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México

Entierran a la pequeña Fátima en medio de reclamos a las autoridades y gritos de "justicia"

Mientras avanzan las investigaciones sobre el asesinato de la niña de siete años en el sur de Ciudad de México, familiares y vecinos exigieron que se haga justicia y señalaron la responsabilidad de la escuela por no vigilar la salida de los alumnos al terminar las clases.
19 Feb 2020 – 05:44 AM EST

Con la presencia de sus familiares y decenas de vecinos del pueblo de Tulyehualco, al sureste de Ciudad de México, fue enterrada este martes Fátima Cecilia, la niña de 7 años cuyo brutal asesinato ha generado una enorme indignación en México, en un ambiente de profunda consternación por la violencia feminicida que golpea al país.

Las autoridades prometen que el asesinato no quedará impune y este martes lograron identificar a la principal sospechosa y a otra persona implicada en la desaparición de la menor, gracias a un retrato hablado y a la colaboración ciudadana.

La procesión fúnebre que acompañaba al ataúd de Fátima hizo una pausa a las afueras de la escuela de donde fue secuestrada. El edificio estaba cubierto de letreros que exigen justicia — "Ni una más, ya basta" — y uno que pide a las familias que recojan puntualmente a los niños a las 12:30 “para prevenir incidentes”.

Se guardó un minuto de silencio y posteriormente la multitud comenzó a corear su nombre. Una de las personas que cargaba el féretro, gritó: “¡Al rato puede ser uno de tus hijos! ¡Despierta pueblo!”

Los dolientes pidieron que saliera el director de la escuela, pero en su lugar salió un maestro y dijo que el director no estaba disponible, por lo que la procesión continuó su marcha.

"Yo la vi nacer, crecer.. esperamos que se haga justicia"

La pesadumbre de los presentes en el funeral horas antes del entierro se fundió con la indignación que convocó también a decenas de mujeres hasta la residencia presidencial donde, por segunda vez en menos de una semana, protestaron exigiendo justicia y acciones concretas contra la violencia de género.

Cantos, rezos y gritos de "¡justicia!" resonaron por las calles de casas austeras donde habitaba la menor con su familia, mientras el dolor embargaba a adultos y niños que portaban flores y globos blancos en su honor.


"Para mí es muy fuerte todo esto. Yo la vi nacer, crecer (...) Como familia esperamos que se haga justicia y que ni a una niña ni a un niño más les quiten la vida", dijo entre lágrimas Aída Ramírez, tía de la menor, a la AFP.

En las calles abarrotadas, sobraban las muestras de dolor y solidaridad con la familia. Atónitos, los pobladores miraban las veladoras puestas al pie de fotografías de la niña en un altar improvisado.

Sobre su ataúd, cubierto con flores y una manta blanca, reposaba un oso de peluche, mientras una banda de mariachis acompañaba la procesión que tras pasar primero por la escuela de la niña se dirigió al cementerio.

"Produce miedo saber que a las hijas o a las nietas les puede pasar algo", dijo Luz María Vázquez, ama de casa de 57 años y vecina de Tulyehualco.

"Tendríamos que ser como una red de apoyo para la prevención de todo delito", dijo a los presentes uno de los sacerdotes durante la misa funeraria que se llevó a cabo bajo una enorme carpa amarilla. "La ayuda llega cuando ya sucedió", lamentó.

El sacerdote que ofició el servicio religioso leyó un mensaje del obispo Andrés Vargas Peña en el que reconoció la indignación e hizo un llamado a los presentes a no acostumbrarse a la atmósfera delictiva que se percibe a diario.

Los dolientes comieron un platillo local llamado romeritos, en mesas de plástico colocadas sobre la calle a las afueras de la vivienda de la víctima. Sobre la acera se colocaron veladoras con el nombre de Fátima.

Marisol Mercado Ángeles, un ama de casa de 33 años, sostenía una sombrilla para protegerse de los rayos del sol.

“Estamos sin palabras”, dijo la madre cuyos hijos asisten a la misma escuela que Fátima. “Es algo tan difícil como doloroso”.

“No hay seguridad en la escuela”, continuó Mercado. “Yo creo que sí es responsable la escuela”.

"¿Mañana quién va a ser?", dice el abuelo

En la capital mexicana, incluso los estudiantes de primaria a menudo abandonan las instalaciones al término de las clases para reunirse con sus padres que los esperan afuera, pero ha habido pocos controles para garantizar que alguien autorizado los esté esperando.

Aparentemente eso fue lo que ocurrió en el caso de Fátima, que se fue con una mujer. La fiscal de la Ciudad de México, Ernestina Godoy, señaló que la niña “la reconoció y por eso la dejaron ir con ella”.


Guillermo Antón Godínez, el abuelo de 65 años de la menor, dijo el lunes que su hija, la madre de Fátima, llegó a la escuela unos 15 o 20 minutos después de que la mujer se llevó a la niña.

Su cuerpo con signos de tortura y violación fue abandonado en una zona rural el sábado. De momento no se ha revelado la causa de la muerte. Cinco personas han sido interrogadas y se mostró en televisión una grabación de su secuestro.

Antón Godínez considera que la escuela fue negligente y que sabe de casos ocurridos el año pasado en que se llamó a la policía para que recogiera a niños cuyos padres se habían demorado.

“La tacañería de no gastar 5 pesos para pedir una patrulla”, declaró. “¿Mañana quién va a ser?” Dijo que debería haber policías en la escuela a la hora de entrada y de salida.

La cámara baja del Congreso de México guardó un minuto de silencio por Fátima.

Las muertes de mujeres han resultado ser un complicado asunto político para el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien en ocasiones se ha quejado de que las protestas sobre los feminicidios son intentos por distraer la atención de sus programas sociales.

Imágenes de dolor e indignación en México por el secuestro y asesinato de Fátima, una niña de siete años

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