Radiografía del hackeo ruso: cómo la falta de acción del gobierno de Obama causó un daño irreparable en la campaña electoral

Una palabra mal escrita, correos de voz ignorados, la pasividad de Obama. Una investigación exhaustiva de The New York Times reveló que todo esto y más causó un impacto aún indeterminado en las elecciones debido a la infiltración rusa en correos electrónicos demócratas.

15 Dic 2016 – 2:10 PM EST

Las agencias de inteligencia de EEUU están de acuerdo: Rusia hackeó cuentas de demócratas y republicanos durante la campaña presidencial. Aunque no hay pruebas que lo confirmen, la intervención rusa pudo haber influido en el resultado de las elecciones y perjudicado desproporcionadamente a Hillary Clinton.

A la mañana del jueves funcionarios de inteligencia le dijeron a NBC News y a ABC News que el presidente ruso Vladimir Putin intervino personalmente en el hackeo.

Un prominente escéptico es el presidente electo Donald Trump. La mañana de este jueves, después de que se conocieran nuevos detalles del hackeo ruso, tuiteo:

"Si Rusia o alguna otra entidad estaba hackeando, ¿por qué la Casa Blanca esperó tanto para actuar? ¿Por qué solo se quejaron después de que Hillary perdió?"

Ignorando el hecho de que la Casa Blanca sí se quejó varias veces, como está ampliamente reportado en este y otros medios, ¿cómo fue posible este hackeo, si Estados Unidos gasta más en defensa que otras siete superpotencias combinadas?

Una investigación exhaustiva de The New York Times "reveló una serie de señales perdidas, respuestas lentas y una continua subestimación de la seriedad del ciberataque".

¿Cuáles fueron estos errores claves que le abrieron la puerta al hackeo ruso y le permitieron seguir interviniendo en el proceso electoral de Estados Unidos?

La pasividad del FBI

Desde septiembre de 2015 el FBI descubrió que había habido actividad sospechosa en los servidores del Partido Demócrata, según le dijo Yared Tamene, un contratista de apoyo tecnológico para el Comité Nacional Demócrata (DNC por sus siglas en inglés) a The New York Times. Un funcionario del FBI llamó a la sede demócrata y dejó mensajes varias veces. Tamene pensó que era una "broma". Nadie en el FBI tomó las medidas necesarias para dejar claro que era una amenaza creíble, que venía de una fuente legítima y qué hacer al respecto. El tema más que todo se ignoró.

Como varios medios han notado, se puede caminar desde las oficinas del FBI a las del DNC en Washington DC. ¿Por qué el FBI no mandó a un funcionario en persona a hablar con altos mandos del partido y alertarles de la gravedad del tema?

Pasaron meses y eso le dio tiempo a los hackers rusos involucrados en este primer ataque a conseguir más información vital del partido.

A este grupo de hackers ya lo conocían en la CIA, la Agencia de Inteligencia Central, y sabían con certeza que operaban bajo las ordenes de lo más altos mandos en Rusia. Los llamaban por el sobrenombre " Cozy Bear" u "Oso Acogedor".

Luego llegó " Fancy Bear" u "Oso Elegante". Allí fue cuando los correos electrónicos de John Podesta, el confidente de más alto rango en la campaña de Hillary Clinton, salieron a la luz, quizá haciendo aún más daño a la candidata, a su campaña, y a la credibilidad en general de los demócratas.

El error que cambiaría la historia

“Este es un email legítimo”, le dijo Charles Delavan, un ayudante de la campaña de Clinton a otro ayudante de la candidata demócrata cuando notó un correo sospechoso que le pedía a su usuario, Podesta, que cambiara su contraseña. “John tiene que cambiar su contraseña inmediatamente”.

Delavan después explicó que había querido escribir "ilegítimo" en vez de "legítimo". Dice que este error aún lo desvela.

Así, los rusos recibieron acceso a la cuenta de Gmail de Podesta y a un inmenso número de correos electrónicos, en total unos 60,000. Todos los secretos de la campaña, quedaron a la vista del mundo, fueron reportados, publicados y compartidos millones de veces por la prensa tradicional y por cientos de medios informales y grupos en Facebook.

El recelo del Partido Demócrata

Funcionarios del DNC sabían que el Comité de Campaña Demócrata del Congreso también había sido infectado, pero no les dijeron nada "por miedo a que se filtrara la información", según The New York Times. Si los hubieran notificado, quizá menos información habría sido comprometida.

Esta información pudo haber perjudicado varias campañas de candidatos al Congreso.

No fue hasta junio que se reunieron funcionarios del DNC y sus abogados con el FBI. Allí le pidieron hacer público el descubrimiento de que no era cualquier hackeo, sino "espionaje extranjero". En octubre, cuando solo quedaban semanas para la votación, las mayores agencias de inteligencia culparon a Rusia por el hackeo.


El apetito de la prensa

Julian Assange, la cabeza de WikiLeaks, la organización sin ánimo de lucro que se dedica a exponer información de gobiernos, sobre todo el estadounidense, ha negado varias veces que su organización fuera un conducto de propaganda rusa. Sin embargo la información que los rusos querían usar para dañar a Clinton la estaban propagando a diario, con la ayuda de la prensa.

Toda esta información comprometedora detallaba problemas reales dentro del partido que no era posible para la prensa ignorar.

Por ejemplo: el apoyo de los demócratas, con su entonces presidenta Debbie Wasserman Schulz a la cabeza, a la exsecretaria de Estado que perjudicaba a Bernie Sanders. Esto confirmó las sospechas del senador y de sus seguidores que ya desconfiaban de Clinton y sus aliados. La prensa lo reportó y esto obligó a Wasserman Schultz a renunciar a su cargo en la víspera de la Convención Nacional Demócrata en julio.

Los emails filtrados mostraban además detalles políticos sórdidos típicos de una campaña. El mismo Sanders dijo que si a su campaña la hubieran hackeado, "también hubieran encontrado cosas no muy agradables de la secretaria Clinton".

Pero el continuo goteo de detalles perjudiciales fue calando en la popularidad de Clinton y los demócratas.

El silencio de Obama

El presidente Barack Obama estaba en una posición complicada. Si acusaba públicamente a Rusia, se arriesgaba a parecer que apoyaba a Clinton.

Pero más que todo no quería alienar a Rusia en las negociaciones con Siria, según le dijeron fuentes cercanas de su gobierno al Times, y temían que un anuncio de ese tamaño proveniente de la Casa Blanca deslegitimara las elecciones en general y minara la confianza en la votación.

También temían que Rusia publicara información aún más comprometedora que habían hackeado antes del gobierno, del Departamento de Estado y otras agencias.

"Varios dentro de la administración sienten que eso fue un error", que Obama no hiciera pública la situación, le dijo a CNN Eric Lipton, coautor de la investigación del Times.

El presidente finalmente le dio una advertencia en persona al presidente de Rusia Vladimir Putin cuando se reunieron en el marco de la Cumbre del G-20, y el vicepresidente Joe Biden hizo una denuncia pública sobre el hackeo ruso. Estados Unidos va a tomar represalias "en el momento que nosotros decidamos y bajo las circunstancias que tengan mayor impacto".

Un antiguo subdirector de la CIA bajo el presidente Obama le dijo al diario que esto no es suficiente, que una advertencia así tenía que ser "obvia", no sutil, para evitar que otros como China, Irán o Corea del Norte hicieran lo mismo.

El silencio de los republicanos

Altos mandos del Partido Republicano, como su expresidente Reince Priebus y el líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, Paul Ryan, sabían del hackeo ruso y decidieron no hacer nada, ignorando los pedidos de sus contrapartes demócratas, como Donna Brazile, según relata la investigación.

"Seguíamos oyendo que el gobierno va a responder, el gobierno va a responder", le dijo Brazile al Times. "En el pasado si un gobierno extranjero se hubiera entrometido en nuestras elecciones, nosotros habríamos respondido como una nación, no como un partido político".

El gobierno de Obama le dijo al diario que aún tiene 30 días para responder al ataque.

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