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Cuando Trump culpa a "ambos bandos" por la violencia en Charlottesville, genera fisuras entre los republicanos.

Los Bush y Trump en la lucha por el 'control moral' del Partido Republicano despúes de Charlottesville

Los Bush y Trump en la lucha por el 'control moral' del Partido Republicano despúes de Charlottesville

En medio de críticas casi universales al presidente por sus declaraciones con las que quita responsabilidad a los supremacistas blancos por la violencia racista del fin de semana en Virginia, los expresidentes encabezan el distanciamiento de muchos republicanos con el mandatario.

Cuando Trump culpa a "ambos bandos" por la violencia en Charlo...
Cuando Trump culpa a "ambos bandos" por la violencia en Charlottesville, genera fisuras entre los republicanos.

La mañana del jueves el presidente Donald Trump recurrió a Twitter para defender "las bellas estatuas y monumentos" confederados cuya remoción ha generado fuerte polécmica y hasta enfrentamientos y de paso arremeter contra quienes dentro de su propio Partido Republicano lo han criticado por lo que consideran una condena ambigua que ha sido interpreda por algunos como de apoyo a grupos racistas.

Tras los acontecimientos del pasado fin de semana en Charlottesville, Virginia, en el que murieron tres personas, numerosos alcaldes por todo el país se han apresurado a eliminar de los lugares públicos símbolos confederados, tratando de evitar eventos violentos similares. De hecho, el mandatario ha recibido numerosas críticas -incluidas desde su propio partido- por no haber condenado de manera clara la violencia de los grupos racistas.

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La posición de Donald Trump, que algunos han interpretado como una defensa de grupos supremacistas, lo ha puesto en una encrucijada política.

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La crisis ha alcanzado tal magnitud que el presentador de Fox News Shepard Smith reconoció este miércoles que el canal de televisión no ha podido conseguir ningún republicano que salga al aire defendiendo los comentarios del presidente respecto a la violencia en Charlottesville.

En paralelo otras voces republicanas -entre ellos la familia Bush, el clan más prestigioso entre los republicanos- han intentado tomado el liderazgo moral del partido en sus manos, exponiendo sus profundas divisiones con el presidente.

Este miércoles los ex presidentes George HW Bush y George W. Bush (los números 41 y 43, como se les conoce respectivamente) difundieron una inusual declaración conjunta en la que, sin nombrar a Trump, criticaron la ambiguedad de la posición asumida por el mandatario.

“Estados Unidos siempre debe rechazar la intolerancia racial, el antisemitismo y el odio en todas sus formas. Mientras oramos por Charlottesville, recordamos las palabras del ciudadano más prominente de esa ciudad, escritas en la Declaración de Independencia: todos somos creados iguales y dotados de derechos inalienables dados por nuestro Creador. Sabemos que estas verdades son eternas, porque hemos visto la decencia y grandeza de este país”, escribieron.

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El otro miembro del clan político, el ex gobernador de Florida Jeb Bush publicó un mensaje en Twitter donde “urgió al Presidente a que una al país y no asignar culpas por los eventos ocurridos en Charlottesville”.

Para algunos, el tono de los Bush va mucho más allá de una simple crítica a las palabras y reacción de Trump durante los últimos días y se insertan en la lucha por las definiciones políticas que los republicanos están haciendo frente a Trump, de cara a las elecciones de medio término previstas para el 2018 .

“Ambos presidentes están actuando basados en los intereses para la imagen del partido. Le están enviando un mensaje al público en general respecto a que no todos los republicanos apoyan a Trump y que muchos de ellos condenan la violencia”, explicó a Univision Noticias Mark Jones profesor y analista político de la Universidad de Rice en Houston.

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Para el estratega republicano Juan Hernández, las palabras de los ex presidentes son efectivas. “Ellos tienen autoridad moral dentro del partido. Se requiere de una voz fuerte con respeto, que nos haga reflexionar y ellos están tomando ese liderazgo”, dijo.

Una batalla antigua

El episodio post Charlottesville es parte de una pelea entre los Bush y Trump que tiene su historia. Desde las primarias republicanas, cuando el millonario humilló en múltiples ocasiones a Jeb Bush, hasta el momento en que Bush 41 divulgó casualmente que votaría por Hillary Clinton en las presidenciales de noviembre.

Antes y después que el magnate ganara la nominación del partido, los Bush dejaron muy claro que rechazaban el extremismo y populismo de Trump, además de no considerarlo digno de representar a la coalición conservadora.


Aunque nunca con ataques directos, sino con mensajes generales y políticamente correctos, los Bush han encarnado el rechazo al estilo Trump que parece ir creciendo dentro del Partido Republicano. Esta respuesta a las reacciones de Charlottesville no son la excepción.


El resto del partido está permanentemente en una encrucijada cuando se trata de reacciones a los mensajes y actitudes de Trump, y Charlottesville ha sido el extremo.

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Desde el inicio de su presidencia, republicanos como los senadores Lindsey Graham (Carolina del Sur) y John McCain (Arizona) han sido la cara de la resistencia a Trump en el Senado. Pero ahora varias voces han debido sumarse a este escenario.

“Por la manera como ha manejado la tragedia de Charlottesville, está ahora recibiendo alabanzas de unos de los individuos y grupos más racistas y llenos de odio que hay en nuestro país. Por el bien de la nación, como nuestro presidente, por favor, arregle eso”, declaró Graham horas después de la rueda de prensa del martes en la que Trump volvió a culpar a “ambos bandos” de lo sucedido en la ciudad universitaria de Virginia el fin de semana.

El senador de Florida Marco Rubio, quien compitió con Trump por la nominación, también ha sido un fuerte crítico del presidente. “No puede permitir que los supremacistas blancos asuman sólo parte de la culpa”, le escribió al millonario en un tuit.

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Otros como el senador de Arizona Jeff Flake, quien tiene su reelección en 2018 en un estado complicado para los comicios legislativos, se ha distanciado cada vez más de Trump. La pelea con Flake es ya abierta, sin ir más lejos, según medios locales, se espera que rl presidente de su apoyo al rival del senador, el tesorero de Arizona Jeff DeWit.


“Empieza a haber un movimiento nuevo y creciente dentro del partido de los que no tienen temor al presidente. Todavía hay un porcentaje de los republicanos que le tienen miedo, porque quieren su apoyo en las elecciones o tienen miedo a alguna repercusión”, explicó Hernández.

El presidente de la Cámara de Representantes Paul Ryan, quien debe trabajar con Trump para mover la agenda republicana en el Congreso, se vio acorralado tras las protestas durante el fin de semana y describió a los supremacistas blancos como “repulsivos”, aunque no atacó directamente al magnate.

“Trump pone a los republicanos en una posición difícil, donde se ven obligados a denunciarlo o aparecer al menos en contradicción con él; si no corren el riesgo de caer en la misma categoría que él”, aseguró Jones.

A seis meses del inicio de la presidencia de Trump, su popularidad está en el punto más bajo y la relación con su partido está cada vez más fragmentada. Con las elecciones de 2018 en la mira, los legisladores republicanos están quedándose sin espacio para el juego político. Un escenario donde su elección se complica diariamente con las palabras que salen de la Casa Blanca.

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