América Latina

"Me lo torturaron por pedir la baja": la madre de un policía asesinado en Nicaragua denuncia que lo mataron sus propios compañeros

Entre los muertos el pasado domingo en la jornada más violenta desde que comenzó la crisis en Nicaragua está Faber López Vivas, un agente de 23 años. La versión oficial dice que el joven murió atacado por "terroristas" cuando intentaba levantar un bloqueo, pero su madre asegura que fue torturado y asesinado después de pedir la baja de las filas de la policía porque se negaba a reprimir a los manifestantes.
11 Jul 2018 – 10:21 PM EDT
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El pasado domingo, después de preparar el desayuno y limpiar su casa en Santo Tomás, en el departamento nicaragüense de Chontales, Fátima Vivas se alistó y se fue a la iglesia con "un vacío y una tristeza tremenda". Las noticias que llegaban sobre la situación en el país no eran buenas y desde el viernes ella no sabía nada del tercero de sus cuatro hijos, Faber, de 23 años, pese a que acostumbraban a comunicarse todos los días.

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Más de 12 horas después de entrar en la iglesia y después de pasar por un auténtico viacrucis, a Vivas le confirmaron sus peores temores: su hijo, el agente de policía Faber López Vivas, era uno de los 29 muertos de la que, según los datos del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), fue la jornada más violenta en Nicaragua desde que comenzaron las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo que han sido fuertemente reprimidas por antimotines y paramilitares.

Pero ella no cree en la versión oficial que dice que López Vivas fue agredido por "terroristas con armas de fuego" cuando intentaba levantar uno de los tranques de caminos que la población había puesto a modo de protesta en el departamento de Carazo. Su madre asegura que el joven fue torturado y asesinado por sus propios compañeros después de pedir la baja de las filas de la policía porque se negaba a reprimir a los manifestantes.

Faber López Vivas estaba esperando una hija. Su esposa está embarazada de 7 meses. Crédito: Cortesía de la familia Vivas.


"Nada llena mi vacío. Nadie puede regresarme del dolor de la incertidumbre de saber que a mi hijo me lo torturaron sencillamente por pedir la baja. Me lo mataron a pellizcos, me le quitaron las uñas...", relata la mujer en conversación telefónica con Univision Noticias.

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Para saber qué había pasado con su hijo Faber, Vivas tuvo que trasladarse por sus propios medios a Managua, en un trayecto de varias horas dificultado por los tranques de caminos y la falta de transporte público. La decisión de viajar a la capital la tomó a las 2:00 de la tarde del domingo, después de recibir unas llamadas desde la estación de policía de El Rama, donde su hijo había estado asignado hasta principios de este año. Primero, nadie hablaba. Después le dijeron que habían marcado por error.

"Me intrigaron esas llamadas y después empezó a circular en las redes una foto de él que decían que había fallecido", recuerda la mujer. "Yo llamaba a la policía y decía: '¡Necesito que me digan! ¡Yo so soy su madre!' Pero me dejaban esperando, se cortaba la llamada. En un momento me dijeron que estaba herido pero bien", apunta.

"Falleció con un tiro certero, 48 horas después de pedir la baja"

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Vivas consiguió llegar a Managua gracias a la compasión de un amigo comerciante que, al ver el dolor de la madre, decidió dejar su trabajo para ayudarla a viajar a la capital. Según su relato, también las personas que estaban cortando las carreteras en los tranques la dejaron pasar al oír su historia.

Faber López Vivas en una de las últimas veces que pudo celebrar con su familia, en su fiesta de cumpleaños. Crédito: Cortesía familia Vivas


Pero no fue hasta las 11:00 de la noche del domingo cuando una agente de policía le confirmó que su hijo había muerto. "Fue un ángel, una oficial que atendió la llamada y me dijo: 'Usted es la mamá de un compañero y yo me comprometo a decirle qué pasó con él'". Se le sentía su voz melancólica. Quería pegar un grito en el teléfono: 'Cuánto quisiera decirle que no es cierto, pero su hijo ha fallecido'", le informó.

A la mañana siguiente, Vivas se presentó temprano en el Instituto de Medicina Legal donde, tras una espera, le mostraron el cuerpo de su hijo cubierto por una bolsa. Solo pudo verle la cara y comprobó que tenía un impacto de bala entre las cejas y que su rostro estaba completamente desfigurado.

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Allí también se encontró con miembros de la policía que le ofrecieron un féretro para su hijo y un homenaje póstumo por haber muerto desempeñando su trabajo, algo que ella rechazó rotundamente. "Yo estaba indignada por ver todo lo que le habían hecho y les dije que no quería saber nada de homenajes. Que solo me interesaba mi hijo con vida. Eso no es cumplimiento de una misión. Ellos son los primeros responsables de la muerte de mi hijo. Falleció con un tiro certero en la frente 48 horas después de pedir la baja", afirma.

Y aunque la web de la policía nacional incluye a López Vivas entre los 13 policías "caídos en cumplimiento del deber", los medios oficiales del país apenas mencionaron su nombre frente a los homenajes de otro compañero supuestamente muerto en la misma operación.

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Una vez que a Vivas le entregaron el cadáver y regresó a su ciudad, la mujer vio que su hijo había sido golpeado y torturado. "Le quitaron las uñas, le sacaron los ojos, tenía quemaduras de cigarro y puñaladas. También tenía como seis heridas en cada mano, en el pómulo, un dedo quebrado. Eso no lo hace un impacto de bala, como dice el certificado (de muerte)", concluye.

"Me amenazan pero ya no tengo miedo"

El abogado Pablo Cuevas, de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), acompañó a Vivas a recoger el cadáver de su hijo en el Instituto de Medicina Legal y vio el certificado de defunción que decía que López Vivas murió entre las 5:00 y las 6:00 de la mañana del domingo de un tiro en la frente. Pero no le extraña la versión de la madre de que haya sido una represalia por querer dejar la policía.

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Paramilitares en Nicaragua entran a una iglesia, secuestran a manifestantes y amenazan con armas a un equipo periodístico


Uno de los motivos de sus sospechas es que, cuando les entregaron el cuerpo, les dieron lo que supuestamente llevaba puesto al momento de la muerte: "Le regresaron un pasamontañas y su ropa de civil. Pero el pasamontañas no tenía el agujero que tenía en su frente", cuestiona.

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Además, el abogado asegura que su organismo tiene casos documentados de oficiales que tras desertar tuvieron que salir del país para no sufrir represalias. "En este momento pareciera que solicitar la baja (de la policía) es considerado una traición que se paga con la muerte", afirma.

Según su madre, el oficial López Vivas había pedido darse de baja el viernes, pero lo amenazaron con matarle a él y a su familia si lo hacía. "Yo ya había hablado con mi hijo el viernes. Yo solo le suplicaba que se saliera de la policía. Cada vez que mataban a un joven, yo decía: '¿será mi hijo?' y, aunque no fuera, sentía dolor porque todos somos nicaragüenses", recuerda.

Este martes, después de enterrarlo en una vela que describe como "bellísima, con mariachis y un video con su historial, sus buenos momentos y sus paseos", lo que más lamenta es que Faber no haya podido conocer a la hija que espera su esposa, embarazada de siete meses.

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"Él soñaba con su bebé y ahora me duele saber que esa niña no va a tener a su padre y no va a tener recursos porque era su padre el que trabajaba", afirma Vivas. "El único culpable de tanto sufrimiento es Daniel Ortega, un presidente que habla de paz y lo único que hace es asesinar para estar en el poder. Está destruyendo la felicidad, las familias".

Fátima Vivas dice que es el dolor lo que le hace pronunciarse tan abiertamente sobre lo que sucede en su país, aunque eso le ha costado incluso amenazas de muerte. Afirma que cada poco tiempo le llaman al teléfono y le escriben en redes sociales acusándola de "golpista, de opositora y de narco". Pero asegura que seguirá defendiendo la Nicaragua en la que cree. "No tengo miedo. Me mataron a mi hijo que es lo más precioso que tengo. Me amenazan a cada rato que me van a matar, pero el dolor que siento me hace ser más fuerte".

Carlos Herrera
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La primera en perder a su hijo. Darling Urbina supo que su hijo había sido asesinado a través de un video que un familiar subió en las redes sociales. Darwin Urbina fue el primer muerto de la masacre de abril. Cayó en las inmediaciones de la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI) la noche del 19 de abril, cuando la Policía Nacional y las turbas del gobierno reprimieron este bastión universitario que plantó cara al régimen Ortega-Murillo. El joven de 29 años no era estudiante, pero por su cercanía con el recinto se acercó a ver las protestas. “Con una escopeta me lo mataron”, le dijo Darling a Univision Noticias en la sede del Instituto de Medicina Legal, en Managua, donde la mañana del 20 de abril llegó a reclamar su cadáver.
Wilfredo Miranda
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La profesora y madre de un ferviente seguidor del Barcelona. Socorro Corrales participaba en las protestas ciudadanas junto a su hijo Orlando Pérez de 23 años. Cuando corrieron a causa del empuje violento de los antimotines en la cuidad de Estelí, en el norte de Nicaragua, lo perdió de vista en medio de la muchedumbre. Logró hablar a través del celular con él antes de que fuese asesinado. “Ya me regreso a la casa. Solo voy a dejarle agua a los muchachos que están en el parque afectados por las bombas lacrimógenas”, prometió Orlando a su madre. No volvió. Un disparo acabó con él. Era 20 de abril. Su madre afirma que le disparó un francotirador. “Esa bala salió de la alcaldía de Estelí”, le dijo Socorro Corrales a Univision Noticias. Ella decidió usar como mortaja la camiseta celeste del Barcelona que su hijo tanto prefería. “Después de su carrera universitaria, lo que mas le apasionaba era ese equipo”, apuntó Socorro Corrales. Ella todavía puede ver a Orlando dando saltos frente al televisor cuando Messi anotaba un gol.
Carlos Herrera
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La abuela-madre. Jesner Rivas tenía dos madres, pero quien lo criaba, su abuela Maritza Rueda, era con quien tenía más complicidad. La química no pudo seguir fluyendo entre ambos. Rivas fue asesinado a los 16 años el 22 de abril. El balazo en el pecho fue letal. Él cayó en medio de un enfrentamiento entre civiles y policías en el barrio La Fuente, cuando en Nicaragua se desataron saqueos a los negocios. Maritza Rueda demanda con furia que se investigue la muerte de su hijo-nieto. Sospecha de la Policía Nacional.
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Wilfredo Miranda
4/13
"Amor, ¿qué te hicieron?", le preguntó esta madre a su hijo al verlo muerto. María Ramona Vílchez se abalanzó sobre su hijo al verlo en la camilla del hospital Manolo Morales la mañana del domingo 22 de abril. “¡Amor!, ¿qué te hicieron? ¿Qué fue esto?”, le preguntaba a Ismael. Pero el hijo ya no respondería más. El balazo de una AK-47 le había destrozado la mandíbula y hacía cinco minutos ya había fallecido. Tenía 32 años y defendía uno de los negocios que estaban siendo saqueados en el barrio La Fuente de Managua. Su madre acusa a la Policía de su muerte.
Carlos Herrera
5/13
Juana García todavía oye hablar a Harlington Raúl López. El joven de 18 años decidió ir a apoyar la protesta de los jóvenes el 20 de abril en Managua. Hizo un Facebook Live y luego decidió regresar a su casa. En ese trayecto fue emboscado por tropas policiales. Fue baleado en el pecho y en una pierna. Aparte de escucharlo hablar, Juana lo espera todos los días a que regrese del trabajo.
Carlos Herrera
6/13
La abuela de la víctima más joven de las protestas. Enecilia Mairena vio cuando la bala de una AK-47 atravesó la pared de piedra cantera de su vivienda e impactó en el mentón de William, su nieto de 18 de meses que estaba en brazos de su padrastro. El pequeño continúa vivo pero han sido días duros para esta abuela que cría a este bebe desde hace meses, cuando la madre emigró a Costa Rica en busca de empleo. William es, hasta ahora, la víctima más joven de la represión. Su caso conmocionó a la ciudad norteña de Matagalpa y Nicaragua en general.
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Franklin Villavicencio
7/13
Francisca Torrez es otra abuela-madre. Las circunstancias la obligaron a criar a su nieto Marco Antonio Samorio Anderson. Ella buscó por varios días a Marco, quien estaba desaparecido. El joven apareció el 24 de abril en la morgue del Instituto de Medicina Legal.
Carlos Herrera
8/13
La madre de un "gran sandinista". Martha Huete asegura que su hijo Nelson Téllez era “un gran sandinista, pero ellos mismos me lo mataron”. Recibió un balazo en el pecho el 20 de abril y tras doce días de agonía falleció. Él no participaba en las protestas, pero la bala policial lo hirió a él. El día de su entierro usó anteojos negros y, pese al dolor, se mantuvo estoica.
Carlos Herrera.
9/13
Buscando a su hijo desaparecido bajo la lluvia. Francis Fernández tiene 87 años y pasó más de cinco horas bajo la lluvia esperando que en la Dirección de Auxilio Judicial le brindaran información sobre su hijo-nieto Cristhian Mendoza Fernández. Lo ha buscado desde el sábado 26 de abril, cuando grupos paramilitares lo secuestraron en el barrio El Riguero, de Managua, junto a otros jóvenes que participaban en las protestas pacíficas.
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Carlos Herrera
10/13
María Elsa Aburto no encuentra a Kennett. La madre del joven Kennett Romero Aburto estaba en su casa de habitación cuando los vecinos le alertaron sobre el secuestro de su hijo por paramilitares. La mujer salió despavorida a buscarlo. Todavía desconoce su paradero. “No quiero que me lo regresen muerto”, dijo Aburto a Univision Noticias. El hijo de María Elsa fue secuestrado junto al de la abuela Francis Fernández.
Carlos Herrera
11/13
“Mi hijo es prueba viviente de la salvajada”. Ana María Martínez sabe que su hijo Juan Bosco Rivas Martínez está vivo de milagro. Un francotirador lo baleó en medio de los dos ojos. Su pronóstico era reservado, pero se recuperó, aunque debe vivir con la bala de AK-47 alojada en la cabeza. “Mi hijo es prueba viviente de la salvajada de la policía”, le dijo a Univision Noticias. La mujer ahora atiende a su hijo convaleciente en la pequeña vivienda ubicada en la ciudad de Masaya.
Carlos Herrera
12/13
Regina Isabel Martínez cumplió años el 24 de mayo. Ese día su hijo Andrew Úbeda Martínez salió a comprarle un pastel. Pero no regresó. Desapareció sin dejar rastros. Ella cree que los paramilitares lo secuestraron por participar en las protestas contra el gobierno. Este 29 de mayo lloró hasta desmayarse en el portón de la Dirección de Auxilio Judicial. Allí decenas de madres demandaban información sobre sus hijos desaparecidos en las protestas. “¿Dónde están?”. “Los queremos de vuelta aunque estén golpeados”. Desde esta loma, conocida también como El Chipote y donde los organismos de derechos humanos aseguran que se practica tortura, se aferraban a la malla del portón con la esperanza agitada por la zozobra de volver abrazar a sus chavalos.

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Carlos Herrera
13/13
No hay información ni un número exacto de quienes continúan con paradero incierto. Para las madres, la palabra desaparecido contiene una connotación casi fatal. A las abuelas que reclaman a sus nietos les recuerda a los desaparecidos de la dictadura somocista; a las madres más jóvenes les causa desesperanza y seguridad de que la grisura de este 30 de mayo arreciará el dolor. La celebración será reclamo. Las conocidas como las 'madres de abril', por ser el mes en el que comenzaron las protestas, marcharán en su día exigiendo retorno y justicia para sus hijos.
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