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Coronavirus

Nicaragua y la factura del coronavirus: cifras engañosas, tratamientos costosos y entierros exprés

Especialistas médicos cuestionan la respuesta del gobierno de Daniel Ortega para frenar la propagación del coronavirus, mientras que familiares de nicaragüenses en San Francisco lamentan que la práctica de los "entierros exprés" les impida darle el último adiós a sus seres queridos.
10 Jun 2020 – 06:37 PM EDT
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SAN FRANCISCO, California. – En sus casi veinte años de experiencia como asistente de enfermería en el Área de la Bahía, Zoila jamás le temió tanto a la propagación de un virus. Y cuando muchos de sus pacientes dieron positivo por coronavirus, la idea de contagiarse o incluso morir comenzó a angustiarla.

En la última semana de abril, el asilo de ancianos en San Francisco donde Zoila trabaja reportó más de 65 contagios de covid-19 entre sus residentes y empleados. Zoila dice que “gracias a Dios” ella no se infectó, pero ese miedo a la pandemia no solo tenía origen en el centro de cuidado para personas de la tercera edad, sino también en el hecho de que en su natal Nicaragua, su hermana mayor de 75 años comenzó a padecer de manera repentina de fiebre alta y tos seca, síntomas asociados con el coronavirus.

“La hospitalizaron un miércoles y el viernes ya estaba teniendo problemas respiratorios. La doctora dijo que era mejor que la entubaran, que así tal vez mejoraba. Mis hermanas preguntaron si era un problema de coronavirus y la doctora dijo que no, pero por si acaso había que entubarla”, cuenta Zoila, quien prefirió ocultar su apellido y el nombre de su hermana por miedo a posibles represalias del gobierno nicaragüense.

En la madrugada del 3 de mayo, Zoila recibió una llamada telefónica que confirmó la muerte de su hermana en el Hospital Solidaridad de Managua. La muerte fue registrada como producto de una neumonía grave y pese a que nunca le mostraron una prueba que confirmara un contagio de covid-19, el departamento médico del hospital le aconsejó realizar un “entierro inmediato”.

“Le dijeron a mi familia que no la podían velar”, señala Zoila en una entrevista vía telefónica desde su vivienda en San Francisco.

La hermana de Zoila fue sepultada en Managua la misma tarde del domingo en el que recibió la llamada con la trágica noticia. Desde entonces, Zoila y su familia se preguntan el por qué de la urgencia de las autoridades para enterrar el cuerpo si, según la doctora, la fallecida no era paciente de coronavirus.

Reportes periodísticos han documentado que los “entierros exprés” se han convertido en una práctica común en Nicaragua desde que comenzó la pandemia de coronavirus, además de convertise en una situación que priva a los familiares de dar el último adiós a sus muertos.

Zoila, por ejemplo, lamenta no haberse podido despedir de su hermana.

85 dólares al día por atención médica


Hasta después de su muerte, un hombre al que identificaremos con las siglas H.E.F.D. es recordado por sus allegados como un comerciante próspero en el mundo de las exportaciones de langostas en Managua. Noticias Univision 14 conversó con su hijo, quien nos pidió ocultar su nombre y referirnos a su padre solo con sus iniciales por temor a posibles represalias del gobierno nicaragüense.

H.E.F.D. era un hombre de 49 años, dedicado en cuerpo y alma a la pesca, rutina que lo mantenía en un estado saludable. Ni él ni su hijo pensaron que una tos repentina terminaría en tragedia.

En una entrevista vía telefónica desde Nicaragua, el hijo nos cuenta que la salud de su padre se deterioró y los médicos lo sometieron a un tratamiento con azitromicina e hidroxicloriquina, medicamentos asociados con los paliativos para combatir el coronavirus.

Los doctores consideraban su caso como “sospechoso de covid-19”. Sin embargo, ninguno surtió efecto y al poco tiempo H.E.F.D. necesitó ser internado.

H.E.F.D. no pudo ser admitido en el hospital Vivian Pellas el pasado 12 de mayo debido a que el nosocomio estaba abarrotado de pacientes sospechosos de covid-19, de acuerdo con el testimonio de su hijo. En esa misma fecha el Ministerio de Salud de Nicaragua reportaba apenas 25 contagios y 8 muertes confirmadas en todo el país.

Por suerte, el enfermo fue admitido en el Nuevo Hospital Monte España, no sin que antes su hijo tuviera que desembolsar un depósito de 500 dólares por concepto de “ingreso médico”.

“Me dicen ‘solo el cuarto te cuesta 85 dólares al día y a eso le tienes que sumar honorarios médicos, el medicamento y cualquier otro gasto en que tu papá incurra’. Yo dije ‘está bien’, porque somos una familia de clase media y tenemos nuestros ahorros”, cuenta el hijo de H.E.F.D. desde Managua.

Al cabo de una semana, la condición respiratoria de H.E.F.D. empeoró y tuvo que ser transferido a la unidad de cuidados intensivos, donde lo colocaron en un respirador artificial. Por ese motivo, se tuvieron que pagar 2,000 dólares adicionales. Su hija desde Miami y su hijo desde Managua juntaron el dinero para cubrir el oneroso gasto médico.

H.E.F.D. permaneció cuatro días en la sala de terapia intensiva hasta que falleció el 22 de mayo por una “neumonía atípica”, 10 días después de ser internado por un cuadro de tos. Los médicos nunca le mostraron pruebas de que estuviera contagiado de coronavirus.

Consciente de la práctica de los “entierros exprés”, su hijo pagó el dinero restante en la factura para que le entregaran el cuerpo lo antes posible. Eran otros 2,000 dólares adicionales a los 10,000 que ya habían pagado en total.

“Yo quería que me dieran el cuerpo, porque si no llegaba el Minsa (Ministerio de Salud) y hacían lo que están haciendo con las personas que fallecen en los hospitales públicos. Se los llevan y no les dan a los familiares el lugar exacto donde los entierran,” explica el hijo de H.E.F.D. a una semana del fallecimiento.

A diferencia de muchos fallecidos con síntomas asociados con el coronavirus, los restos de H.E.F.D. están sepultados en un cementerio de Managua, donde sus parientes podrán visitarlo y llevarle ofrendas cuando gusten.

En tiempos de pandemia, este es un privilegio al que muchos nicaragüenses no tienen acceso. Nicaragua es uno de los países más pobres de Latinoamérica con un salario mínimo que no llega los 190 dólares mensuales, por lo que sobrevivir al coronavirus pagando cuentas médicas que rebasan los 10,000 dólares es prácticamente imposible para los familiares de los enfermos.

“En Nicaragua hay dos mundos paralelos”


Carlos Quant, un reconocido infectólogo nicaragüense, habló vía telefónica con Noticias Univision 14 sobre la realidad en los hospitales de ese país durante la pandemia de coronavirus que ha cobrado la vida de cientos de miles de personas en todo el mundo.

El experto trabajó por más de 20 años en el hospital Manolo Morales en Managua, de donde recientemente fue despedido en medio de un número creciente de casos en los que los médicos nicaragüenses están perdiendo sus empleos por criticar la forma en la que el gobierno está manejando la emergencia de salud.

“De 200 camas que tiene el hospital, 70 están habilitadas para la atención de pacientes sospechosos con covid-19. Esta es un área que ya se cerró físicamente para estar aislada del resto. Las actividades no relacionadas al coronavirus se han reducido en un 80 por ciento, lo más probable es que no hayan llegado al hospital por temor a infectarse,” señala Quant, quien es uno de los doctores que más han criticado al gobierno de Daniel Ortega durante la pandemia.

Quant agregó que cuando las condiciones respiratorias de los pacientes en el Hospital Manolo Morales empeoran, lo normal era transferirlos al Hospital Alemán, donde se habilitaron dos unidades de cuidados intensivos y al menos 20 respiradores artificiales. No obstante, ese protocolo fue suspendido debido a que el Hospital Alemán ya no cuenta con camas disponibles.

Ante la saturación de la mayoría de los hospitales en la capital, muchos nicaragüenses optan por las consultas privadas. El médico neumólogo Jorge Alemán Zapata dice que, con el transcurso de las semanas, el número de pacientes con síntomas relacionados al coronavirus aumenta exponencialmente.

“Muchos de los síntomas son muy claros. Ellos no quieren ir al hospital porque tienen miedo, porque allí están los pacientes graves y además no se les están haciendo las pruebas a pacientes con síntomas leves, solo a los graves”, señala vía telefónica desde la ciudad de León, una de las más afectadas por el covid-19 en Nicaragua.

El pasado 15 de mayo, el doctor Alemán cuenta que recibió una llamada telefónica por parte de una familia preocupada. Un adulto de 60 años presentaba fiebre, tos y dolor corporal. El médico lo asistió con la ayuda de la tecnología y hacia el final de la videollamada, sugirió que el enfermo debía ser llevado a una unidad hospitalaria cuanto antes. Eso nunca ocurrió.

Cuatro días después, el 19 de mayo, eran cerca de las 6 de la tarde cuando la misma familia volvió a contactar al especialista. Esta vez el hombre de 60 años no podía caminar y presentaba complicaciones respiratorias. El médico les insistió que tenían que llevarlo a un hospital. Esta vez, la familia atendió las indicaciones del doctor, pero fue demasiado tarde. Antes de la medianoche de ese 19 de mayo, el enfermo falleció.

“Los pacientes están muriendo con síntomas de covid-19 y no se están reportando como muertes vinculadas a la enfermedad porque no hay pruebas,” explica el doctor Alemán, quien cada día atiende a través de videollamadas entre cuatro y cinco sospechosos de coronavirus.

Cuando la pandemia alcanzó a América Latina y países centroamericanos imponían restricciones sanitarias y cuarentenas obligatorias para frenar la propagación del covid-19, el sistema educativo nicaragüense continuaba su agenda sin interrupciones, e incluso la liga profesional de fútbol seguía su curso.

La organización Human Rights Watch criticó en un comunicado que el presidente Daniel Ortega había respondido a la pandemia con tácticas que contradicen los consejos de expertos mundiales de la salud y que ponen en riesgo la vida de los nicaragüenses.

A la fecha, el Ministerio de Salud de ese país confirma 1,464 contagios y 55 muertes. Ese balance estadístico contrasta con el de especialistas médicos del Observatorio Ciudadano Covid-19 Nicaragua, el cual reporta un total de 5,027 personas afectadas y 1,114 muertes por neumonía y sospechas de coronavirus.

Cuando se le preguntó si en Nicaragua se está tratando de ocultar la verdadera propagación del covid-19, Quant respondió que “en Nicaragua hay dos mundos paralelos, el que mira el gobierno y el que miran los ciudadanos”.

Sigue nuestra cobertura sobre la pandemia y encuentra los recursos que ofrecen las autoridades y las organizaciones no lucrativas para sobrevivir a la crisis del coronavirus:

Inspirados por el coronavirus, muralistas toman las calles para crear arte relacionado con la pandemia

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