América Latina

En una Venezuela sin anticonceptivos, así se las ingenian para tener sexo seguro

La escasez de anticonceptivos y preservativos en Venezuela ha hecho mudar los hábitos de vida sexual de millones de personas. Además, es una bomba en un país que tiene la tasa más alta de embarazos adolescentes de Sudamérica, el promedio de iniciación sexual más precoz de la región y donde 31 personas contraen el VIH cada día.
25 Mar 2017 – 1:59 PM EDT
Comparte
La disponibilidad de preservativos causó estragos en las parejas. Getty Images

Este artículo forma parte del especial de Relatos del Absurdo*

Publicidad

CARACAS, Venezuela.- Natalia tuvo que hacer cacería en cuanta farmacia 24 horas apareció en el camino. Hoy el trayecto le resulta borroso, pero esa noche recorrió en taxi junto a su pareja cinco o seis establecimientos en búsqueda del anticonceptivo del “día después”. Todo había virado en pesadilla. Era la cuarta cita y ambos habían terminado en un hotel de Sabana Grande, zona de Caracas conocida por las opciones económicas para los amantes. Allí ocurrió el accidente: el preservativo de él falló y ella estaba ovulando.

Natalia sabía que tenía 72 horas, después de la relación sexual, para que el efecto de una píldora de emergencia resultara más efectivo. Mientras antes la tomara, mejor. Por eso salió a buscarla de inmediato. La respuesta que recibió fue invariablemente la misma en las farmacias. El producto estaba agotado. Lo halló mes y medio más tarde, pero para entonces, y después de un retraso de varias semanas que le ocasionó el susto de su vida, la menstruación ya había regresado.

Publicidad

Ella no es la única persona que ha experimentado trances semejantes en la Venezuela actual. La escasez se metió en la cama y enfría las sábanas de los tórtolos. En el país que guarda la mayor reserva petrolera del mundo, millones de jóvenes han sentido el rigor de la falta de anticonceptivos y ello ha mudado sus hábitos y les ha obligado a buscar con desespero alternativas para un sexo protegido.

Cargando Video...
Seis horas dentro de una farmacia en Venezuela

Se amparan en rituales de abstención, poses sin penetración, retiro previa eyaculación o una planificación atada a la frecuencia menstrual. Para ellos los tiempos de crisis han caído como un baño de agua gélida, pero también han constituido una bomba en un país que tiene la tasa más alta de embarazos adolescentes de Sudamérica, el promedio de iniciación sexual más precoz de la región y donde 31 personas contraen el VIH cada día, según datos de organizaciones como Naciones Unidas y StopVIH.

Publicidad

Preguntar por pastillas anticonceptivas en una farmacia se ha convertido en un chiste de mal gusto. “No hija, desde hace tiempo que no llegan”, responde el responsable de un establecimiento en El Valle, una zona popular al sureste de Caracas. Parece estar resignado y agotado de ofrecer siempre esa respuesta. Un recorrido tenaz de tres meses –entre agosto y octubre de 2016– por 15 farmacias públicas y privadas de la capital venezolana seleccionadas bajo un criterio territorial, confirmó lo que todos saben: no hay anticonceptivos suficientes. Cuando se realizó la búsqueda, ninguno de los anticonceptivos costaba más de 900 bolívares, equivalentes a 0.67 dólares del mercado paralelo. Los precios no han variado y la disponibilidad tampoco ha mejorado.

Los ciclos de ventas son irregulares y discontinuos y por eso quien busca las píldoras tiene que multiplicarse para hacerles seguimiento. Las pocas que llegan se acaban pronto. Hay grandes cadenas que pueden pasar un trimestre con una sola marca en el catálogo de productos y los inventarios en pequeñas botiquerías comúnmente son mucho más críticos: algunas de ellas, por ejemplo, habían recibido los últimos despachos en diciembre de 2015.

En las farmacias venezolanas no se encuentran anticonceptivos. Gabriel Osorio

Previendo una larga e infructuosa búsqueda, muchas mujeres recurrieron al mercado negro para comprar píldoras. Negocian a través de las redes sociales o con revendedores ambulantes que ofrecen pastillas anticonceptivas en las calles de Petare, considerada la segunda barriada más grande de Latinoamérica. Sin aval ni condiciones de higiene, venden el producto hasta 25 veces por encima de los precios que se encuentran controlados por el gobierno desde 2012.

Publicidad

Es una cacería rendida a la suerte. Una ruleta rusa que no distingue entre fieles y adúlteros, humildes y acaudalados, los que se guardan para la boda y los que se entregaron en la adolescencia temprana. Todo venezolano se familiarizó con la frase: “Hoy hay, mañana no se sabe”.

Una de ellas es Isabel. Su primera menstruación le destrozó el vientre cuando tenía 10 años de edad y aún jugaba con muñecas. Los médicos le advirtieron que tenía un período irregular con derrames abundantes, propensa a formar coágulos y fuertes dolores de vientre, así que, desde hace 14 años toma anticonceptivos para mantener los cólicos bajo control. Los últimos años le recetaron dos marcas que desaparecieron por completo del mercado venezolano.

A finales de 2014 se vio obligada a cambiar de pastilla. Cansada de las alteraciones hormonales y los cambios de humor que le producían, suspendió la ingesta de anticonceptivos al año siguiente y se preparó para volver a los dolores y protegerse con el método natural del ritmo.

Publicidad

Ahora para someterse al deseo lo piensa dos veces. Antes del coito revisa metódicamente los “días laborales” del placer sexual que fijó en el calendario –un montón de cálculos de los momentos oportunos que se alejan de sus días fértiles– y discute junto a su pareja las frecuencias que les convienen o cuándo “acabar afuera”. Isabel se describe como una especialista del autocontrol y la moderación. Dice “estar a dieta” y mantener a raya las ganas.

La gota que derramó el vaso de la intimidad cayó en 2014 con el desplome de los precios del petróleo, principal producto de exportación de Venezuela. El gobierno de Nicolás Maduro, debilitado financieramente, redujo las importaciones y se valió del control de cambios establecido desde 2003 para restringir progresivamente a las farmacéuticas la adjudicación de divisas para adquirir productos no fabricados en territorio venezolano, entre ellos los anticonceptivos que llegan como artículos terminados al país.

Publicidad

Ese año, los anaqueles registraron las primeras desapariciones de ese tipo de fármaco, con estimaciones de escasez que se aproximaron a 60%. La situación se agudizó en 2016 cuando el índice se situó por encima de 90%, según la Federación Farmacéutica. Los laboratorios y proveedores internacionales del sector farmacia se quejan hoy de que el gobierno acumuló con ellos una deuda total de 4,000 millones de dólares que les impide hacer despachos masivos de productos y materias primas, lo que ha incidido en la restricción de la oferta general de medicinas.

Las consecuencias están en todas partes. Un sábado de julio Laura salió de farra con tres amigas, todas con 18 años de edad recién cumplidos. Fueron al Centro Comercial San Ignacio, referente de la rumba en Caracas. Cuando apuraba el tercer mojito, la abordó en la barra un chico guapo, “muy guapo”, remarca: “Era alto, con pelito castaño claro y ojos color ámbar. Estaba bronceado y tenía los dientes más blancos que he visto”. Hablaron unas horas, lo suficiente para sentirse cómodos e inmersos en una atmósfera de atracción. Sin más preámbulos, él la invitó a pasar una noche juntos y ella aceptó con una condición: “Solo si tienes condón”.

Publicidad

Hasta ahí llegó la fantasía. Laura ni pensó someterse al viacrucis de la búsqueda nocturna del preservativo en una de las ciudades más violentas del mundo (con una tasa de más de 119 homicidios por cada 100,000 habitantes ese año según el Observatorio Venezolano de la Violencia). Aunque él insistió, ella “tiró la toalla” y se fue a casa recreando lo que hubiese podido ser y no fue.

RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images
1/16
Las farmacias venezolanas lucen vacías por la falta de medicamentos.
RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images
2/16
La Federación Farmacéutica de Venezuela asegura que la escasez de medicinas es de 85%.
GEORGE CASTELLANOS/AFP/Getty Images
3/16
Médicos de la ciudad fronteriza de San Cristobal se congregaron para manifestar su rechazo a las medidas del gobierno y exigir una respuesta a la escasez.
Publicidad
Desliza aquí para continuar con la galería
GEORGE CASTELLANOS/AFP/Getty Images
4/16
El deterioro del sistema de salud es motivo de protestas constantes en el país.
GEORGE CASTELLANOS/AFP/Getty Images
5/16
Médicos de diversas regiones del país también han exigido al gobierno que acepte la ayuda que ofrece la comunidad internacional.
RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images
6/16
Lilian Tintori, esposa del líder opositor encarcelado Leopoldo López, ha emprendido una campaña para recolectar medicinas e insumos para Venezuela en otros países.
Publicidad
Desliza aquí para continuar con la galería
AP Photo/Fernando Vergara
7/16
Colombia es uno de los países donde se han recolectado medicamentos para Venezuela.
AP Photo/Ariana Cubillos
8/16
La muerte del niño Oliver Sánchez, el 26 de mayo, se convirtió en símbolo de los tantos pacientes venezolanos que no tienen medicamentos ni recursos para sanar.
JUAN BARRETO/AFP/Getty Images
9/16
No solo las farmacias están desabastecidas, los anaqueles de supermercados también son muestra de la escasez.
Publicidad
Desliza aquí para continuar con la galería
RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images
10/16
Un vecino de Catia, barrio popular de Caracas, abrió su refrigerador para mostrar lo poco que consigue para comer.
AP Photo/Fernando Llano
11/16
Las largas filas que bordean supermercados son una constante en las ciudades venezolanas.
RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images
12/16
Algunos llevan sillas para hacer las filas, a otros les toca improvisar.
Publicidad
Desliza aquí para continuar con la galería
RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images
13/16
El cansancio también se siente en las filas para comprar alimentos.
JUAN BARRETO/AFP/Getty Images
14/16
Indignados, un grupo de ciudadanos fue hasta las cercanías del palacio de gobierno a protestar por la falta de comida y medicinas.
RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images
15/16
Las fuerzas de seguridad no dejaron pasar a los manifestantes hacia el Palacio de Miraflores
Publicidad
Desliza aquí para continuar con la galería
RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images
16/16
Falta de alimentos, medicinas y servicios como agua y electricidad fueron los motivos de la protesta reciente.

Para otros como Carlos, de 28 años de edad, no es un asunto de ocasión. Hace cuatro años recibió un diagnóstico que le cambió la vida: dio positivo en la prueba de VIH y se unió a otras 63,327 personas infectadas que reciben tratamiento antirretroviral en el sistema público de salud. Su compañero es seronegativo y los dos conforman una pareja serodiscordante, uno tiene el virus y otro no. Solo pueden tener relaciones sexuales si utilizan preservativos. En su caso, el sexo con protección es la decisión más responsable.

Publicidad

Además de esforzarse por reducir las cargas virales y mantener su sistema inmune en buen estado, la mente de Carlos sumó una nueva preocupación: para no contagiar a quien ama, debe conseguir condones. Si bien el Ministerio de Salud es el principal proveedor de preservativos gratuitos para los seropositivos –entrega un máximo de nueve unidades al mes, además del tratamiento antirretroviral– Carlos lamenta que no siempre fueron regulares con las entregas. El 2015 inició como un año difícil para la pareja , después que el suministro fuera suspendido por tres meses, de enero a marzo. Se vieron obligados a abstenerse en más de una ocasión.

La irregularidad en la distribución de preservativos inició a mediados de 2014, pero no fue sino a principios del año siguiente cuando medios nacionales e internacionales reseñaron que la escasez se había acentuado. La primera alarma fue de Bloomberg: “Caja de 36 condones cuesta en Venezuela igual que un iPhone en USA”. Un día más tarde, CNN publicó el reportaje “La escasez toca la intimidad de los venezolanos: ahora faltan condones”; seguido de “Preservativos, un lujo escaso”, del diario español El Mundo.

Publicidad

La demanda superó la oferta y el precio se alzó hasta las nubes. Cuando se conseguía, una treintena de preservativos costaba 4,760 bolívares, equivalente a 84.7% del salario mínimo de entonces. A principios de 2016, 11 de 24 estados reportaban escasez de condones, hasta que a mediados de ese año la situación se reguló. Marcas nuevas y económicas inundaron el mercado. Los desconfiados todavía encuentran las tradicionales, pero resultan dos o tres veces más costosas.

Eventualmente los condones llegan a los establecimientos, pero no hay garantía de un abastecimiento seguro. La vida sexual seguirá en peligro en el tercer país de Suramérica con el mayor índice de habitantes con VIH, –11,000 personas al año contraen el virus de acuerdo con datos de la organización StopVIH– y donde se registra una tasa 101 nacimientos por cada 1,000 jovencitas de 15 a 19 años –la mayor del continente según datos del Fondo de Población de Naciones Unidas–.

Publicidad

Los relatos de Natalia, Isabel, Laura y Carlos son una muestra del universo sexualmente activo afectado por un deterioro generalizado y se mezclan con otros testimonios cotidianos de quienes en el metro, la oficina, la cola en la panadería, la universidad o en cualquier bar, cuentan las penurias que atraviesan por una píldora o un preservativo.

* Relatos del Absurdo es una iniciativa periodística liderada por IPYS Venezuela y CONNECTAS, que busca ofrecer insumos informativos para entender las dificultades que vive la sociedad venezolana hoy. Vea todo el especial acá.

Mira también:

CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
1/12
Identificación en mano. Un grupo de mujeres lucha por su puesto en una fila para comprar pañales para sus hijos frente a una farmacia de Caracas. Algunos vendedores solicitan certificado de nacimiento de los niños y documento de identidad de los padres para vender el producto para asegurarse de no vender más de lo regulado. 18 de marzo de 2017.
CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
2/12
Militares controlan. Un soldado intenta mantener organizada la formación para comprar alimentos en una tienda en Caracas. 19 de julio de 2016
CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
3/12
El Estado distribuye el pan. El presidente Nicolás Maduro ordenó que las autoridades del Ministerio de Alimentación, apoyado en las fuerzas armadas y los grupos civiles afectos al gobierno controlen totalmente la producción del pan en Venezuela. En la foto, un grupo de hombres hace fila para comprar pan, frente a una panadería de Caracas. 21 de julio de 2016.
Publicidad
Desliza aquí para continuar con la galería
CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
4/12
Un número para cada comprador. Los organizadores de la venta controlan la posición de los que hacen la línea entregando números según la hora de llegada. Algunos ciudadanos han denunciado que grupos afectos al gobierno tiene tratos preferenciales y no respetan el orden establecido. En la imagen, una mujer recibe su tiquete numerado a las afueras de un mercado de Caracas. 17 de marzo de 2017.
CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
5/12
Llevan un hijo como prueba. Algunos denuncian que para poder comprar pañales a sus hijos se les exige que demuestren la identidad del niño con su partida legal de nacimiento. Muchas madres hacen la fila con sus pequeños. 18 de marzo de 2017.
CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
6/12
Al borde de la violencia. Los ánimos se tensan luego de varias horas en la línea. Muchas veces se presentan discusiones que terminan en violencia. En la imagen, algunos discuten por su puesto en la fila para comprar alimentos en Caracas. 17 de marzo de 2017.
Publicidad
Desliza aquí para continuar con la galería
CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
7/12
Misión cumplida. Luego de horas de espera fuera de un mercado de Caracas, una mujer recibe un frasco de mayonesa y un paquete de pasta que le corresponde. 10 de marzo de 2017.
CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
8/12
Enfermos en la hilera. No solo se hace fila para comprar alimentos. Los venezolanos deben pasar por una larga espera para obtener medicinas elementales y productos personales para sus familias. Muchas personas hacen filas con sus hijos muy pequeños, para obtener un puesto preferencial. En la foto, un hombre descansa sentado en la acera junto a una fila para comprar pañales, en Caracas. 18 de marzo de 2017.
CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
9/12
Los niños bajo el sol. Muchas mujeres se ven obligadas a hacer filas por horas con sus hijos, en la calle. En la fotografía, madres esperan para comprar pañales en una farmacia de Caracas, Venezuela.
Publicidad
Desliza aquí para continuar con la galería
CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
10/12
Con inseguridad y a oscuras. Desde tempranas horas, y a veces antes de la salida del sol, algunas madres hacen fila en la calle con sus pequeños para poder comprar pañales en una farmacia de Caracas. 18 de marzo de 2017.
CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
11/12
Horas productivas perdidas. Muchos trabajadores deben invertir las horas más productivas del día en las largas esperas para obtener alimentos regulados para sus familias. En la foto, trabajadores esperan su turno para comprar pan en caracas. 21 de julio de 2016.
CARLOS GARCIA RAWLINS/Reuters
12/12
Racionamiento de Estado. Los venezolanos luchan por horas para mantener sus puestos en las líneas para obtener productos básicos y entre el Estado y los vendedores controlan la cantidad que cada ciudadano puede comprar a la semana, según su número del carnet de identidad. En la foto, un grupo de mujeres se forma frente a una farmacia de Caracas. 18 de marzo de 2017.
Publicidad