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Zach Bingham, de 6 años, en una manifestación del movimiento antivacunas en Sacramento, California. Una amplia mayoría de los científicos de la American Association for the Advancement of Science considera que las vacunas deben ser obligatorias en la infancia.

Por qué es muy grave que cada vez más padres se estén negando a vacunar a sus hijos

Por qué es muy grave que cada vez más padres se estén negando a vacunar a sus hijos

Una encuesta de la American Academy of Pediatrics indica que, aunque la mayoría de los padres aceptan las vacunas, el creciente rechazo indica que todavía hay importantes barreras que superar. Explicamos las razones por las cuales esta tendencia es tan peligrosa.

Zach Bingham, de 6 años, en una manifestación del movimiento antivacunas...
Zach Bingham, de 6 años, en una manifestación del movimiento antivacunas en Sacramento, California. Una amplia mayoría de los científicos de la American Association for the Advancement of Science considera que las vacunas deben ser obligatorias en la infancia.

Cada vez más padres se están oponiendo a que sus hijos reciban vacunas, según lo reveló una encuesta publicada a principios de esta semana por la American Academy of Pediatrics (AAP). La razón que más repiten es que las vacunas son “innecesarias”, que no quieren causarle “incomodidades” a sus hijos y que tampoco quieren “atosigar” su sistema inmunológico inútilmente.

Esta posición antivacunas ha sido ampliamente desacreditada por la comunidad científica, a través de numerosos estudios, algunos de ellos realizados por el Institute of Medicine, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), National Institutes of Health, National Academy of Sciences y la Organización Mundial de la Salud.

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A pesar de la contundente evidencia que prueba que las vacunas son necesarias, seguras y efectivas, 75% de los 630 pediatras consultados por el estudio en 2006 aseguraron tener pacientes que se oponían a las vacunas. Ese número creció a 87% en 2013.

Hace una década la principal preocupación que los padres le manifestaban a los pediatras era que el tiomersal, uno de los ingredientes de las vacunas contra la difteria, el tétanos, la tos ferina (DTP), la hepatitis B, la rabia y la gripe, podría causar autismo. La falsa creencia nació de un estudio fraudulento —que luego fue retractado por la revista que lo publicó y por el cual el doctor principal Andrew Wakefield perdió su licencia médica— y ganó popularidad gracias a figuras como la modelo Jenny McCarthy y la actriz Alicia Silverstone.

Según esta encuesta, sin embargo, el autismo ya no es la preocupación principal de los padres y ha disminuido de 74% a 64%. “Los padres a menudo transmiten preocupaciones con respecto a los ingredientes de las vacunas, el número de vacunas administradas y si hay potenciales efectos secundarios a largo plazo. Y, sí, muchos aún temen al autismo pero muchos más también ahora entienden mejor que no existe una relación causal entre las vacunas y el autismo”, comentó a Univision Noticias la doctora Shefali V. Parmar, de la práctica Cornerstone Pediatrics & Adolescent Medicine en Cary, Carolina del Norte.

La fila para recibir vacunas contra la poliomielitis en Columbus, Georgia, en 1961. En la década de 1950 hubo más de 20,000 casos de polio cada año. Foto: AAP

La doctora Kathryn M. Edwards, una de las autoras del reporte y miembro del comité de la AAP de enfermedades infecciosas, explicó que mucha de la reciente oposición tiene su origen en el desconocimiento y el hecho de no que hay mucha gente que no experimentado epidemias de cerca. Según ella, los programas de vacunación han sido tan exitosos en el país, que los padres creen que las enfermedades contagiosas como el sarampión, la paperas, la tos ferina, el polio, la rubéola y la varicela ya no son una amenaza.

Para doctores como Santina Wheat, directora médica del Erie Family Health Center de Chicago, esas objeciones son rutinarias. La especialista trata de dar a sus pacientes mensajes consistentes sobre las vacunas desde que nacen los bebés. También se concentra en hablarles del impacto que puede tener un brote en su familia, debido a que no tiene mucho éxito cuando habla de los riesgos en los que podrían poner a la comunidad. Aún así se enfrenta día a día con la resistencia.

“He atendido familias que optan por evitar ciertas vacunas como la varicela, porque creen que esas enfermedades no son en realidad tan malas. A ellos les digo que antes de esas vacunas, estas enfermedades eran más comunes y peligrosas. Es probable que nunca hayan visto a nadie con algunas de estas enfermedades terribles. Incluso algo que era común cuando yo era una niña, como la varicela, puede tener algunos resultados devastadores”, dijo Wheat a Univision Noticias.

De hecho, los últimos casos de poliomielitis paralítica de origen natural en los Estados Unidos se vieron en 1979, cuando se produjo un brote entre los Amish en varios estados del medio oeste. A principios de la década de 1950, hubo más de 20,000 casos de polio en Estados Unidos cada año. Después de que comenzara la vacunación masiva en 1955, los casos disminuyeron significativamente. Para el año 1960, el número de casos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades CDC, se redujeron a alrededor de 3,000.

Los riesgos latentes

Una erupción de rubéola, una enfermedad infecciosa, contagiosa y epidémi...
Una erupción de rubéola, una enfermedad infecciosa, contagiosa y epidémica, en la espalda de un niño (1978).

“Aunque la mayoría de los padres aceptan las vacunas, la creciente frecuencia de rechazo y las solicitudes de los programas de vacunación alternativa indican que todavía hay importantes barreras que superar”, escribieron los investigadores en el reporte.

La doctora Edwards considera que, aunque han aumentado el número de padres que creen que las vacunas son innecesarias, todavía son más los padres que valoran su importancia.

Algunos brotes recientes de enfermedades ya erradicadas también le han puesto rostro a los riesgos de no vacunar. Entre 2014 y 2015, un niño que no estaba vacunado contra el sarampión inició un brote en Disneyland, en California, que se extendió a 146 personas, muchas de las cuales tampoco estaban vacunadas. No hubo muertes, pero muchos de los contagiados tuvieron que ser hospitalizados.

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En los últimos meses, más de una treintena de personas han contraído paperas en la ciudad de Long Island, una enfermedad que se caracteriza por la inflamación de las glándulas salivales que antes de que se introdujera la vacuna en 1967, se estima que afectaba a 100,000 y 200,000 personas en el país cada año.

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