragua a las embestidas armadas.

La “limpieza” de Monimbó fue una de las operaciones más fuertes de los paramilitares y policías. Alrededor de 800 efectivos armados rodearon el barrio. Los ciudadanos sabían que el ataque era inminente y sería ejecutado antes del 19 de julio, cuando Daniel Ortega celebró el 39 aniversario de la Revolución Sandinista y declaró que “la batalla por la paz” había sido ganada. Por esa razón, los rebeldes redoblaron esfuerzos preparando municiones artesanales. Los enfrentamientos fueron cruentos. Duraron más de seis horas, y dejaron al menos cinco muertos. ‘El Lobo’ y su grupo no son originarios de Monimbó. Pertenecen a los barrios norteños de Masaya, pero decidieron apoyar al aguerrido barrio indígena, cuna de la insurrección contra la dictadura de los Somoza y estandarte actual de la rebelión cívica contra la administración sandinista.


A simple vista, ‘El Lobo’ es un tipo intimidante como su seudónimo. Rasgos pronunciados y una barba que se ha tupido en estos meses de resistencia en las trincheras que le da un aire de guerrillero de montaña. Pero es un joven profesional de hablar plácido, amable, que revisa constantemente su iPhone. Él es uno de los líderes del grupo de 25 chavalos que decidieron bajar a la laguna. En medio del tiroteo, los jóvenes pensaron que, como los policías y paramilitares no eran de Masaya, no conocían la ruta y les resultaría difícil seguirlos, según le relató ‘El Lobo’ a Univision Noticias. “Sabíamos que iba ser difícil, pero era la única salida de escape”, afirma.

Los jóvenes de la zona, como ‘El Lobo’, están habituados a la laguna. El cono invertido de origen volcánico colinda con muchos barrios que encuentran en sus aguas sustento alimenticio: pequeños peces mojarras y guapotes, endémicos de estas aguas, cuyo consumo no es recomendado. La Laguna de Masaya está contaminada. En sus abruptas laderas hay basureros. Las aguas residuales que caen han erosionado la roca volcánica dando forma a cascadas fétidas. Pese a su atractivo visual, esta laguna no tiene actividad turística. En parte también por lo salvaje de sus formas. No posee costas y sus laderas cratéricas son tan empinadas, que descenderlas presenta un reto incluso para alpinistas profesionales. A lo largo de la historia, desde tiempos precolombinos, los habitantes de Masaya han tallado gradas en los bajaderos para facilitar el acceso vertical. Pero nadie ha trazado caminos horizontales en las escarpadas laderas. Es zona virgen e indómita.

Cuando 'El Lobo' llegó con sus colegas al bajadero de Monimbó encontraron a otros grupos de rebeldes que habían tomado la misma decisión. Según otros jóvenes con los que conversó Univision Noticias, pero que pidieron anonimato por seguridad, eran alrededor de 200 personas los que descendieron. Los paramilitares comenzaron a seguirlos y ellos bajaron de inmediato. Aunque si se mide en línea recta, la distancia que el ‘El Lobo’ debía recorrer desde Monimbó hasta su barrio era de menos de 4 kilómetros, el trayecto se convirtió una travesía dolorosa y complicada que duró seis horas.

"No podíamos ni ver donde pisábamos"

Al principio del repliegue, ‘El Lobo’ estaba enérgico. Empujaba a sus compañeros a acelerar el paso antes de que el sol se ocultara. Pero pronto perdió impulso. El grupo no llevaba ni agua ni focos para alumbrarse. La mayoría de los celulares se descargaron y solo uno quedó encendido. Pero era una dispositivo valioso para comunicarse. No podían usarlo para alumbrar.


“Llegamos a un punto donde no había camino, solo unas grandes rocas. Solo estaba el agua. Varios no podíamos nadar y decidimos no arriesgarnos de esa forma. Escalamos las rocas, pero nos tomaba una hora avanzar apenas unos 50 metros”, narró ‘El Lobo’. “No podíamos si quiera ver dónde poner el pie por la oscuridad. Y era peligroso. Las rocas tenían como 20 metros en caída libre”.

Las condiciones físicas, después de cinco horas de enfrentamiento en Monimbó, comenzaron a flaquear pronto en las veredas de la laguna. ‘El Lobo’ fue el que más sufrió. No podía caminar más y les pidió a sus compañeros que lo dejaran allí, encima de una roca en la que cayó de espalda.

“Yo no podía caminar más. Era cuestión de subir rocas, cruzar arroyos, bajar, subir. No es como una costa de una playa que vas caminando recto. Las piernas no me respondían”, recuerda ‘El Lobo’ casi al borde del llanto. “Le doy gracias a mis amigos, que son como mis hermanos, que trataron de hacer una camilla con ramas. Me decían que iban a cargar, y que no me iban a dejar morir allí. Me apoyaron diciéndome que tenia que subir para ver a mi hijo, y a mi abuela”.


Disparos desde arriba hacia la maleza

Los amigos de ‘El Lobo’ estaban con miedo. Desde arriba, escuchaban disparos de francotiradores hacia la maleza. Los paramilitares no osaron a bajar pero comenzaron a flanquear a ciegas. La “operación limpieza” del gobierno no se acaba con derribar barricadas. Los grupos armados persiguen a los rebeldes para apresarlos o para asesinarlos. Es una cacería casa a casa que ha sido denunciada por organismos de derechos humanos.


“El Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (Meseni) documentó actos de represión selectiva por medio de detenciones arbitrarias, por medio de allanamientos ilegales de viviendas en busca de personas que participaron en protestas y tranques y opositores”, denunció la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en un informe publicado hace una semana, cuando la “operación limpieza” arrasó con los 136 tranques que habían en Nicaragua.

Univision Noticias bajó a la laguna con los jóvenes a través del bajadero “La Puerta del Cielo”, por donde ‘El Lobo’ pudo al fin salir. Es un terreno pronunciado, de estrechos pasadizos en la roca salvaje, con precipicios de vértigo. Antes de llegar a este sitio, el grupo de jóvenes se perdió. Llegaron a un sitio donde no habían tantos árboles y la luz de la luna, que rebotaba en el espejo de agua, les permitió verse después de horas de oscuridad. Iban mugrosos, cortados por las rocas, deshidratados, desmoralizados. La brújula del instinto estaba desconcertada. Ellos pensaban que caminaban hacia el norte, a la “La Puerta del Cielo”, pero iban en dirección errónea.

Un hombre con un machete los encontró y ellos se paralizaron del miedo. “¿Un paramilitar?”, se preguntaron. No. Era un campesino que buscaba a un familiar que había estado en las protestas. El hombre los ayudó a tomar el rumbo correcto y les dio de beber agua de la laguna, porque la sed los exprimía. “Pero esa agua está contaminada”, reparó ‘El Lobo’. “Es eso o se mueren de sed”, regañó el campesino.

Al retomar el rumbo, llamaron con el celular con carga a otros rebeldes que estaban en el barrio. Les explicaron la situación. Diez de esos muchachos bajaron por “La Puerta del Cielo” a buscarlos. Ellos sí llevaban focos y agua. Poco después los encontraron, cargaron a ‘El Lobo’ y lo subieron a la superficie de Masaya. Pero no había alivio aún. En la esquina, los paramilitares resguardaban a la pala mecánica que botaba una de las barricadas que había quedado en el barrio. La hermana de ‘El Lobo’ relató que ella y su abuela estaban sumidas en la incertidumbre sobre el paradero de su hermano, cuando alguien tocó la puerta. Era ‘El Lobo’. “Venía muy sudado, sucio, como si lo habían sacado de un lodazal. Le preguntamos qué le había pasado pero no quiso decirnos nada”, dijo la joven.

‘El Lobo’ se desplomó en una butaca, pidió que lo dejaran solo y comenzó a llorar desconsoladamente. “Eran sentimientos encontrados. Lloraba por todo: porque pensaba que no iba a volver a mi casa, por cómo nos ganaron el territorio, por los cuatro chavalos que mataron, por dos compañeros heridos, lloraba por la situación que vivimos en la laguna”, cuenta ‘El Lobo’ una semana después de la travesía.

Los 200 rebeldes que huyeron por la laguna han salido de Masaya. La ciudad está militarizada y la represión selectiva continúa. Tanto ‘El Lobo’ como mucho de los otros jóvenes, están en casas de seguridad y otros han huido a Costa Rica. Las oleadas migratorias de refugiados políticos han aumentado durante esta crisis en Nicaragua, que deja más de 300 muertos, según organismos de derechos humanos. Solo Masaya ha aportado 36 muertos a esta lista fatídica.

La lucha de los masayas ha sido una de las mas fieras contra la represión del gobierno. En Masaya, la normalidad vuelve poco a poco. Fue una de las ciudades más golpeadas por los enfrentamientos. La devastación queda patente en sus comercios clausurados y calles dañadas. La paz de la que habla el gobierno es una paz con balas que es garantizada por los paramilitares armados con fusiles de guerra. Ellos patrullan las calles de la ciudad, y el temor entre los rebeldes que se niegan a abandonar sus casas está presente, pero no es más grande como “las ganas” que tienen de volver a levantar barricadas, coinciden.

“No nos han ganado. Pueden quitar las barricadas, los adoquines, el territorio, incluso quitarnos hermanos, pero no nos quitaron la convicción de ver nuestra patria libre. Nos quitaron el miedo. Masaya no se ha rendido”, desafió ‘El Lobo’.

📷 Masaya, una ciudad tomada por paramilitares del gobierno de Ortega en Nicaragua

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