¿Los champús caros son mejores? Especialista da consejos según tu tipo de cabello y cómo funcionan

Las marcas más caras pueden funcionar bien, y algunas tienen ingredientes activos que cuestan más, según los dermatólogos

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Los envases recargados de adornos junto con llamativos anuncios alegando que son la solución para todos los problemas capilares, pueden hacer que uno se pregunte: ¿realmente vale la pena gastar más en el champú?, ¿debería cambiar el que uso y me cuesta $8 por una marca más cara, que puede llegar a $42?

Los expertos afirman que los campús y acondicionadores más económicos que se encuentran en supermercados y farmacias pueden ser tan efectivos como las versiones caras, que suelen tener mensajes y testimonios atractivos en redes sociales. Aconsejan a los consumidores que evalúen los ingredientes, sus propias preocupaciones sobre el cuero cabelludo y el cabello, y toda su rutina de cuidado capilar, y que consulten con un médico en caso de duda.

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Las marcas prémium pueden funcionar bien, y algunas tienen ingredientes activos que efectivamente cuestan más, según los dermatólogos. Otros factores que influyen en el precio incluyen el tamaño de la empresa y si ha invertido en ingredientes orgánicos, agricultura sostenible y materiales reciclados.

Consejos para tu tipo de cabello

La dermatóloga Crystal Aguh, y directora del Programa de Piel Étnica de la Facultad de Medicina de Johns Hopkins, explicó que generalmente clasifica a las personas en dos tipos de cabello: propenso al daño y resistente al daño.

El tipo propenso al daño incluye a las personas con cabello muy rizado, a quienes se lo tratan químicamente y a quienes usan herramientas de calor para peinarlo. Añadió que los tipos resistentes al daño incluyen el cabello graso y el cabello liso.

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Las personas con cabello propenso al daño deben evitar los champús con lauril sulfato de sodio como ingrediente principal, indicó Aguh. Este elimina una gran cantidad de sebo, un aceite natural que recubre y protege el cabello. Sin sebo, el cabello puede sentirse muy seco y quebrarse con facilidad.

Para el cabello rizado o teñido, Aguh recomienda lavarlo con menos frecuencia para evitar eliminar demasiado sebo. Añadió que las personas con cabello muy rizado o ensortijado solo deben lavarse el cabello una vez a la semana. Para las personas con cabello ondulado teñido, es mejor lavarlo cada dos o tres días.

El cabello resistente al daño, graso y liso, se puede lavar a diario.

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Enfócate en el proceso, no en los productos

Los champús y acondicionadores caros pueden funcionar bien, pero existen productos baratos que tambien, afirmó Aguh, quien les dice a sus pacientes que "no son los productos, sino el proceso" lo que más afecta la salud capilar, incluyendo la frecuencia con la que se lava, se tiñe o se trata con calor.

"En lugar de gastar cientos de dólares pensando: 'Si encuentro el champú y el acondicionador adecuados, todos mis problemas desaparecerán', también hay que fijarse en el proceso... porque eso suele ser la solución", afirmó.

Añadió que no hay problema en mezclar productos de alta gama con productos más asequibles, y que las personas no deberían sentirse obligadas a comprar una línea completa de productos caros.

Aguh explicó que algunas marcas comunes no son tan caras porque son fabricadas por grandes corporaciones que pueden lograr economías de escala. A veces, los elaborados por un equipo más pequeño encarecen por no tener mano de obra y recursos necesarios para alcanzar esas mismas ventajas de costo.

Para tratar la caspa, por ejemplo, Aguh suele recomendar champús de venta libre en lugar de fórmulas con receta. Sin embargo, añadió que se debe consultar a un médico si la caspa persiste.

El champú no es un producto cosmético sino de salud

El dermatólogo Joe Tung, del Centro de Medicina de la Universidad de Pittsburgh, afirmó que el champú es un cuidado para el cuero cabelludo, no solo un producto cosmético.

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“El cabello en sí mismo es biológicamente inactivo una vez que crece, pero bajo la superficie de la piel del cuero cabelludo existe un ecosistema completo con células madre, células inmunitarias, glándulas sebáceas y terminaciones nerviosas”, explicó. “Cuando ese ecosistema está equilibrado, el cuero cabelludo se siente cómodo y el cabello crece de forma óptima; cuando se altera, se puede experimentar picazón, descamación, exceso de grasa o caída del cabello”.

Tung indicó que se deben considerar las necesidades del cuero cabelludo al elegir el champú, y que el acondicionador debe elegirse en función de la textura del cabello y el nivel de daño. Dijo que la caspa y la picazón se benefician de champús que abordan la inflamación y el desequilibrio microbiano, mientras que el cabello seco o tratado químicamente podría beneficiarse de un limpiador suave con un acondicionador enriquecido.

Tung comentó que los champús y acondicionadores caros a veces valen la pena, pero la efectividad de un producto depende de sus ingredientes activos, no de la marca. "Un ingrediente antifúngico funciona por su actividad molecular, no porque venga en un envase de lujo o de una marca prestigiosa", explicó.

Los champús caros suelen basarse en agentes acondicionadores más refinados e ingredientes calmantes que pueden hacer que el lavado frecuente del cabello sea más cómodo, explicó Tung. Sin embargo, algunos productos de lujo contienen fragancias o extractos botánicos que pueden irritar la piel sensible, añadió. Las fórmulas más sencillas suelen ser mejor toleradas por las personas con piel sensible.

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Productos capilares con enfoque en la sostenibilidad

MOKO Organic Beauty Studio en Filadelfia ofrece champús y acondicionadores orgánicos que cuestan entre $24 y $45. La propietaria, Monique Mason, afirmó que la misión del salón es ofrecer productos que sean buenos para el cuero cabelludo y el planeta.

Los ingredientes son el factor más importante de muchos a la hora de influir en el precio, dijo Mason. Los productos orgánicos suelen evitar los sulfatos económicos, las fragancias sintéticas y los parabenos, ampliamente utilizados en la industria del cuidado personal, añadió. Mason añadió que también investiga cómo las marcas que vende fabrican sus productos para garantizar que sus declaraciones de sostenibilidad puedan verificarse.

"Conozco a las empresas familiares, cómo cultivan y cómo obtienen sus ingredientes", dijo.

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