¿Por qué son tan escasas las investigaciones sobre el uso de armas de fuego en EEUU?

La violencia por armas de fuego es un problema creciente de salud pública. Mata a más personas por año que enfermedades como el VIH. Sin embargo, ha sido un tema poco explorado lo que se debe, en parte, a los recortes federales en el financiamiento a este tipo de estudios. ¿Cambiará esto después de Parkland? Una profesora de la Universidad de Pensilvania intenta responderlo.

El Día de San Valentín, Nikolas Cruz, de 19 años, abrió fuego en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, en Parkland, Florida. Mató a 17 estudiantes y maestros e hirió al menos a una docena más.

Al igual que ocurrió con otros tiroteos masivos recientes, los eventos en Parkland vinieron acompañados de una protesta pública para un mayor control de armas. El 19 de febrero, el movimiento Teens for Gun Reform organizó una concentración frente a la Casa Blanca para exigir leyes más estrictas. Otros jóvenes protestaron afuera de la sede de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés). Durante ese evento, el representante Gerald Connolly, demócrata por Virginia, abogó por la prohibición de armas de asalto, verificaciones universales de antecedentes y el cierre de las ferias de venta de armas.

Los legisladores de Florida están redactando un proyecto de ley que aumentaría la edad mínima para adquirir un rifle de asalto a 21 años e impondría un período de espera de tres días para la compra. El presidente Trump ha pedido que se establezcan regulaciones sobre los dispositivos que convierten armas semiautomáticas en ametralladoras totalmente automáticas, como el que se usó en el tiroteo de 2017 en Las Vegas. Pero, ¿evitarán estas leyes otro tiroteo masivo? ¿Habrá mejores políticas que puedan instaurarse?

Desafortunadamente, la investigación que necesitamos para responder estas preguntas no existe y parte del problema es que el gobierno federal en gran medida no la apoya.


1. ¿Por qué necesitamos más investigación sobre armas de fuego?

La violencia armada es un problema de salud pública. Es la principal causa de muerte prematura en los Estados Unidos y mata a más personas cada año que las enfermedades como el VIH, la hipertensión y la hepatitis viral.

Si bien los delitos violentos generalmente han disminuido desde mediados de la década de 1990, los últimos informes del FBI sugieren que las tasas de criminalidad pueden estar comenzando a aumentar. El crimen con armas de fuego ha sido un problema persistente. De acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, más de 33,000 personas fueron asesinadas con armas de fuego solo en 2014. Eso es apenas aproximadamente 200 menos que la cantidad de personas murieron en accidentes automovilísticos. En 2015, aproximadamente 85,000 personas resultaron heridas por armas de fuego, incluidos casi 10,000 niños.

Para prevenir lesiones y muertes por armas de fuego, necesitamos información precisa sobre cómo ocurren y por qué. Si bien los informes policiales y los datos del FBI pueden proporcionar algunos detalles, no incluyen los miles de casos que no se denuncian cada año.

Entre 2006 y 2010, la Oficina de Estadísticas de Justicia estimó que más de un tercio de las víctimas de delitos relacionados con armas de fuego no denunció el crimen a la policía. La Encuesta Nacional de Victimización del Delito, que recopila datos de victimización de aproximadamente 90,000 hogares cada año, ayuda a llenar este vacío. Sin embargo, tiene sus inconvenientes. No recoge datos de jóvenes menores de 12 años, no incluye el asesinato y tampoco ayuda a comprender completamente las motivaciones y creencias del delincuente.

Los científicos sociales como yo necesitamos más información para obtener el nivel de detalle que necesitamos sobre el crimen con armas de fuego. Solo hay un obstáculo importante: el gobierno federal no lo financiará.

2. ¿Cuánto dinero federal hay?

En 1996, el Congreso aprobó la enmienda Dickey. La legislación establece que “ninguno de los fondos disponibles para la prevención y el control de lesiones en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades puede utilizarse para promover o defender el control de armas”. Si bien dicha redacción no prohibió la investigación de armas de los CDC, la legislación fue acompañada por un recorte presupuestario de 2.6 millones de dólares. Esa cantidad coincidió con la cantidad que el organismo había gastado en investigación de armas de fuego el año anterior. El mensaje fue claro. De 1996 a 2013, el financiamiento de los CDC para la investigación de armas disminuyó en un 96%.

No fue la única agencia federal afectada. En 2011, el Congreso agregó una cláusula similar a la legislación que regula los fondos para los Institutos Nacionales de Salud (NIH). Sin embargo, debido a una directiva de la administración de Obama, el NIH continuó proporcionando fondos para la investigación sobre armas. Ese impulso se desvaneció cuando el gobierno de Obama terminó.

A principios de este año, el NIH suspendió su programa de financiación centrado específicamente en la violencia con armas de fuego. Si bien los investigadores todavía pueden solicitar fondos a través de otras formas de financiamiento más generales de los NIH, los críticos dicen que es menos probable que haya fondos para la investigación del uso de armas.

3. ¿Qué provocó estas restricciones de fondos?

La enmienda Dickey fue aprobada luego de que un estudio financiado por los CDC, dirigido por el médico y epidemiólogo Arthur Kellerman, descubriera que tener un arma en el hogar aumentaba el riesgo de homicidio. Después de que se publicaron los resultados, la NRA presionó a los legisladores, argumentando que la agencia estaba utilizando inapropiadamente sus fondos para abogar por el control de armas.


La oposición de la NRA es un asunto serio para los legisladores. La NRA es una de las organizaciones de cabildeo con intereses especiales más poderosas en los Estados Unidos. Solo en 2014, la NRA gastó más de 3.3 millones de dólares en actividades de lobby, como reuniones con políticos, redacción de legislaciones modelo y publicidad.

La NRA también gasta millones adicionales para abogar u oponerse a los candidatos políticos. En 2016, la NRA gastó casi 20 millones de dólares en sus esfuerzos para oponerse a Hillary Clinton y casi 10 millones de dólares en apoyar a Donald Trump.

Como era de esperar, la NRA ha bloqueado con éxito la legislación de control de armas en el pasado, incluida la renovación de la prohibición de armas de asalto de 2004.

4. ¿Pueden los dólares del sector estatal o privado llenar el vacío?

Otra posible opción para la investigación es buscar financiación de agencias privadas o filántropos, pero pocas de estas oportunidades están disponibles.

Según Garen Wintemute, directora del Programa de Investigación de Prevención de la Violencia en el Centro Médico Davis, menos de cinco organizaciones privadas están dispuestas a proporcionar fondos para la investigación sobre armas de fuego.

La financiación privada también es algo arriesgada para los investigadores. Si un financiador tiene una inclinación política sobre cuestiones relacionadas con las armas, el investigador puede estar bajo presión para producir los resultados 'correctos'. Incluso la mera implicación de que un investigador podría tener un conflicto de intereses puede socavar los resultados de un estudio y la legitimidad percibida.

El financiamiento estatal puede ser otra opción. En 2016, California anunció su intención de financiar el Centro de Investigación de Violencia de Armas de la Universidad de California. Esta es la primera vez que un estado se ha propuesto financiar un centro de investigación centrado en armas de fuego. California sigue siendo el único estado que da este paso.

5. ¿Se ha detenido la investigación de armas?

La falta de fondos ha desalentado la investigación sobre armas de fuego. Muchos investigadores trabajan en la academia. En este entorno donde 'publicas o mueres', los investigadores están bajo presión para publicar su trabajo en revistas académicas y financiarlo a través de fuentes más allá de su institución de origen. Sin financiamiento externo, su investigación a menudo no es posible. El principal investigador de armas de fuego, Wintemute, dice que “no más de una docena de investigadores activos y con experiencia en los Estados Unidos han enfocado sus carreras principalmente en la violencia con armas de fuego”.

La falta de fondos deja a algunos investigadores, como yo, limitados a estudios de pequeña escala, con un presupuesto bajo. El problema con estudios como estos es que, a menudo, se basan en muestras que no son representativas a nivel nacional. Eso significa que no podemos generalizar a partir de los hallazgos, ni abordar todas las preguntas que podamos tener.

Sin una mayor financiación para la investigación de armas, será extremadamente difícil para los investigadores dar respuestas precisas a las preguntas sobre políticas de armas actualmente en debate.


6. ¿Parkland cambia la conversación?

Una encuesta del Washington Post-ABC News realizada después del tiroteo en Parkland reveló que el 77% de los estadounidenses consideraba que el Congreso no estaba haciendo lo suficiente para evitar tiroteos masivos. El secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, afirmó que él y los que él representa “serán proactivos en la iniciativa de investigación” con relación a las armas de fuego. Y algunos funcionarios electos están diciendo que es hora de deshacerse de la enmienda de Dickey. La presión pública y el apoyo de los que están en el poder pueden ser suficientes para que se hagan más investigaciones sobre el uso de armas de fuego.

*Lacey Wallace es Profesora Asistente de Justicia Criminal en la Universidad Estatal de Pensilvania.

The Conversation