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¿Qué libro le regalarías a Trump? Estos son los que recibirá el presidente (que lee poco) y los que leían sus predecesores

Dos escritores han lanzado una campaña como protesta que consiste en mandar libros al presidente por San Valentín. Obama, Bush, Clinton o Nixon fueron ávidos lectores. Trump prefiere la televisión.
9 Feb 2017 – 1:50 AM EST

El presidente Donald Trump no es lector habitual de libros.

Cuando Axios le preguntó en enero qué estaba leyendo no fue capaz de citar o recomendar ninguno. El coautor de su libro, The Art of the Deal, cree que nunca ha leído uno y Trump ha desmentido haber leído el que decía su primera esposa que tenía en la mesilla, una selección de discursos de Hitler. La rutina que le contó al New York Times en la Casa Blanca no incluye libros y sí horas de televisión.

Estos días recibirá cientos de libros a su nombre en la Casa Blanca gracias a la idea de dos escritores que han lanzado en Facebook y Twitter una campaña para instruir a Trump. La propuesta es enviarle libros a la vez por San Valentín relacionados con las preocupaciones de los estadounidenses sobre su país o su Presidencia. El grupo propone mandar un ejemplar al presidente y donar otro a la escuela o biblioteca local.

La lista de libros

Algunos de los lectores ya han colgado hasta pruebas de Amazon de que han mandado los libros. Otros declaran sus intenciones de hacerlo. La mayoría, pero no todos, tienen un mensaje de protesta. Estos son algunos de ellos y las explicaciones de los lectores de su elección.

  • Un árbol crece en Brooklyn de Betty Smith. “Se desarrolla en Nueva York así hay al menos algo (la única cosa) con la que pueda relacionarse. Es una historia bonita y no muy difícil para que él la lea”.
  • The Chickens Build a Wall de Jean-Francois Dumont. “Es un libro infantil, tiene una gran moraleja detrás y tiene el nivel de lectura perfecto”.
  • Un libro de colorear de Barack Obama de Gary Zaboly
  • The Voice that Challanged a Nation, una biografía sobre la soprano Marian Anderson, la primera afroamericana que dio un concierto delante del Lincoln Memorial y que se convirtió en icono de los derechos civiles. “Este libro parece apropiado por los movimientos de protesta antes y ahora y por las acciones del Senado acallando los esfuerzos de Warren de leer la carta de Coretta Scott King. Es una gran biografía de una figura histórica menos conocida”.
  • 1984 de George Orwell
  • La Constitución de Estados Unidos
  • Leer Lolita en Teherán de Azar Nafisi
  • Pinocho de Carlo Collodi
  • El diario de Anna Frank. Con la dedicatoria. “Por favor, lee esto. Creo que no lo has hecho. Firmado, América”.
  • Narrative of the life of Frederick Douglass
  • Working in the Shadows: a year of doing jobs that most Americans won't do de Gabriel Thompson
  • Atlas Shrugged de Ayn Rand
  • George Washington's Rules of Civility and Order. “Con mis deseos que de ayude al presidente número 45 a aprender y crecer”.
  • El diccionario de Noah Webster. Porque "fue el primer libro comprado por la Casa Blanca, con un gasto aprobado por el Congreso”.
  • Night de Elie Weisel
  • It takes a village de Hillary Rodham Clinton
  • Remember the ladies, una biografía de Abigail Adams. “Para que conozca a una auténtica patriota”.
  • An open heart del Dalai Lama
  • A brief illustrated guide to understanding Islam
  • Matar a un ruiseñor de Harper Lee
  • Team of Rivals de Doris Kearns Goodwin. “Básicamente un libro de texto de cómo ser un presidente eficaz en tiempos de crisis. La Presidencia de Abraham Lincoln empezó con una gran división en el país y terminó con el comienzo de la curación de esa división. El libro perfecto para un hombre que está claramente desbordado” .
  • March de John Lewis
  • Easy Spanish Phrase Book. Más de 770 frases básicas para cada día.
  • Una colección de ensayos de James Baldwin envuelto con la cubierta de The Art of the Deal.
  • Los monólogos de la vagina de Eve Ensler
  • La Biblia

La campaña que empezó como protesta tal vez consiga que el nuevo presidente se interese más por los libros. Además de ver la televisión por la mañana, a mediodía y por la noche, lee el New York Times y el New York Post.

Una rareza histórica

El poco interés de Trump por la lectura es una excepción histórica. Las biografías o los libros de Historia han guiado a presidentes como Harry S. Truman o George W. Bush, los ensayos y las memorias ayudaron a Barack Obama en los momentos difíciles, las novelas entretuvieron a Bill Clinton o dieron ideas a Richard Nixon.

Obama se despidió de la Presidencia hablando de cómo los libros le habían ayudado en sus ocho años en la Casa Blanca. En una de sus últimas entrevistas, con Michiko Kakutani, la crítica literaria jefe del New York Times, contaba por ejemplo cómo la ficción le había ayudado a recordar “las verdades bajo la superficie de lo que discutimos cada día” y cómo era para él una manera de aprender a “ver y escuchar”. También contaba cómo le gustaba leer en los periodos difíciles los escritos de Teddy Roosevelt, el presidente y autor prolijo antes y después de la Casa Blanca.

Las visitas a las librerías de Washington o en sus destinos de vacaciones con sus hijas eran ya un rito repetido en momentos festivos o en el día de los pequeños negocios.

Los Obama compran libros

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Bush leía mucho

Su predecesor, George W. Bush, también era un gran lector, en contra de la imagen que tenía de persona poco elocuente. Bush, que estudió en Yale y Harvard, mantenía incluso una competición con su asesor Karl Rove para ver quién leía más libros con detalles como el número de páginas. Solía mandar notas de agradecimiento a los autores si el libro le había gustado.

Por ejemplo, Bush leyó 186 libros, la mayoría biografías y libros de Historia en sus dos últimos años en el cargo, entre 2006 y 2008, según cuenta Tevi Troy, un asesor suyo e historiador que ha escrito sobre los hábitos de lectura de los presidentes.

Según contó Rove en el Wall Street Journal, en 2008 ganó él la competición. Entre los libros que leían y comentaban estaban biografías de Abraham Lincoln o Mark Twain, pero también novelas como El extranjero de Albert Camus. Cada año, además, leía la Biblia, según Rove, “de principio a fin”.


El empujón de los presidentes

Bill Clinton tenía pasión por las novelas de misterio. También decía que su héroe literario era Gabriel García Márquez y que uno de sus libros favoritos era Cien años de soledad.

Los libros influyeron en su política. Por ejemplo, sus lecturas sobre los Balcanes le hicieron dudar sobre la intervención en Bosnia, en particular un libro de Robert Kaplan sobre el odio étnico arraigado en la región, Fantasmas balcánicos.

El gusto de los presidentes por los libros ha servido en ocasiones de publicidad para sus autores. El caso más célebre es el de Tom Clancy. Cuando Ronald Reagan se enganchó a su novela La caza del octubre rojo, dijo en público que no podía dejar de leerlo. Su lectura era casi una obligación para los miembros de su Administración y eso lanzó a un autor casi desconocido entonces. Su entorno lo recomendaba continuamente.

Libros que cambiaron la historia

Los presidentes no siempre han sacado la inspiración más acertada de los libros.

Justo después de su reelección, Richard Nixon decidió pedir al personal de la Casa Blanca y a los miembros de su gabinete su dimisión después de leer una biografía del primer ministro británico Benjamin Disraeli en el que describía como “volcanes exhaustos” a los miembros de su equipo. Años después, Nixon reconocería que ese comienzo tan abrupto de su segundo y malogrado mandato había sido un error.

Jimmy Carter también asumió con demasiada pasión las ideas de La cultura del narcisismo de Christopher Lash, que visitó la Casa Blanca e inspiró el discurso sobre la decadencia de Estados Unidos en verano de 1979 que apuntaló la imagen de caos y melancolía que contribuyó a la derrota del presidente.

Troy, el asesor de Bush, explica en su libro What Jefferson Read, Ike Watched, and Obama Tweeted, por qué es importante lo que leen o no los presidentes: “La historia de Estados Unidos demuestra que las ideas tienen consecuencias. Aunque las fuentes de esas ideas no sean tan excelsas como Shakespeare o la Biblia”.


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