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Rusiagate

El fiscal especial del 'Rusiagate' quiere interrogar a Trump, pero ¿le dejarán hacerlo?

Desde que The New York Times publicó esta semana el cuestionario que el fiscal especial Robert Mueller presentó al equipo legal que asiste a Trump con todo lo relacionado con el caso del ‘Rusiagate’ con las preguntas que quieren hacerle al mandatario, las posibilidades de que el presidente sea cuestionado bajo juramento son cada vez más reales.
5 May 2018 – 01:19 PM EDT
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Donald Trump respondiendo preguntas bajo juramento ante un gran jurado es una posibilidad que asusta a muchos, sobre todo a sus abogados, porque saben que el presidente es dado a hablar de más y a veces a mentir o al menos 'maltratar la verdad', como hace a diario en sus discursos o en los mensajes que escribe en su cuenta de Twitter.

Desde que The New York Times publicó esta semana el cuestionario que el fiscal especial Robert Mueller presentó al equipo legal que asiste a Trump con todo lo relacionado con el caso del ‘Rusiagate’ con las preguntas que quieren hacerle al mandatario, las posibilidades de que el presidente sea cuestionado bajo juramento son cada vez más reales.

Al día siguiente The Washington Post informó sobre una tensa reunión entre representantes del presidente y Mueller en la que el fiscal amenazó con citar al presidente a declarar si no se llegaba a un acuerdo para que comparezca ante el gran jurado que analiza los hallazgos de la Fiscalía en la investigación de la supuesta coordinación entre la campaña republicana y operarios rusos, el llamado ' Rusiagate'.

Todo esto ha reactivado el viejo debate sobre si un presidente en ejercicio puede ser citado a declarar y los alcances del llamado “privilegio ejecutivo”, que invoca la Casa Blanca cuando considera que hay información que el presidente puede mantener fuera del alcance del Congreso o los tribunales, incluso cuando recibe una citación para forzarlo a que lo haga.

“La respuesta simple es ‘Sí’. Bill Clinton fue citado en el caso Lewinsky, y no hay prohibición de citar a un presidente en ejercicio”, dijo a Univision Noticias Michael A. Genovese, presidente del Global Policy Institute, un centro de estudios políticos de Washington DC.


Genovese recuerda que “los defensores del presidente Trump estaban del lado del ‘Sí’ durante la Presidencia de Clinton, pero han cambiado posiciones ahora que ‘su muchacho’ está en la Casa Blanca”.

“El ’Rusiagate’ es más complejo. El caso de (Paula) Jones fue sobre un comportamiento personal (de Clinton) no relacionado con la Presidencia. El ‘Rusiagate’ vincula estrechamente al presidente tanto en la campaña como en las primeras etapas de la Presidencia de Trump”, dijo Genovese nombrando a la exempleada de la gobernación de Arkansas que demandó a Clinton por acosarla en sus tiempos de gobernador y del que se derivó todo el escándalo del caso Lewinsky.

"Privilegio ejecutivo"

Aunque Mueller puede citar al presidente, es menos claro que Trump vaya a atender la orden o si la desafiaría en tribunales, esgrimiendo su “privilegio ejecutivo”.

Es la estrategia que usó Richard Nixon en 1974 cuando trató de impedir que el fiscal especial que investigaba el caso 'Watergate' obtuviera las cintas con grabaciones de conversaciones sostenidas por el presidente y sus colaboradores en la Oficina Oval de la Casa Blanca, que mostraron que Nixon conspiró para tratar de engañar y hasta terminar una investigación federal.

“La Corte Suprema ha hablado sobre esto: en EEUU vs Nixon, por primera vez en la historia de EEUU la Corte reconoció tal cosa como el privilegio ejecutivo, pero dijo que no aplica en un caso criminal”, dijo Genovese sobre el pulso con que el fiscal Archibald Cox estaba investigando el caso que eventualmente acabaría con la presidencia del republicano.

Sin embargo, algunos consideran que hay diferencias entre el 'Watergate' y el ‘Rusiagate’ que impiden una aplicación directa de la interpretación de la Corte.

“(El caso de) Nixon no va directamente al punto por unos aspectos muy pequeños: está relacionado con materiales físicos (cintas), no con testimonios. Y está relacionado con una citación judicial, no una para un gran jurado”, escribe Benjamin Whites en el blog especializado LawFare del Brooking Institution.

Whites afirma que Mueller no quiere poner a prueba en cortes cuanto puede resistir el argumento del “privilegio ejecutivo” y aspira a tener una entrevista consensuada con el presidente, aunque reconoce que no es posible saber si la quiere para cerrar su caso incluyendo la opinión presidencial o para profundizar la investigación en torno a lo que hizo o sabía el mandatario.

“El meollo del asunto es que la citación es un arma que el fiscal especial tiene en su arsenal pero que no quiere usar. Su uso implica, primero, una larga postergación, y segundo, la posibilidad (aunque pequeña) de una derrota que lo retrasaría y (desde su punto de vista) sentaría un mal precedente”.

Con nuevos bríos

La incorporación del exalcalde y exfiscal de Nueva York Rudolph Giuliani al equipo legal de Trump es vista como un cambio a una estrategia más agresiva frente a la fiscalía de Mueller, que es frecuentemente atacada por el presidente como “injustificada”, pese a que fue el despido del director del FBI James Comey en mayo pasado lo que motivó al Departamento de Justicia a crearla.


Varios medios han reportado en las últimas semanas sobre las negociaciones que Giuliani ha estado haciendo con Mueller para acordar los término de una entrevista con el presidente, desde el temario de las preguntas hasta el tiempo de la reunión.

Sin embargo, en una entrevista con el canal Fox News esta semana, Giuliani puso en duda la necesidad de que su cliente responda preguntas de los investigadores federales y hasta puso en duda la intención de semejante propuesta.

“Lo que realmente están tratando de hacer es entramparlo a él (Trump) por perjurio, y nosotros no somos tontos”, dijo Giuliani, quien afirma que no hay evidencia que justifique que el mandatario hable sobre la interferencia rusa en las elecciones y la supuesta colusión de su campaña con operarios del Kremlin para perjudicar a Hillary Clinton.

Pese a ello, en esa ronda de entrevistas, que buscaban “aclarar” el pago que se hizo a la actriz porno Stormy Daniels para que no hablara sobre la relación que dice haber mantenido con Trump en 2006, Giuliani dijo algo que puede resultar interesante al fiscal especial cuando afirmó que el despido de Comey se produjo porque el director del FBI no quiso decir públicamente que el presidente no estaba bajo investigación.

Justamente, el despido de Comey y la posibilidad de que se hubiera realizado para tratar de detener la investigación que el FBI hacía desde mediados del año 2016 a la campaña republicana es central en la investigación de Mueller.

Así que la revelación, hecha de manera calculada o descuidadamente por el nuevo abogado del presidente podría ponerlo más cerca del trance de tener que declarar bajo juramento, algo que se supone que el equipo de Giuliani preferiría evitar.

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