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EEUU ordena la repatriación de familias de diplomáticos en Nicaragua en medio de protestas contra Ortega

Horas antes de una marcha masiva en la capital, Managua, los diplomáticos recibieron la orden de sacar a sus familias fuera del país en la última señal de que el gobierno de Ortega está perdiendo el control.
24 Abr 2018 – 11:55 AM EDT
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Las protestas no han parado desde que se anunciaron reformas al sistema de seguridad social. Crédito: Getty Images

La embajada de Estados Unidos en Managua ordenó la partida de familiares de su personal diplomático cuando la crisis política de Nicaragua entró en su sexto día sin signos de resolución o diálogo para poner fin a las sangrientas protestas callejeras que han dejado al menos 27 muertos.

Decenas de miles de nicaragüenses marcharon pacíficamente el lunes por la tarde en la manifestación más fuerte en contra del presidente Daniel Ortega. Si bien no hubo enfrentamientos entre los manifestantes y la policía durante la marcha, el gobierno de Ortega se ve cada día más débil y aislado.

Las protestas dirigidas por estudiantes, que comenzaron después de una subida del impuesto a la seguridad social, se han transformado en un movimiento nacional contra el uso excesivo de la fuerza letal por la policía y lo que muchos ven como el gobierno dictatorial de Ortega, el nepotismo y la corrupción.

Las actividades en las escuelas permanecen suspendidas "hasta nuevo aviso" en todo el país e influyentes figuras en el extranjero, incluido el papa Francisco, han pedido el diálogo.

En la última señal de pérdida de confianza, la embajada de EEUU ordenó "a todos los familiares de los empleados del gobierno que salgan de Nicaragua hasta que mejore la situación de seguridad".

El anuncio del lunes, enviado por correo electrónico a los ciudadanos estadounidenses en Nicaragua, advirtió de que "los disturbios civiles a gran escala incluyen manifestaciones violentas y no violentas, disturbios y saqueos en toda Nicaragua".

Agregó que los suministros de comestibles podrían estar agotándose y que el acceso al aeropuerto internacional de la capital era "esporádico y complejo".

La embajada ha estado cerrada desde el jueves pasado y se abrió brevemente el lunes durante dos horas por la mañana para atender emergencias. "Estuve allí para renovar el pasaporte de uno de mis hijos y se anunció por altavoz que todos tenían 15 minutos para irse", dijo un hombre nicaragüense a Univision Noticias. "El cónsul firmó los documentos y luego subió a un automóvil y se fue, como en las películas", agregó.

"La decisión de pasar a la partida ordenada para los dependientes de la embajada en Managua es bastante seria y no una decisión tomada a la ligera", dijo el exembajador de Estados Unidos John Feeley, quien fue el segundo diplomático del Departamento de Estado para América Latina.

"Básicamente significa que el Departamento de Estado está muy preocupado de que el gobierno sandinista no pueda garantizar la ley y el orden en las calles, proteger al personal diplomático y no parece que lo recupere en el corto plazo", agregó en una entrevista telefónica.

"No hay vuelta atrás"

Feeley, quien renunció como embajador en Panamá en enero en desacuerdo con el liderazgo moral del presidente Donald Trump, dijo que la crisis había llegado a un punto en que el control de Ortega sobre el poder estaba siendo seriamente cuestionado por primera vez.

"No hay vuelta atrás. El régimen de Ortega como existió ha terminado. Como resultado de esta efusión espontánea y descoordinada de ira ciudadana contra el presidente Ortega y su esposa, mi sensación es que su sistema altamente personalizado y fetichistamente centralizado de gobierno autocrático finalmente comienza a cambiar ", dijo.

"La calle nicaragüense está haciendo lo que las elecciones falsas y una democracia secuestrada no pudieron: abrir un espacio para que sus voces se escuchen", agregó.

Ortega, de 72 años, ha estado en el poder desde 2007 y ganó un tercer mandato consecutivo en noviembre de 2016 con el 72% de los votos, aunque los líderes de la oposición declararon las elecciones como una "farsa". Los críticos lo acusan, a él y a su esposa, la vice presidenta Rosario Murillo, de usurpar el control de cada rama del gobierno, así como de los medios, en un intento despiadado de mantenerse en el poder.

A pesar de la pobreza generalizada y una historia de revolución y guerra civil, Nicaragua se ha mantenido relativamente estable en los últimos años, evitando la violencia de pandillas o la agitación política que ha afectado a sus vecinos centroamericanos.

El INSS fue la gota que colmó el vaso

La crisis actual comenzó a principios de este mes, según los expertos, cuando estalló un incendio forestal masivo en la Reserva Biológica Indio Maíz, considerada una de las reservas naturales mejor conservadas en el sur de Nicaragua. Los críticos del gobierno sospechan que el incendio, que arrasó 12,000 acres, fue el resultado de la tala ilegal y culpó a la falta de controles gubernamentales.

Cuando el gobierno anunció que el fuego se había extinguido rápidamente, pocos lo creyeron. Eso preparó el escenario para un dramático estallido de protestas la semana pasada después de que el gobierno anunciara una sorpresiva subida de impuestos para rescatar el Instituto Nicaraguense de Seguridad Social (INSS).

El domingo, Ortega dio marcha atrás al paquete de reforma al INSS y ofreció abrir un diálogo con el sector empresarial y la Iglesia Católica, mientras acusó a los estudiantes de ser delincuentes. La primera dama fue más allá y los acusó de "vampiros."

Pero los líderes de la iglesia hasta ahora se negaron a reunirse con Ortega hasta que el gobierno libere a los estudiantes prisioneros y levanten las restricciones a los medios.

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