De migrante retornado a candidato: este salvadoreño quiere usar su experiencia para apoyar a los deportados

Al regresar a El Salvador después de vivir 15 años en Estados Unidos, José Mario Escobar comprobó lo difícil que era volver a adaptarse y crear un negocio. Este domingo se postula a las elecciones municipales como diputado con un plan para ayudar a los inmigrantes y deportados.
2 Mar 2018 – 3:15 PM EST

SAN SALVADOR—Cuando José Mario Escobar regresó a El Salvador en 2007 después de 15 años en Maryland, se sintió como un extraño en su propio país. Quería pasar tiempo con sus padres mayores y había planeado abrir un nuevo negocio con el dinero que había ahorrado en Estados Unidos. Pero pronto se enteró que conseguir un préstamo y registrar un negocio sería casi imposible, ya que su trabajo o historial de crédito de Estados Unidos no sería reconocido en El Salvador.

Además, el país de su juventud había sido invadido por las pandillas y se sentía perdido. "Me sentía raro, extraño. No sentía que esto era mi país ... No conocía las calles", recuerda. "Tú dices, ¿bueno qué puedo hacer ahora?'".

Mientras Escobar luchaba por adaptarse a la vida en El Salvador, se empezó a frustrar por la falta de ayuda del gobierno. En lugar de recibir un préstamo en El Salvador, regresó a Estados Unidos durante unos meses para ahorrar lo suficiente y regresar para abrir el negocio. Ahora, más de 10 años después, se presenta como candidato a las elecciones legislativas y municipales del 4 de marzo para tratar de cambiar el trato que se les da a otros retornados. El domingo, los votantes determinarán si Escobar los representa como diputado durante los próximos cuatro años.

"El gobierno actual nos ha tratado súper mal", afirma Escobar, de 46 años, en la tienda de neumáticos que creó. "Un día te examinan y luego de allí te dan tu dinero para que te vayas a tu casa. Es un programa que hay, pero lo llevan [solo] un día. ¿Y luego después?".

Más de 200,000 salvadoreños han sido deportados de Estados Unidos desde 2007. Durante el primer año de mandato del presidente Donald Trump, más de 18,800 salvadoreños fueron deportados, una cifra inferior a los 20,500 del año anterior. Pero el perfil de los deportados ha cambiado con Trump: es más probable que hayan vivido en Estados Unidos durante años, lo que hace que el regreso les sea más complicado.

De vuelta en El Salvador, esta población enfrenta desafíos que van desde tratar de obtener un préstamo hasta reclamar propiedades en Estados Unidos y encontrar un trabajo. Los políticos a menudo expresan su apoyo a los inmigrantes y los deportados, pero muchos sienten que tienen pocos verdaderos aliados en el Congreso que compartan sus experiencias vividas.

Campaña de un retornado

Durante los últimos cuatro meses, Escobar ha compartido su historia por todo San Salvador mientras hace campaña para ser convertirse en congresista y representar a la ciudad por parte del conservador Partido de la Coalición Nacional (PCN). La reintegración de los migrantes retornados, especialmente mediante la promoción de pequeñas empresas, ha sido una parte esencial de su plataforma. Es el único candidato que se postula en base a una plataforma para ayudar a los inmigrantes y deportados que regresan al país.


La semana pasada, visitó El Instituto Salvadoreño del Migrante (INSAMI), algo que, según su director César Ríos, no es común entre los políticos del país. Durante la reunión, Escobar dijo sentirse identificado con las historias que los migrantes compartieron con él. "He pasado por lo que han pasado, me siento uno de ustedes", les dijo.

Después, Escobar habló con los deportados sobre las posibles oportunidades de trabajo en el centro de llamadas que posee, que ofrece empleos para los que hablan inglés y español. Los centros de llamadas han sido una de las pocas industrias que han abierto sus puertas a los deportados.

"Esperaríamos que jóvenes políticos como José Mario se inserten a la vida nacional política", dijo Ríos. "Sería de los pocos migrantes que se introducen efectivamente a la política".

Se estima que en Estados Unidos viven 2 millones de salvadoreños, muchos de los cuales huyeron del país durante la guerra civil del país, que duró de 1980 a 1992 y dejó al menos 75,000 muertos. En enero, la administración Trump decidió ponerle fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) de aproximadamente 200,000 salvadoreños que trabajan legalmente en Estados Unidos. En este clima político, algunos salvadoreños han decidido regresar voluntariamente, como lo hizo Escobar. Se desconoce la cifra exacta, pero Ríos informa que ha observado un aumento en el número de salvadoreños que regresan bajo sus propios términos bajo la administración Trump.

Migrante y empresario

Eso hace que la candidatura de Escobar sea aún más crítica, dijo Ríos. "Ha sido migrante retornado y empresario, creo que puede comprender con más facilidad la realidad que pueden vivir los futuros deportados que van a llegar".

Escobar migró legalmente a Estados Unidos en 1992 luego de que un grupo de hombres lo amenazó con robarle violentamente y asesinarlo. Mencionaron a su familia, lo que llevó a Escobar a pensar que era un blanco específico en lugar de ser víctima de un acto de violencia al azar. Se asentó en Maryland, donde tenía una extensa familia, y comenzó a trabajar en la construcción. Empezó a aprender inglés y encontró un mejor trabajo como agente de préstamos.


Pero conforme los padres de Escobar envejecían, sintió el impulso de regresar a El Salvador. Le fue mejor que a muchos salvadoreños; tuvo tiempo de planear su regreso, lo que significa que pudo empacar sus cosas y vender su coche en Estados Unidos. Y aún puede viajar allí para visitar a sus hijos adultos.

La cuestión más apremiante para los deportados es su reinserción en la sociedad salvadoreña: encontrar un trabajo, reconectarse con la familia, tener acceso a la atención médica y reconstruir una vida en su país natal. Están buscando un candidato que pueda comprender su realidad y hacer cambios concretos.

"Él podría ayudar, digamos, con su experiencia como migrante", dijo Guillermo, de 63 años, quien vivió en Texas durante 23 años antes de ser deportado a El Salvador hace dos años por conducir bajo la influencia del alcohol. Pidió que se cambiara su nombre debido al estigma que conlleva la deportación en El Salvador. "(La experiencia) es muy buena para poder ayudar a otras personas", apuntó.

El domingo, Guillermo votará por primera vez en más de dos décadas. La historia de Escobar le atrae pero, como muchos salvadoreños, sigue siendo incrédulo en cuanto a los políticos del país.

Durante la temporada de campaña, "los políticos te dicen: 'Mira te voy a invitar a comer'. Ahorita te invita a comer, pero ya después cuando esté en el cargo, ya no te vuelven a ver", dijo.

Escobar se ha comprometido a apoyar la iniciativa empresarial entre los deportados, mejorar los servicios consulares en Estados Unidos para los retornados que han dejado propiedades e inversiones allí y aumentar los fondos gubernamentales para la colocación laboral y los programas de salud para los deportados.

"Con la ayuda de la asamblea legislativa, yo voy a tener más oportunidades para poder ayudar a esta gente. Voy a tener más herramientas para poder hacer más cosas", dijo. "Veo como sufren (los migrantes)".

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