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Protestas

Con escudos, máscaras, cascos y piedras, se organiza la primera línea de resistencia en las protestas en Venezuela

Las manifestaciones del último mes no han logrado llegar a su destino. Son frenadas por fuerzas militares y policiales con barreras metálicas y una lluvia de bombas lacrimógenas que han terminado por dejar decenas de heridos. Este miércoles murieron dos jóvenes más por impacto de bala, informó la Fiscalía.
11 May 2017 – 11:25 PM EDT

CARACAS, Venezuela. Todos comenzaron a aplaudir de repente. Una veintena de muchachos con sus caras tapadas con pañoletas y máscaras antigases llegó caminando a uno de los puntos donde la oposición venezolana inició su protesta de este miércoles contra el presidente Nicolás Maduro. Son los jóvenes que se enfrentan a la Guardia Nacional cada día desde hace más de un mes, para desafiar la represión y exigir un cambio de gobierno.

"Resistencia", les gritaban al verlos llegar, una y otra vez, y ellos levantaban sus brazos. "¿Quiénes somos? Venezuela. ¿Qué queremos? Libertad", coreaba la multitud.

En el grupo hay chicos y chicas, de 19 años, de 20 y hasta de 37, altos y bajos. En algunos casos, sus menudos cuerpos delatan una corta edad. Casi todos han marchado desde 2014, cuando arrancaron los primeros cinco meses de protestas contra el recién estrenado gobierno de Maduro, que culminaron con 43 fallecidos y cientos de detenciones. La mayoría solo ha vivido en gobiernos chavistas.


"A mí me agarraron (arrestaron) en 2014, me dieron una pela (golpiza) y me soltaron en la calle. No me da miedo, mas bien salimos con más euforia", dice uno de los jóvenes.

Sin dar sus nombres –para evitar ser identificados y arrestados por las autoridades–, cuentan que todos son amigos, "hermanos, prácticamente". Y por su cercanía afectiva, no les cuesta organizarse para asistir a cada una de las manifestaciones que han ocurrido en los últimos 43 días. Se escriben o se llaman para ponerse de acuerdo y cada día de protesta salen juntos desde donde viven en Caracas hasta el sitio de concentración.

Aseguran que protestan por los hijos que aún no han tenido, por sus familiares enfermos que no consiguen medicinas como consecuencia de la severa escasez en el país, y porque aunque trabajen y estudien hasta un doctorado, en Venezuela no tendrán futuro.

"No somos de ningún partido político", advierte uno de ellos. "Salimos por Venezuela, no por un partido ni para que otro salga lucrado por nuestras acciones. La política es una farsa".

En un momento deciden arrancar la marcha, antes de que lo haga la masa congregada. Mientras caminan por la principal autopista de Caracas, una mujer en una camioneta les ofrece llevarlos y todos se encaraman, los 20 y algunos más.

En la ruta, una centena de personas va caminando y los aúpan con aplausos. Les entregan mascarillas médicas e industriales, cascos, guantes que les permitan recoger las bombas lacrimógenas que les lanzan los militares y aventarlas de regreso. Les dan golosinas, agua. La misma dinámica se repite cada vez que se encuentran una multitud en el camino.

"Esos jóvenes animan al pueblo para que vea que nuestros muchachos son guerreros", dice Carlos Peña, un coronel retirado del Ejército presente en la marcha. "No les tomen fotos", grita la gente para resguardarlos de la represión.

Después de recibir las donaciones, siguen su camino. Deben juntarse con otros grupos de encapuchados para preparase para la batalla.

Esta nueva oleada de protestas contra el gobierno de Maduro inició hace más de un mes, tras la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que despojaba a los diputados de sus cargos e inmunidad y que fue calificado por la propia fiscal general, Luisa Ortega Díaz, como una ruptura del hilo constitucional. Además, los opositores exigen el fin de una crisis económica, con una inflación que evapora los salarios y una escasez severa de casi cualquier producto de primera necesidad.


Democracia, valentía, unión

Ya todos los manifestantes se concentraron en la Plaza Altamira, el punto de encuentro usual de las protestas de la oposición en Caracas desde hace al menos 15 años. Son las 12 del mediodía y el sol calienta el asfalto. En las bocinas suenan las notas de una vieja consigna que, para los venezolanos adversos al gobierno, recuerda el "ni un paso atrás" que se coreaba en los años de protesta contra el fallecido expresidente Hugo Chávez.

En la multitud se mezclan distintos grupos: hay madres con sus hijos, que llevan pancartas que rezan "no a la Constituyente comunista", en una crítica a la Asamblea Constituyente convocada por Maduro y con la que persigue desmantelar los Poderes Públicos y redactar una Constitución a su medida. "Esta es la dictadura que soñaron Chávez y Fidel", dice otra más. Hay quienes llevan sus escudos, con caras del presidente al que catalogan de "represor", con las siete estrellas –y no las ocho actuales– del antiguo tricolor nacional. Otros llevan rosarios guindados en el cuello.


Escudos, rosarios y consignas: los símbolos de la protesta en Venezuela

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Y entre esa marea de personas vestidas de blanco, hay distintos grupos de chicos, por aquí y por allá, con sus caras tapadas, algunos con lentes de natación para proteger sus ojos de los gases lacrimógenos que les lanzarán en una hora, con guantes en sus manos, también con escudos.

"Nosotros nos reconocemos por estos brazaletes", dice un joven encapuchado que está acompañado por unos 10 amigos. Entonces todos desnudan sus muñecas y los muestran. Se los hacen día a día cortando una tira de papel en la que escriben una palabra por la que quieren marchar y, luego, la forran con cinta adhesiva y se la ponen en el brazo. "Democracia", se lee en una; "Amor por Venezuela"; una más dice "valentía" y la última que muestran lleva escrita la frase "unión cívico militar", en alusión a una tregua que esperan pueda llegar a ocurrir pronto con las autoridades.

"Madre, seguimos aquí en Altamira, tranquila", se escucha decir a otro mientras graba un mensaje de voz para su mamá.

Y entonces la marcha parte.



Casi llegando a la autopista, sitio habitual de la pelea campal de los militares contra los opositores, una fila de más de 100 muchachos avanza por el medio de la marcha para ubicarse a la cabeza. Por esa razón se hacen llamar "la vanguardia".

En el camino todos los que protestan –incluso señoras y señores– colaboran en la recolección de piedras. "Saquen piedras, ayuden", se oye gritar.

Cuando llegan al lugar, ya la Guardia Nacional tiene un cerco de militares, tanquetas de bombas lacrimógenas y de chorros de agua apostadas en la vía. No han pasado cinco minutos de la llegada de la protesta y comienzan a sentirse los gases, pican en la piel.


Salen los primeros heridos, con cabeza y cuello ensangrentados, casi perdiendo el conocimiento por la asfixia entre la nube de gas que se esparce por el lugar. Otros se quejan: "Está muy fuerte". Escupen, lloran, se ahogan, salen desmayados, se echan antiácido en la cara para contrarrestar el efecto de la lluvia de bombas lacrimógenas.

"Abran paso, abran paso", exigen. "Moto, moto, un herido", se escucha. Y se abre el canal por el que sale la motocicleta con un asfixiado o alguien con una rotura en la cabeza.

Unos retroceden y otros avanzan. Van por turnos. "Uno hace lo que lo haga sentir más cómodo: o devuelves las bombas, o proteges a los demás con los escudos, o ayudas a sacar heridos", cuenta uno de los chicos de la vanguardia.


Pero cuando la Guardia acelera sus vehículos, después de tres horas de batalla campal, muchos huyen. Otros se quedan en el terreno.

"Vamos, resistencia", dice una persona. "Tenemos que luchar".

El resultado final de la jornada de este miércoles en Caracas: Miguel Castillo, un joven de 27 años, murió por herida de bala, según informó la Fiscalía. El alcalde del municipio Chacao –donde se desarrolló la protesta–, Ramón Muchacho, informó de 93 heridos, dos por disparos. En otra protesta opositora en el occidental estado de Mérida, también murió otra persona por arma de fuego. Tras más de un mes de manifestaciones se cuentan 46 muertos.


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