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La frágil y sorpresiva alianza entre el candidato Romney y el presidente Trump

Ahora Trump apoya al hombre que calificó de "pésimo candidato" presidencial (porque no pudo derrotar a Obama en 2012), luego de que Romney le llamara "estafador" y advirtiera sobre el peligro que era que el magnate lograra la nominación republicana.
20 Feb 2018 – 03:41 PM EST
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Donald Trump y Mitt Romney cenan en Nueva York en noviembre de 2016, cuando el presidente electo estaba conformando su gabinete y el exgobernador sonaba como posible secretario de Estado. Crédito: Drew Angerer/Getty Images

Cuando la semana pasada el republicano Mitt Romney se presentó como candidato al Senado por Utah, muchos entendieron que se trataba de un esfuerzo del establishment del Partido Republicano por colocar un miembro moderado con una posición crítica ante el presidente Donald Trump, hasta que el mandatario tuiteó su apoyo al aspirante y este se lo agradeciera.

Ese breve intercambio en Twitter es notable, considerando cómo ha variado la mutua apreciación entre Trump y Romney, el ex nominado presidencial republicano que en 2012 fracasó en impedir la reelección de Barack Obama.


Después de haber apoyado a Romney en 2012, luego Trump lo calificó como “el peor candidato” de la historia, cuando el ex gobernador de Massachussets advirtió en marzo de 2016 que una candidatura de Trump sería una desgracia para el Partido Republicano, cuyas primarias encabezaba por aquellos días el millonario.

“Deshonestidad es la marca distintiva de Donald Trump (…) el bullying, la avaricia, lo presumido, la misoginia, el absurdo teatro de tercera clase (…) Hay mucha gente que asegura que Trump es un estafador, un falso”, dijo Romney en un discurso desde Salt Lake City que fue visto como la declaración de guerra del establishment republicano.

Como suele suceder cuando es criticado, Trump respondió con dureza a través de un mensaje en su cuenta Twitter asegurando que Romney “fue un candidato desastroso que no tuvo coraje y titubeó. Romney es una broma total y todos lo saben”.

En noviembre, ante los hechos consumado, Romney felicitó al presidente electo por su triunfo y este correspondió la cortesía, al punto que un mes después ambos se reunirían en un restaurante de Nueva York para discutir cosas del futuro gobierno (hasta se habló de la posibilidad de que el exgobernador se convirtiera en secretario de Estado de Trump).

De aquella cena Romney salió confiado en que “la nueva administración llevará la nación a una mayor fuerza, prosperidad y paz”, exactamente lo contrario que había dicho unos meses antes en su discurso cuando aconsejó a sus compañeros de partido no elegir a Trump.

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Mitt Romney anuncia su candidatura al Senado de EEUU por Utah


Esa confianza parece que se disipó en agosto del 2016 cuando, tras el poco claro rechazo a los grupos supremacistas blancos que se manifestaron violentamente en Charlottesville, Virginia, y causaron la muerte a una persona. Tras esos incidentes Romney aseguró que la reacción del presidente “causó regocijo en los racistas, llanto en las minorías y dolor en el vasto corazón de EEUU”.

Apenas el 15 de enero, Romney criticó los comentarios sobre “países de mierda” que hizo el presidente durante una discusión en la Casa Blanca con un grupo de congresistas con quienes trataba de negociar una solución para los hijos de inmigrantes indocumentados traídos al país siendo menores de edad.


“La pobreza de la nación de un aspirante a inmigrar es tan irrelevante como lo es su raza. El sentimiento atribuido a POTUS es inconsistente con la historia de EEUU y contrario a los valores estadounidenses”, escribió en su cuenta Twitter.

Hasta este fin de semana, cuando ambos se alinearon por la conveniencia de mantener en manos republicanas el puesto que dejará el veterano senado Orrin Hatch (se espera que Romney se imponga con facilidad tanto en la primaria como en la elección general).

Las paces entre contrincantes aparentemente irreconciliables son frecuentes en el mundo de la política, por inexplicables que puedan parecer. Pero esta combinación del populista Trump y el Romney representante del ‘establishment’ republicano puede ser precaria, considerando que ambos representan porciones diferentes del partido.

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